Espectáculos

Sara, la última bocanada

La repentina muerte de la actriz y cantante Sara Montiel cierra a los 85 años la azarosa vida de la primera estrella española que triunfó en Hollywood, un icono dentro y fuera de la pantalla.
9/abr/13 01:23
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José Andrés Dulce/Agencias

F ue la primera en muchos aspectos, buenos y malos, pero de lo que no cabe duda es que Sara Montiel, fallecida ayer en Madrid a los 85 años, es una de las pocas razones que le van quedando a España para mirar atrás sin ira.

El crispado feudo de Primo de Rivera la vio nacer en 1928, en los albores del cine sonoro. Apenas quince años después, en plena posguerra, debutaba a las órdenes de Ladislao Vajda en "Te quiero para mí". Para llegar ahí había tenido que superar unos orígenes campesinos más que humildes en su Campo de Criptana natal, una localidad manchega que hoy lleva luto por su hija fugitiva. Su sueño, como el de tantas jóvenes de la época, estaba puesto en el cine: Cinecittà en Italia, aquí Cifesa. Su belleza le abrió camino.

Su belleza y su precocidad. En "Don Quijote de la Mancha" (1947) hizo de Antonia. Ese era, por cierto, su nombre: María Antonia Abad Fernández.

España tenía por entonces su pequeña industria, sus estrellas de intramuros con las que Sara apareció en títulos como "Locura de amor" o "Pequeñeces". La niña que había dado el saltó a Madrid cantando saetas se preparaba ahora para otro reto mayor. Sin saber inglés, hizo las maletas y viajó a la meca del cine tras pasar por México. En Hollywood le esperaban tres papeles: Nina en "Veracruz" (1954), de Robert Aldrich, junto a Gary Cooper y Burt Lancaster; Juana en "Serenade" ("Dos pasiones y un amor", 1956), un vehículo dramático al servicio del tenor Mario Lanza, y Mocasín Amarillo en "Yuma" (1957), de Sam Fuller, con Rod Steiger. La primera y la tercera, magníficos "westerns", marcaron el techo de su carrera internacional; la segunda le permitió conocer al primero de sus cuatro maridos, el gran director Anthony Mann, que años más tarde, en el curso de un largo y complicado proceso de separación, no pudo o no quiso granjearle el papel de Ximena en "El Cid".

No importa. Los tres "papelitos" de Hollywood, donde se había codeado con la flor y la nata, la habían convertido en la primera gran estrella internacional del cine español, que a su regreso de Estados Unidos la encumbraría como la actriz mejor pagada del orbe hispano tras protagonizar "El último cuplé" y "La violetera".

A partir de entonces todos sus papeles, desde "Mi último tango" a "Esa mujer", estuvieron hechos a su medida. Sus curvas casaban bien con el cuplé, sus ojos almendrados con la ensoñación, y su boca sensual con el puro que lucía a menudo, bien como actriz o como cantante, faceta en la que triunfó pese a que sus cualidades vocales fueron siempre tan discutidas como las interpretativas.

Nimbada en humo, y vocalizando hasta la exageración, fueron pasando por sus labios "Fumando espero", "Bésame mucho" o "Amado mío", que contribuyeron a su mito "kitsch" entre todo tipo de públicos, incluido el gay.

La España salida de la muerte de Franco le reservaba reconocimientos de todo tipo, que ella retribuyó con algún tardío destape.

También fue generosa en el amor. Se casó con Tony Mann, con el productor José Vicente Ramírez y en 1979 con "el amor de mi vida", el industrial mallorquín Pepe Tous, con el que adoptó dos hijos. Pero hubo más hombres, el más deseado de los cuales fue el actor francés Maurice Ronet, con el que protagonizó "Carmen la de Ronda". Su relación más desafortunada la tuvo, en cambio, con un "admirador" de Ultramar, el cubano Tony Hernández, que acabó, según ella confesaba, "como el rosario de la aurora". Entre uno y otro, lo que Saritísima llamaba pasiones "inconfesables": el científico Severo Ochoa, el poeta León Felipe, el dramaturgo Miguel Mihura, el cineasta Mario Camus y el escritor Ernest Hemingway.

Se le echara en falta. Puede que sus detractores la recuerden enjoyada y envuelta en aparatosas túnicas, una imagen algo folclórica a la que hoy se superpone la de una mujer sincera que, paradójicamente, encontró su verdad en los falsos oropeles de la pantalla.

Sara Montiel será enterrada hoy en el cementerio de San Isidro, en cuyo tanatorio quedó instalada ayer su capilla ardiente. La artista, de 85 años, falleció sobre las diez de la mañana de ayer cuando estaba en su casa en compañía de su hija, Thais, y de su gobernanta, Ana. Su representante y amiga, Carmen Grey, explicó que "en la noche del domingo estaba perfectamente" y que, pese a "los achaques propios de su edad, gozaba de buena salud".

"Final inesperado"

El periodista José Manuel Parada aseguró ayer a la salida del domicilio de la artista, en el madrileño barrio de Salamanca, que ha sido "una muerte que no se esperaba nadie", porque "estaba preparando su maletita para ir a visitar a unos médicos (el doctor Fernández Vega, en Oviedo, para que la tratara de una lesión en un ojo que se produjo en un accidente doméstico el pasado enero) y en ese momento empezó a encontrase mal y falleció".

"Mujer poco común"

La cantante Alaska asegura que Sara Montiel "inventó un tipo de mujer muy poco común", una artista que, como conjunto, "ha sido uno de los más espectaculares" que ha dado España. Sara y Alaska grabaron a finales de 2009 el videoclip de la canción "Absolutamente", una de las incluidas en el álbum homónimo de Fangoria. Una grabación en la que la actriz "estuvo perfecta, aguantó casi veinte horas de rodaje y nos tumbó a todos", según declaró entonces la cantante.

"Un mito nacional"

La Academia del Cine lamentó la muerte de quien fuera "un mito nacional". "De Campo de Criptana a Hollywood, salió de la nada y llegó a la gloria", recuerda en una nota la institución, a cuyo pesar se unieron ayer representantes de la clase política como Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE) y María Dolores de Cospedal y el ministro de Cultura José Ignacio Wert (PP), para quien Sara Montiel era un "icono".

"Grande, grande"

"¡Se nos fue la gran Sara Montiel! -destacó el cantante Raphael en Twitter-. Hasta siempre querida amiga. Grande Grande Grande", añade. En la misma red social el cineasta y acgtor Santiago Segura afirmaba: "Era Saritisima. Y siempre lo será". En el mismo sentido se expresó elproductor Enrique Cornejo, quien recordó cómo Sara. "una estrella de verdad", "abrió las puertas internacionales a nuestros artistas".

Archivado en: Ernest Hemingway Santiago Segura Alfredo Pérez Rubalcaba José Andrés María Dolores de Cospedal
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