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Mayores maltratados

MIÉRCOLES, 8 DE AGOSTO DE 2012 01:14
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JUBILARSE viene de júbilo, pero ahora no nos va a quedar ni eso. Con pensiones muy bajas para la inmensa mayoría de los mayores, tener que pagar por las medicinas y los servicios y ver cómo sube todo -el IVA sube para todos los bolsillos, pero la cuesta es mayor para los que menos tienen-, tener que hacerse cargo de hijos o nietos sin trabajo y sin ingresos y hasta convertirse en padres de los nietos va a convertir la vejez en un purgatorio para muchos. Cuando aspiraban a descansar, incluso a viajar o a dedicarse tiempo a ellos, o les retrasan la edad de jubilación o les quitan las ayudas por dependencia o les dejan sin posibilidades de vivir en calma.

Y hay más. El verano es el momento que aprovechan algunos para dejar tirados a los abuelos, incluso para internarlos en un hospital sin dejar dirección de contacto, o para dejarlos en casa a su suerte, después de ser imprescindibles durante el invierno. Hay informes que avalan el crecimiento del maltrato a los mayores. No hace falta que sea físico, hay cosas que duelen mucho más. Amenazas, intimidaciones, burlas, descuidar su cuidado, su higiene o su alimentación, abusos económicos y hasta otros peores son detectados cada día por algunos servicios médicos o sociales. No dejarles tomar decisiones por ellos mismos, aunque tengan capacidad para ello, ignorarles -¿puede haber algo peor?- o hacerles pensar que son una carga es mucho más grave y frecuente que el maltrato físico, que es en sí mismo una indignidad.

La nuestra es una sociedad que, egoístamente, no puede prescindir de los abuelos, pero en lugar de premiarles, vuelve a explotarles. El 10 por ciento de la población adulta declara que conoce situaciones de maltrato a los mayores en el entorno familiar. Conozco casos, todos los conocemos, de algunos que han dado todo a sus hijos en vida y luego les han dejado tirados. Los abuelos son imprescindibles en una sociedad que se tambalea por todas partes, pero no debería ser nunca a costa de ellos.

Es muy discutible obligar a los simpapeles a pagar una cuota para recibir asistencia sanitaria, pero los mayores que han cotizado en este país, que han trabajado duro, no pueden ser condenados al trabajo perpetuo ni a la indigencia ni convertirse en cuidadores permanentes de sus nietos sin sueldo, sin derechos, sin vacaciones y sin reconocimiento.

Tienen derecho a reclamar su lugar en la sociedad y a negarse a que los años les dejen fuera del terreno de juego para lo que les importa y dentro para seguir siendo explotados. "Tantos siglos de civilización y no aprendemos a abrazarnos", decía el escritor argentino José Narosky. A abrazar a los que debemos todo. El Estado, que formamos todos los ciudadanos, debe velar por su dignidad. En todos los terrenos. La realidad del maltrato a los mayores nunca puede quedar oculta.

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