Santa Cruz de Tenerife

La memoria viva

Mauro Figueroa combina en su perfil el activismo vecinal en el barrio de Añaza o la lucha obrera de la Transición con una intensa vida personal basada en ejes artísticos como la música o el Carnaval.
José D. Méndez
8/ene/17 6:32 AM
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T odos lo reconocen y saludan en el entorno de la Recova donde tuvo lugar esta semana el encuentro con EL DÍA. Casi a diario acude al Mercado "para respirar" y por mantener su pasión, la tertulia, "parte de mi vida y algo que aprendí a amar en mi barrio". Su barrio es Añaza, donde el protagonista de esta historia llegó de los primeros, a mediados de los años 80 cuando nos dejaron allí "como chanchos (cochinos) con las llaves de las viviendas y nada más". Mauro Figueroa, activista, de izquierdas o entre los primeros trasplantados de hígado en la isla. También voz con fundamento en la historia de la lucha obrera y sindical de la Transición. Desde la profesión de mecánico electricista que aprendió de niño. Solista del mítico trío Guatatiboa o fundador de comparsas y murgas del Carnaval... A sus 65 años vividos con intensidad, memoria viva de su ciudad, Santa Cruz -aunque naciera en La Laguna un 24 de febrero de 1951-, y de los sucesos -de historia e historias- de más de cuatro décadas.

Los dos grandes ejes de su vida tienen un origen genético. Por un lado, el musical por su padre, Lorenzo, cuya familia llegó de Lanzarote, en concreto de Haría. "Era albañil -explica-, como su padre y su tío, y bastante tuvo con trabajar toda su vida. Murió joven a los 40 años. Si no, en vez de ocho hubiéramos sido veinte hermanos. Hizo las casas de barrios como Salamanca Chica, el Uruguay, o de la primera barriada de La Gomera". Por otro lado, señala, "los laguneros, ancestros de mi madre, Concepción, todos republicanos".

"Nací en la calle Santo Domingo, muy cerca de la casa del maestro compositor de villancicos Fermín Cedrés". Tras morir su padre, "mi madre tuvo que ir a Cáritas para sobrevivir. Viví en la calle Maya, luego en Guamasa y posteriormente en Santa Cruz. En el barrio de Buenavista o de Los Papitos y en el número 20 del Pasaje Calzadilla hoy calle José Plácido Sansón".

En la capital tendría su primer trabajo. "Un tío -explica- me consiguió una plaza de pinche de mecánico en la calle 18 de Julio por 25 pesetas a la semana en un solar que combinaba las casas con negocios, entre los que había un carpintero, un mecánico, un chapista, un pintor".

Con 15 años, relata, "me fui a trabajar con Matías Molina en la calle Santiago Cuadrado del barrio de Salamanca. Tenía 15 años y mi primera cartilla de la Seguridad Social de cuando casi la inauguraron data del 16 de junio de 1965. Coticé hasta mi jubilación".

De Matías Molina "pasé a Autobuses Urbanos, en la sede de las antiguas guaguas azules, las perreras, que cubrían las rutas de Santa Cruz, en lo que hoy es Los Gladiolos". Luego, otra época con "don Jaime Piqué en la trasera del hotel Brujas".

Otra etapa le llevó "a cotizar como madrileños o catalanes que siempre ganan un tercio más que los canarios. Trabajé para empresas como Wat o Abengoa como sus empleados de allí".

En 1971 a punto estuvo de emigrar a Australia, que reclamaba "gente para procrear", pero "no fui porque tenía pendiente el servicio militar y miedo de no poder retornar nunca".

A los 27 años se casó con María del Carmen, que le ha dado tres hijos varones: Tanausú y los gemelos Ruymán y Rayco".

Mauro terminó su vida laboral en la Consejería de Medio Ambiente. Cuenta con orgullo cómo "levantamos el parque recreativo de El Contador en los altos de Arico". Allí se retiró por problemas de salud en 1997. Luego, en 1999, "fui uno de los primeros trasplantados de hígado".

"Nos expropiaron de Buenavista siendo alcalde José Emilio García Gómez y nos trasladaron a Añaza", recuerda. Llegó al Suroeste en 1989. Era "un sitio desconocido donde no había nada de nada".

Por eso, "nos empezamos a reunir para conocernos en la caseta de madera de Santiago el gomero donde hoy está la Policía Local. Nos unimos gentes de distintos sitios y decidimos luchar por servicios básicos como la guagua. Solo pasaba una de Santa María del Mar que ya llegaba llena y no paraba. Nos hicimos amigos de la gente de allí y nos empezaron a dejar un huequito".

De aquello, recuerda, "nació la asociación de vecinos con mi amigo Luis Celso García Guadalupe al frente. La llamamos 8 de Marzo por la mujer trabajadora. Como trabajadoras y luchadoras eran Laly, Amparo, Miguelina, Mary... Sin ellas nada hubiera sido posible. Y sin lucha no tendríamos nada. Lo que hoy es Añaza lo conseguimos donde no había ni luz, ni agua, ni donde tirar la basura. Y unidos. No entiendo cómo hay hoy tantas asociaciones por cada barrio". Mauro entiende que "los jóvenes se han acomodado, lo tienen todo y piensan que no hace falta luchar". Incluso da un consejo a los taxistas: "Les recomiendo sobre todo unidad".

No deja de acudir a la tertulia del Bar Atlántico donde "a través de Andrés, un amigo de Valleseco, he aprendido la historia del muelle de Santa Cruz". Él sí es casi historia viva, memoria de una ciudad en la que "Manuel Hermoso supo lo que tenía que hacer y cómo. Iba por los barrios, preguntaba por las necesidades, sus asesores tomaban nota y se hacía. Era un populista nato, pero también político que trabajaba y los de hoy ya no lo hacen. La fórmula le salió muy bien, la verdad".

Mauro acaba con una frase de su amigo Luis Celso García: "En el régimen de Franco no podíamos hablar y ahora que podemos no nos hacen ni caso".

Mauro Figueroa Suárez

Mecánico electricista jubilado

La música

La música siempre estuvo presente en la vida de Mauro. Desde niño cuando oía el bel canto en el gramófono de Fermín Cedrés o luego las coplas de Antonio Molina y Rafael Farina -que él también cantaba- en la trasera de su casa de Guamasa "donde los bodegueros me llevaban para sus tenderetes". Su padre "era tanguero" y su madre "una enamorada de las coplas canarias que procedía de una familia vinculada al Orfeón La Paz". De casta le vino al solista durante más de una década del trío Guatatiboa, que triunfó en los años 70 con una cueva como sede y los guiris de clientes. Allí ejerció de "camarero-cantante". En el Carnaval fundó la comparsa Sudamericanos, perteneció a Los Rumberos, el núcleo madre "del que surgieron todas", y a la murga Ni Pobres Ni Ricos, "formada en el taller de chapa y pintura de Antonio Ordóñez en el barrio de Ballester. Salió solo un año, 1968, y quedó tercera".

Y la ideología

"Siempre he sido y me considero de izquierdas", dice. Formó parte de la Coordinadora de la Vivienda con José Carlos Mauricio, "que era como un partido en sí". Avala "el pacto con Hermoso que acabó con el gobierno de Saavedra porque lo preferíamos al PSOE". Y sentencia: "Nunca tuve problemas por defender mis ideas".