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EL EDIFICIO DE LA ESQUINA IRMA CERVINO

Algo huele a podrido

19/jun/17 6:04 AM
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El despido fulminante de Carmela dejó al edificio sumido en el más absoluto de los caos y en una falta de limpieza que empezaba a tener consecuencias para la salud. Aunque en menos de una semana habíamos logrado erradicar todas las pelusas que merodeaban por las escaleras, lo cierto es que no había sido con una finalidad higiénica, sino por puro egoísmo, ya que la presidenta decidió pagarnos por cada bola de polvo que hiciéramos desaparecer. Sin Carmela el edificio parecía más limpio. O eso creíamos. El martes, cuando vino el del butano a cambiarle la bombona a la Padilla, nos alertó del mal olor que había sentido al cruzar la puerta.

-Vaya, curioso que lo diga precisamente usted, que debe estar más que acostumbrado a ese olor a gas descompuesto -comentó Úrsula posando la mirada en las manchas de grasa de la camisa del hombre.

-¿Y se puede saber a qué le huele? -preguntó la Padilla con temor a que el culpable de aquel tufo fuera Cinco Jotas, al que lleva meses sin darle un baño.

-Pues, no sé... -dudó el butanero-. Es como si hubiera algo podrido.

-¡Qué asco! Los malos olores se están convirtiendo en un clásico de este edificio -gruñó Úrsula, algo preocupada por si se trataba otra vez de las tuberías, pero Luisito le aseguró que, después de la complicada extracción de los restos de fabada que se habían quedado atascados, los bajantes estaban funcionando de nuevo a pleno rendimiento.

Por si acaso, la Padilla corrió a comprobar que definitivamente no era su cerdo el causante de aquella peste. Al entrar en casa, un olor desagradable le tumbó "patrás", pero se tranquilizó al confirmar que provenía de la mezcla entre los gases de la nueva bombona y los que expulsa cada noche Cinco Jotas durante la digestión.

-¡En mi casa no es! Gritó aliviada por la escalera.

-Tenemos que encontrar de dónde viene ese tufo -avisó Úrsula al resto de vecinos.

-¿Y si es Balduino, el fantasma, que ha vuelto a morirse? -apuntó Brígida-. Como no lo vemos, ha podido pudrirse...

Su hermana le echó una mirada asesina y cerró la boca.

-Buscaremos por zonas. Mi primo Luisito y yo revisaremos las escaleras. Ustedes -se dirigió a las hermanísimas- se centrarán en el ascensor y la Padilla peinará el patio interior -organizó Eisi.

-No me peino ni yo y ¿pretendes que lo haga con el patio? Me niego -saltó la Padilla.

-Señoras, no empecemos -advirtió con cara de "Señor, llévame pronto".

Como perros sabuesos, nos pusimos a rastrear el edificio de abajo a arriba y de lado a lado. Todo iba bien hasta que Brígida apareció gritando.

-¡Ya lo tengo!

-Si es pegajoso no lo toques -le previno su hermana.

-¿Qué está pasando aquí? ¿Y qué es este olor? -interrumpió doña Monsi, que volvía de la peluquería.

-En eso estamos -contestó Úrsula.

-Acabo de confirmarlo. El olor viene de María Victoria -insistió Brigida.

-Lo sabía. Esa mujer se pasa el día de compras y luego no tiene tiempo para ducharse -protestó la presidenta.

-En realidad no es ella mismamente. Es su ropa y esa manía de la moda "animal print" -aclaró.

-Habla en cristiano -le reprochó la presidenta-. Que lleva dos días con unos pantalones de piel de mofeta que huelen que apestan.

-Échenla de aquí -ordenó doña Monsi sin contemplaciones.

-Lo que usted diga, pero una cosa: ¿por esto también nos va a dar algún dinerito como hizo con las pelusas? -preguntó Eisi.

-Qué usurero -murmuró Brígida.

El olor se hacía cada vez más intenso y doña Monsi empezó a sentirse mareada, por lo que decidió regresar a su piso.

-Ahí viene -avisó la Padilla señalando a María Victoria.

-¡Atrás! -se interpuso Eisi.

-Pero ¿qué pasa? -preguntó la mujer, ajena a lo que pasaba.

-Que hueles a mofeta. Sal de aquí antes de que te denunciemos por alteración higiénica -dijo Eisi con la esperanza de que, al final, doña Monsi le pagara por hacer el trabajo.

María Victoria dio un giro de película y salió despechada calle abajo, llevándose aquella pestilencia consigo.

De seguir a este ritmo, terminaremos con el edificio vacío. En apenas una semana, hemos perdido a Carmela, al ejército de pelusas y a María Victoria. Me da que el próximo va a ser Cinco Jotas. Me lo huelo.

EL EDIFICIO DE LA ESQUINA IRMA CERVINO