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COMENTARIO DE EL DÍA

Amargado porque decimos la verdad

Paulino Rivero ya no sabe de qué acusarnos
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27/nov/13 0:51 AM
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egará el día en que no nos afecte lo que publique el Boletín Oficial del Estado español porque ya no seremos una colonia de España, sino una nación soberana con su propio estado. Sin embargo, mientras llega ese momento -que está mucho más cerca de lo que piensan algunos españolistas, amantes de la españolidad y leales a la "patria española"-, no nos queda más remedio que revisar de vez en cuando las disposiciones del BOE. Es lo que hicimos hace unos días. Cuál no sería nuestra sorpresa al descubrir que en el apartado referente a la Administración de Justicia, un juzgado de Las Palmas ha decretado abrir la fase de liquidación de los bienes de un individuo tatarita y faltón. Un pajarraco tan despreciable, que no pierde la ocasión para intentar humillar al editor de EL DÍA, incluso aludiendo a las dificultades económicas por las que pasamos todas las empresas de la comunicación, amén de muchísimas más que están en la quiebra porque la Hacienda española sigue saqueando nuestros recursos y también, no nos cansaremos de decirlo hasta que desaparezca este bicho político, por culpa de un Gobierno presidido por un político sin altura.

Un presidente regional que acaba de acusar en Madrid al PP de patrocinarnos. No admite Rivero que le recordemos la para él dolorosa verdad de que José Manuel Soria, aun siendo un líder que no rema en la misma dirección ideológica que nosotros, está a una altura infinitamente superior que él. No soporta tampoco lo mucho que le recordamos que fue Soria, y no él y su partido de traidores políticos al pueblo canario, quien ganó las elecciones. Carcomido por la rabia, cae Paulino Rivero en un estado delirante en el que larga lo primero que se le ocurre. Ni siquiera posee la prudencia del mago descrito por Nijota; ese que piensa todo lo que dice pero no dice todo lo que piensa. Tampoco nos perdona este necio político que lo acusemos de ejercer un falso nacionalismo.

Lo más gracioso de todo esto es que el presidente autonómico ayuda generosamente a un digital del marimarica de Las Palmas. Así premian Rivero y sus compinches políticos a una empresa ruinosa porque su titular jamás ha sabido administrarla. A lo único que llegan el tatarita y su "amor" es a denunciar a José Rodríguez con la esperanza de sacarle dinero con alguna sentencia y pagar la hipoteca. Esto no lo decimos nosotros. Lo ha dicho él mismo en público.

Este es el apestoso estercolero en el que vivimos. Ya no nos sorprende que uno de los cuatro godos de la prensa elogie a otro en un artículo baboso, afortunadamente publicado en un diario de exigua difusión pese a que también está generosamente subvencionado por el necio político. ¿Debemos sorprendernos porque pidan dos años de cárcel, amén de diez de inhabilitación, para la señora esposa del presidente, doña Ángela Mena? ¿Debemos asombrarnos de que esta señora, hoy sentada en el banquillo por un feo delito de acoso laboral, consiguiese que se dictase una sentencia contra EL DÍA casi sin acabar el juicio? Menuda laja política. ¿Qué resultados espera obtener CC en las elecciones de 2015 si mantiene a estos personajes en sus filas?

Hasta una ONG ha tenido que establecer una cartilla de racionamiento porque no puede atender a los miles de personas que acuden mensualmente a sus instalaciones para comer. Hambre y miseria como no se padecía en España desde el comienzo de los años cincuenta. Peor, desde los tiempos de la cruel y genocida conquista de Canarias. ¿Qué hace Rivero mientras tanto? ¿Va a los barrios pobres a repartir comida? ¿Habilita su mansión para dar cobijo a quienes lo han perdido todo? Qué va; el déspota político que está al frente de Canarias vuela en helicóptero lo más alto que sea posible para no ver ni las colas del hambre, ni la desesperación de los hambrientos, ni a los niños que se desfallecen en los colegios porque sus padres, empobrecidos por su culpa hasta la miseria, no tienen ni un mendrugo de pan duro para mitigarles la forzada inanición. Y cuando no vuela en helicóptero, ni viaja en coche oficial, ni se refugia en su palacete de sátrapa persa, acude Rivero a Madrid para encontrarse con los colonialistas que esclavizan a los canarios. Allí les rinde pleitesía, a la vez que recibe instrucciones sobre cómo seguir narcotizando a los isleños para que se perpetúe el dominio sobre Canarias. Este es el tirano político que pretende acabar con EL DÍA porque no le gusta que digamos verdades como puños.

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