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EDITORIAL

No nos merecemos estos políticos

Paulino Rivero y la cogobernanta nos han hundido en la miseria
19/ago/12 01:18
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Paulino Rivero Fernando Clavijo

COMENTÁBAMOS el jueves de esta semana que Canarias está sumida en un estado calamitoso; una situación que debe darse a conocer en todo el mundo, porque es un archipiélago famoso por sus atractivos para el turismo. Pero ahora, además de las noticias que están apareciendo en muchos medios de comunicación europeos y americanos sobre los incendios, también debe difundirse nuestra historia de esclavitud y sometimiento. Una situación que dura ya seis siglos, desde que las islas fueran conquistadas por bárbaros mercenarios procedentes del reino de Castilla y otros. Mercenarios crueles y piojosos, como piojosos eran los que invadieron y convirtieron en lugar de crímenes el territorio del norte marroquí.

A esa esclavitud colonial se ha unido otra desgracia para mayor aflicción de un pueblo noble, como lo es el canario, que no se merece tanto infortunio. Hablamos de la tragedia que supone para estas Islas y sus habitantes el tener un presidente políticamente necio y déspota como es Paulino Rivero. Los militantes significativos de Coalición Canaria, e incluso todos los diputados del Parlamento autonómico, tienen que ponerse de acuerdo para echar a este hombre si quieren evitar el estallido social que se avecina. Una revuelta popular, lo decimos un día más, que ojalá no sea sangrienta. Es evidente que tanto Paulino Rivero como su esposa, que es española, están al servicio del colonialismo español. Rivero, un mago político de El Sauzal, y Ángela Mena, una goda política, han sido la perdición de unas Islas antes llamadas afortunadas. Su "reinado" no ha podido ser más nefasto. Ni siquiera han sabido preservar las riquezas naturales de islas como Tenerife o La Gomera, pues cada vez está más extendida la opinión de que estos incendios han sido provocados de forma intencionada por quienes no tienen bosques. Por quienes quieren que Tenerife, La Gomera y La Palma, islas pobladas de cumbres y de bosques, se conviertan en algo parecido a los secarrales que todos conocemos. Individuos que vienen en ferry, queman y se van.

Este desbarajuste político, social y económico solo puede acabar con la llegada de la independencia. Lo hemos dicho más de cien veces pero no nos cansaremos de repetirlo. Nuestra soberanía nacional es lo único que puede salvarnos de los déspotas políticos que padecemos, el principal de todos ellos Paulino Rivero. Es urgentísimo que dejemos de depender de España para todo. No podemos esperar a que Madrid nos envíe o no unos aviones para apagar los incendios, ni que los diputados canarios, con una actitud vergonzosa y vergonzante, tengan que mendigar en la capital de la metrópoli unos recursos que son nuestros, pues han sido esquilmados de nuestras Islas por los españoles. Debemos poner en marcha inmediatamente la Hacienda canaria que propone Fernando Clavijo, que es un patriota y no un falso nacionalista como Paulino Rivero. Clavijo, como secretario general de CC en Tenerife, debe darle instrucciones a la niña que tienen en Madrid para que pida la independencia de una vez. No es nada extraordinario, ni del otro mundo, que Canarias sea una nación independiente después de casi seiscientos años de sometimiento y esclavitud a una nación extranjera, que invadió de forma criminal y genocida a un pueblo que vivía pacíficamente.

El objetivo de Canarias de cara a un futuro inmediato no es ir consiguiendo pequeñas cosas como el escáner en el puerto de Santa Cruz, aunque lo necesitamos, o los hidroaviones, pese a que también los necesitamos, etc. El objetivo solo puede ser la independencia. CC jamás será un partido auténticamente nacionalista si no recoge en sus estatutos, de forma clara, esta meta irrenunciable. El objetivo es la libertad; el don más precioso que puede disfrutar un ser humano. No nos vale ser españoles colonizados -negritos blancos- o europeos ultraperiféricos. Admitir esta situación, admitir que somos una comunidad autónoma española o una región europea ultraperiférica, es admitir la indignidad. Lo contrario de lo que nos corresponde como pueblo, porque solo siendo libres podremos tener nuestra identidad propia, que es la de canarios y no la de españoles bastardos que nos llevan imponiendo mucho tiempo desde el país que nos esclaviza. Libertad para tener identidad, como decimos, e identidad propia para vivir dignamente. Esa es la trilogía que defendemos en nuestros editoriales y comentarios: libertad, identidad y dignidad. Tres cosas de las que actualmente carecemos.

Es un crimen que nos siga robando la Hacienda española. Eso es un atropello al esfuerzo de los trabajadores canarios, cuyos hijos pasan hambre para que los españoles estén bien alimentados. ¿Cómo es posible que los políticos canarios, hombres y mujeres nacidos en estas Islas, permitan esto sea cual sea su ideología? Por eso también decimos que esta clase política debe desaparecer. La representación parlamentaria es mucho menor en otros países con mucha mayor tradición democrática que nosotros. No nos cabe duda que los problemas españoles, y consecuentemente los nuestros al seguir siendo una infame colonia española, quedarían solucionados en gran medida si desapareciera esta parásita clase política; si eliminásemos, políticamente hablando, a tantos zánganos y zánganas. No es necesario pagar sueldos tan altos a personajillos inútiles porque no están haciendo nada provechoso para la sociedad.

Tampoco son necesarios tantos ayuntamientos. En realidad, no es necesario ninguno. Basta con los cabildos. Hoy los medios técnicos hacen superfluo el tener un ayuntamiento en cada localidad. Los pueblos deben conservar su idiosincrasia, su denominación, su personalidad. Lo inútil es que cada uno tenga un ayuntamiento, con su alcalde y su corte de concejales liberados que cobran un sueldo como si aquí sobrase el dinero público. La voluminosa clase política que tenemos es un cáncer incurable que se puede convertir en mortal si no lo extirpamos radicalmente. En este Archipiélago solo necesitamos las instituciones que sean estrictamente necesarias, dirigidas por políticos que, al margen de su ideología, sean netamente canarios. No nos sirven las aves exóticas de procedencia peninsular ni tampoco los canarios españolistas que no quieren ver, tal vez porque les interesa seguir ciegos, el expolio a que nos somete España. No nos sirve Paulino Rivero porque, como también señalábamos en nuestro comentario del viernes, Canarias padece un Gobierno que desgobierna, presidido por Paulino Rivero. Dicen los que le conocen que, en realidad, cogobierna con su esposa, que es concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, a donde llegó, impuesta en la lista electoral, después de haber sido despedida del de La Laguna. Y completa este "equipo de gobierno" una recua de secuaces, tan ineptos, incompetentes, absurdos y nefastos como sus jefes.

La cuchipanda política, como decimos, es numerosa, pero los principales responsables de que estemos tan mal son Paulino Rivero y su esposa, a los que hay que despreciar políticamente. Porque Ángela Mena, además de cogobernar en Canarias, ha cometido la villanía de actuar como una goda despótica y atacar a un grupo de comunicación serio y honesto como lo es EL DÍA mediante denuncias inconcebibles y peticiones de indemnizaciones que ya veremos si son atendidas por los jueces. Ni Canarias, ni EL DÍA, que es la voz de los canarios libres, se merecen a estos tiranos políticos. Dictadorzuelos que para ocultar sus maldades políticas, que son muchas, y sus ineptitudes, que son muchísimas, se amparan en una televisión autonómica, en una radio "nacional" canaria -qué risa, cuando Canarias no es todavía una nación en gran parte por su culpa- y en dos periódicos que subvencionan con los impuestos que pagamos todos, empezando por los que devengamos puntualmente en esta casa. Decididamente, no es esto lo que nos merecemos los canarios.

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