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NINO DÍAZ COOORDINADOR DE LA 33 EDICIÓN DEL FIMC

"Muchas personas creen que el Festival de Música es su palco privado"

Sergio Lojendio, S/C de Tenerife
16/jul/17 2:03 AM
Edición impresa

Nacido en 1963 en Tías, Lanzarote, Benigno "Nino" Díaz es titulado superior por el Conservatorio Superior de Música de Barcelona en las especialidades de Clarinete, Armonía, Contrapunto, Composición e Instrumentación de Dirección de Orquesta, y es Máster oficial en Gestión Cultural por la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona.

Artista multidisciplinar y emprendedor, su experiencia profesional siempre se ha desarrollado paralelamente entre la actividad artística y creativa y la actividad empresarial en el ámbito de la cultura.

Con una amplia carrera internacional es autor de 74 obras, de las que 46 han sido publicadas. En el 2008, su pieza "El Muro" ganó el XV Concurso de Obras de Creación Radiofónica, organizado por Radio Nacional de España-Radio Clásica y el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea.

Desde 2005 es editor y director de Periferia Music, editorial establecida en Berlín que cuenta con un catálogo de 675 obras (partituras y libros) de autores de 56 nacionalidades diferentes.

En el año 2008 recibió el reconocimiento de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, siendo nombrado académico "por su trayectoria internacional como intérprete y como creador, y por su contribución a la generación y difusión de nuevo patrimonio contemporáneo".

Desde 2012 comparte su residencia entre Berlín y Canarias, donde continúa trabajando en diferentes facetas gracias a su condición de creador y gestor cultural.

Usted sostiene que alrededor del FIMC se ha orquestado una campaña política de desprestigio centrada en la figura de Mariate Lorenzo, consejera de Cultura.

Creo que los cambios que se iniciaron en el Festival a partir de abril de 2016, con el cese de Candelaria Rodríguez y mi posterior nombramiento como coordinador, abrieron una brecha que ha sido instrumentalizada no solo por los defensores de otros modelos de Festival, sino por algunos interesados en politizarlo. Echo en falta que los medios se ocupasen más del carácter cultural y, sobre todo, musical, del FIMC, y menos de su trasfondo político o de la relación entre el FIMC y las diferentes estrategias que el gobierno pueda tomar.

Pero usted es una persona ligada políticamente a Coalición Canaria y, concretamente, al que se denomina factor Lanzarote, ¿no?

Por supuesto que estoy ligado a CC, y soy de Lanzarote, pero no creo que ninguna de las dos cosas hayan sido decisivas para mi nombramiento como coordinador. Según se me manifestó, la decisión de mi nombramiento fue puramente curricular, como profesional de la música y de la gestión cultural con una amplia formación y una trayectoria nacional e internacional de más de 20 años. Yo así siempre lo he entendido, y cualquier otra posibilidad no la habría podido aceptar. Y quiero pensar que quizás también pudieron tener en cuenta algunas de mis manifestaciones públicas, en referencia a mis opiniones acerca de la situación del Festival, de su propósito, de su gestión... Todo ello, por cierto, varios años antes de que me propusieran la tarea de coordinación.

¿Quiénes o qué grupos de presión considera que pueden estar interesados en marcar el ritmo del Festival de Música?

Más que marcar el ritmo, creo que lo que desean algunos es que todo se quede como estaba antes de la 33ª edición. Desgraciadamente, algunas personas creen que la cultura musical es un privilegio para "paladares finos", por decirlo de alguna manera. Algo así como un lujo exquisito que, estando al alcance de todos, pierde su interés. Por otro lado, no sé si se puede hablar de grupos de presión, pero sí de que hay dos opiniones confrontadas: la de aquellos que desean que el Festival traiga a grandes nombres, aunque eso suponga reducir mucho el número de espacios y conciertos, así como también obras del repertorio, y la de aquellos que creemos que el Festival debe ofrecer un amplio abanico de conciertos y de repertorio, incluso hasta ofrecer música desconocida para melómanos, aficionados y no iniciados para que de esta forma enriquezcan su bagaje y llegar a más lugares.

¿A su juicio ha faltado armonizar posturas?

Me gustaría que hubiese más diálogo, pero sin presiones, entre ambas opiniones, pues estoy seguro de que ganaría el Festival. Afortunadamente, los tiempos cambian, queramos o no. Más tarde o más temprano, confío en que el FIMC cumpla también con su función enriquecedora de la cultura de todo el pueblo canario.

Como coordinador, ¿recibió presiones tanto internas como externas para acomodar la partitura?

Desde el minuto cero, personas que siempre han estado muy vinculadas al Festival me mostraron que no estaban de acuerdo con la idea de innovar, e incluso me ofrecieron consejo y apoyo si accedía a mantenerlo según su visión. Soy consciente del cambio profundo que supuso el mandato del Gobierno y nuestro proyecto de innovación, pero creo firmemente en la necesidad de aplicar cambios para acceder a más públicos, ofrecer una mayor y variada oferta cultural, y ofrecer también a nuestros jóvenes talentos la posibilidad de mostrar su trabajo en un marco apropiado, ya que hablamos de dinero público.

¿Hay personas que consideran el FIMC como su palco privado?

Parece evidente que muchos lo creen así. Y no creo que sea necesario repetirme, pero hablamos de dinero público que se invierte en cultura y este, obligatoriamente, debería cumplir unos requisitos sociales amplios, como apoyar a creadores e intérpretes canarios, al talento joven, dar al público una mayor oferta musical para ampliar su bagaje, y descentralizar la oferta accediendo a más municipios, pero manteniendo siempre la calidad y el nivel de la oferta cultural de estos más de 30 años de Festival.

El balance económico se ha cerrado con 414.000 euros de pérdidas sobre las previsiones.

Así es, pero sobre esto hay mucho que hablar y que reflexionar, y no solo desde el punto de vista de la gestión, sino también desde el punto de vista de las políticas culturales del Gobierno. El desfase de esta última edición, que está muy por debajo de la media de los últimos 33 años, hay que analizarlo teniendo en cuenta todos sus parámetros, entre otros los compromisos adquiridos por la anterior directora del Festival; las presiones de la anterior Comisión Asesora; la bajada del precio de las entradas hasta en un 47%; programar más conciertos en más municipios, descentralizando la oferta; la falta de recursos humanos de Canarias Cultura en Red; la evidente campaña en contra de algunos medios de comunicación; la propia estructura jurídica de Canarias Cultura en Red...

Pero, ¿la cultura es o no un producto rentable?

Otra cuestión sobre la que reflexionar es si, cuando se habla de cultura, podemos hablar de déficit, y si el déficit es, en todo caso, económico o cultural. Si nos comparamos con nuestro entorno, la inversión en cultura está muy por debajo de la media por culpa de la crisis, el Gobierno actual ha sido consciente de ello y está aplicando medidas correctoras. En cuanto a la inversión en el Festival, también está por debajo de la media. Por esta razón, se ha elaborado una extensa memoria en la que han participado todos los trabajadores, internos y externos, así como expertos, en la que se analizan todas estas cuestiones y se proponen las medidas correctoras necesarias.

Defiende la transparencia de su gestión y, sin embargo, los números cantan déficit.

¡Por supuesto que la defiendo! Estoy muy orgulloso por el trabajo realizado y por los objetivos conseguidos. Y esto no quiere decir que todo saliera perfecto, eso sería pecar de falta de realismo. Pero la valoración global, no solo la mía, sino la de todo el equipo técnico y artístico que participó en la 33ª edición, es muy buena, y la valoración de los públicos, a través de la encuesta de satisfacción, es un notable alto, así como las críticas musicales especializadas, que han sido magníficas. Y le estoy hablando de datos reales que están reflejados en la memoria ya mencionada, que entregué a la finalización de mi contrato como parte fundamental de mi trabajo. Casi 300 páginas que suponen un retrato amplio y detallado de la edición de 2017.

¿Cree que el modelo de transición que usted aplicó resulta realmente sostenible?

Para que el Festival pueda continuar, hay que sentarse a solucionar un montón de problemas estructurales que van más allá de nombrar a un nuevo director o directora, porque, de no ser así, peligra seriamente su supervivencia. Hay que armarlo con entidad jurídica propia, como fundación, y debería contar con un equipo profesional que trabaje todo el año únicamente para el Festival. Eso es lo que vienen haciendo, desde hace ya bastantes años, los principales festivales españoles, como el de Santander, San Sebastián, Granada...

Con el margen que procura el actual presupuesto, ¿hasta dónde es posible componer?

Creo necesario aumentarlo en al menos un millón de euros más. Tenemos el presupuesto más bajo de los principales festivales españoles y hay que tener en cuenta que en nuestro Festival, por la especial configuración territorial de Canarias, se gasta en torno a los 300.000 euros solo en viajes y alojamientos. Y a esto se añade que el FIMC se realiza en invierno, lo que imposibilita realizar coproducciones con otros festivales que, principalmente, se desarrollan en los meses de verano (julio y agosto). Por otro lado, todos los festivales y las principales salas están innovándose, integrando nuevos modelos de conciertos, nuevas programaciones, etc. Que no hay público joven asistiendo a los conciertos es una obviedad. Por eso L'Auditori ha firmado una colaboración con el Sónar, sí, el festival de electrónica de Barcelona, o en Madrid se están reinventando con proyectos como las maratones, una idea que existe desde hace años en Alemania. Hace mucho que deberíamos mirarnos en ejemplos que funcionan.

¿Entiende que el binomio turismo-cultura ha desafinado?

Creo que en origen se pretendía proyectar la imagen de Canarias en el exterior y movilizar turistas para que nos visitaran motivados por el Festival. Pero lo cierto es que no hay datos al respecto de las 32 ediciones anteriores y tampoco existe ningún estudio que avale esta propuesta. Defiendo firmemente que el Festival hay que pensarlo principalmente para los canarios, entendiendo por canarios al conjunto de personas que residen en el Archipiélago, y, como no puede ser de otra manera, intentando también captar la atención de todos los visitantes que durante el desarrollo del Festival estén en nuestra tierra. Considero que el binomio turismo-cultura, de todos modos, va mucho más allá del FIMC. En el tema musical, habría que ver el impacto de festivales como Keroxen, los de música electrónica de las zonas turísticas o los de folclore...

Si tuviera que reescribir la melodía de la última edición del FIMC, ¿qué claves modificaría y cuántas notas cambiaría?

Si tuviera que reescribir la melodía continuaría insistiendo en una programación amplia y variada; en una presencia más equilibrada en todo el territorio; en continuar apoyando a los artistas y creadores canarios; en seguir desarrollando la parte educativa y social del Festival; en abrirlo a la danza y a otras propuestas multidisciplinares, pero todo ello intentando evitar los errores que hemos venido cometiendo y que se detallan, creo que de una manera muy certera, en el Plan Estratégico que contiene la memoria. En definitiva, insistiría en caminar hacia un Festival del siglo XXI.

¿Considera que hay que repensar el mundo de la música clásica?

Por supuesto. Hay que repensarlo absolutamente todo. Desde los modelos de Festival, las programaciones de las orquestas, el formato concierto como se entiende, la captación de nuevos públicos, el papel de los agentes artísticos y los cachés de los artistas, la gestión pública y privada de las instituciones y eventos...

Un Festival de todos

No se ha presentado al proceso de selección para el nombramiento de nuevo director. "Ya lo había dicho desde mi nombramiento. Y, además, considero que no sería ético, porque he estado colaborando activamente para que el concurso se realice con la máxima profesionalidad y transparencia". En cuanto a qué le espera al nuevo director o directora "es, sobre todo, mucho trabajo porque, como ya he manifestado, el problema del FiMC no es la programación, sino revisar y modernizar toda la estructura organizativa del mismo. A quien resulte elegido le deseo mucha suerte y espero que trabaje en la línea de conseguir que el Festival de Canarias sea de todos los canarios".

La edición de 2018

La edición de 2018 "volverá en cierta medida a las ediciones tradicionales. Se apuesta por las grandes orquestas extranjeras que actuarán en los grandes auditorios, y algo de música de cámara para el resto de las islas. Con los recursos humanos y económicos con los que se cuenta, poca cosa más se puede hacer".

Adiós a las bandas

Nino Díaz se manifiesta "un gran defensor de las bandas de música" y piensa que es "un gran error que no participen en el FIMC. No hay ninguna razón musicológica para que no sea así, solo prejuicios. Si hay otros argumentos, los escucharé. Los supuestamente musicales no funcionan para desprestigiarlas".