Carnaval

Carmen Laura Lourido, reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife

H. Gonar, Santa Cruz de Tenerife
7/feb/18 7:14 AM
eldia.es
 

Carmen Laura Lourido Pérez, con la fantasía  “Renacida”, fue proclamada anoche reina del _Carnaval 2018, gracias al diseño de Jorge González Santana para la firma Fuentealta. El tándem Jorge Santana-Fuentealta cosechaba así su tercera reina, pues la primera la obtuvo en 2015 y la segunda, en 2017. En la corte de honor se echó de menos a la “Legionaria” de Alexis Santana. La coronación de la nueva reina tuvo lugar  dos horas y media después del comienzo de una gala dinámica, con doce trajes de grandes dimensiones y efectos –a la aspirante de Miguel Ángel Cañadas no la subieron en el momento de la coronación– sobre el escenario.

Enrique Camacho firmó anoche una gala de plenitud, donde precisamente se tambaleó el “opio” de los concursos: las murgas. Camacho fue exquisito al conseguir dominar el crono, con una sensacional obertura en la que demostró que no hace falta inundar de personal el escenario para robar corazones, y cerró con la “reina de los corazones”, Olga Tañón. Los primeros goles de humor de Abubukaka, muy divertidos; luego, un poco cuesta arriba. La actuación de Mamelucos y el número conjunto de las agrupaciones rompieron el dinamismo, que volvió a subir con la actuación conjunta de las murgas, de la que sobró la mitad de tiempo y de pasacalles.

Con esas salvedades, Camacho cosechó un gran resultado. La gala, un exquisito resumen del Carnaval, donde las reinas fueron las protagonistas.

Como si de una película se tratara, la gala de la reina comenzó ayer con la proyección por las pantallas de un niño que había encontrado un libro en un bosque encantado y lo subió de entre las sillas del recinto ferial al escenario del Carnaval. Era una historia con hadas, árboles encantados y unicornios, y mucha técnica. La obertura, por la calidad de las proyecciones, daba realce al escenario, con una cascada que se prendía fuego, dragones volando... era como asistir al rodaje de una película. Con el fuego virtual, más de un recuerdo se vino a la memoria... Y del rojo de las llamas, al azul. Fue una obertura para enamorar, en la que Enrique Camacho se reinventó. Una renuncia a llenar el escenario de cientos de personajes para, desde la sobriedad, ser mágicos. De nuevo, la técnica de José Luis Ramírez (Tote) y Juanjo Beloqui, responsable de la iluminación, que trasladaron al público, como si estuviera en una de esas bolitas de Navidad llenas de agua que cuando se les da la vuelta cae nieve. Parecía el Circo del Sol. Y cuando parece que la magia había llegado a su punto álgido, Enrique Camacho declara su amor al Carnaval; parece romperse una montaña y aparece en lo alto de todo el escenario la reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2017. El grito unánime del público: “Bravo”.

Nueve minutos de técnica, fantasía y mucha magia.

Y de la exhibición de la técnica, a un toque de humor con Abubukaka, que se hicieron pasar por las tres presentadoras, Eloísa González, Berta Collado y Laura Afonso. Los de Abubukaka despertaron las carcajadas del público. Y más carcajadas, con falsete incluido. Se hizo la voz del director y... momento de gala con  las presentadoras. Primero, Laura Afonso, luego Eloísa González y Berta Collado, que dialogaron con Abubukaka, quienes reivindicaron a Marcos y María y a Sedomir Rodríguez de la Sierra, con un guiño a Efraín Medina y la apuesta por Tenerife Moda, que “vistió” a las presentadoras. Y uno de los de Abubukaka se va con un tronco al hombro, porque... “se había llevado un palo tremendo”. Y más risas.

A partir de ahí, Eloísa González, que presentó a los miembros del jurado. Cinco minutos antes de las diez de la noche, y comenzaba el primero de los tres bloques de aspirantes a reina, con una pletórica Ana Deisy Sabina, de Alcampo, con un traje de Eduardo Martín. Era el primer traje y... prometía. Azul y amarillo, con un gran tallado en la espalda. Espectacular fantasía en la que Ana Deisy, con currículum en galas, parecía levitar. En la trasera, hilo de luz.

En segundo lugar, “Renacida”, la apuesta para 2018 del ganador del cetro de la edición pasada, que activó un mecanismo del que salió humo. Por delante, blanco; detrás, miles de plumas rojas.

Del rojo que llenó el escenario de la mano de Jorge González Santana al blanco más puro, como los témpanos, de Rosalía  Barreto, para McDonald’s y La Opinión, con unos cuernos en forma de tirabuzón y una parte de atrás con arcos de plumas blancas.

En el cuarto puesto, volvía al escenario para desquitarse de los malos recuerdos de 2013 Saida Prieto, la bailarina de Cariocas, con un traje de gran porte, con formas  novedosas y cargado de simbolismo, más en su historia: del negro del ayer, al blanco; pero a Saida parecía pesarle demasiado a veces, por más que ella hacía por bailar, hasta el punto de que acabó el desfile y, justo al límite del escenario, salió del traje. Tanta espera para un final desconcertante sobre el escenario.

Y de un traje lento, que se le hacía grande a Saida, a “Flamingo”, donde la “niña” de Miguel Cañadas parecía ser una pluma más de la fantasía que desbordaba el giratorio y en la que ella destacaba con un cuerpo plateado. Era la quinta.

Y de ahí, al ritmo de Salsabor,  de “La Negra”, agrupación musical ganadora en Interpretación, que versiona el “We are the World” de Michael Jackson con letra en castellano y  con timple incluido.

Nuevo bloque, “de hormigón”, que dijo Abubukaka, y llegan cuatro aspirantes. La primera, “La legionaria”, de Alexis Santana. Su traje, simplemente una maravilla, con formas mágicas, en la que era “La novia de la muerte”. Novedoso color verde. La reina parecía salir del traje; era la noche de la muerte, que derrotó anoche el Carnaval. Salió legionaria... y parecía llamada a ser “capitana general del Carnaval”. ¿Habría salido la reina de 2018?

Siguió la segunda de Daniel Pages, de Citröen, una fantasía  de bolero, más que entrar por los ojos, empalagaba. Le siguió  la representante de Santi Castro, con una creación de tonos pasteles, en la que la reina parecía salir de una concha entre caracolas. Junto a la Legionaria y el traje de Alcampo (la primera), esta aspirante del Centro Comercial Añaza, muy fina.

En el cuarto lugar de este segundo bloque, el palmero Yeray Díaz, con “Cumbre”,  una exhibición de arcos de plumas que entraba por los ojos por delante,  entre plumas beige que se rompían con dorados y negros, con una estructura  vertica, pero por detrás le faltaba  forma, en medio de tanta pluma.

Y de la majestuosidad de los trajes de las aspirantes... al ritmo y el color de la comparsa Joroperos, ganadora del primero de Interpretación. Todo un contraste.

Nuevo intento de humor de Abubukaka, para seguir con el tercer y último bloque de aspirante, con una creación de  Jonathan Suárez, donde su candidata era la reina de un firmamento, una estrella plateada, con mucho efecto, en un traje plata y negro. Mucho efecto.

Siguió Alfonso Baute, con otra fantasía de formas  novedosas, con apuesta por combinar amarillo, malva y verde con la “Magia del Ritmo”, un traje con banda sonora que interpretó el solista. Desde lejos, parecía más efecto que bordado.

Y en el penúltimo puesto, patrocinada por “El Gusto por el vino”, una fantasía que sorprendió por la estructura. Con tonalidad blanca, y plumas dibujadas en negro, unos medallones que recordaban rosetas de corte indio, la aspirante parecía desfilar sobre una luna blanca, de la que la joven parecía estar suelta. El traje la seguía y la estructura daba volumen en la parte alta, renunciando a los tradicionales miriñaques.

Cerrando el desfile, el traje de Borja Abreu, para Ron La Indiana, con un traje de efectos especiales, donde la luz salía desde el centro de la candidata y parecía recorrer cada una de las plumas. Y de ahí, más tubos de neón. Era toda una discoteca, y cuando se prendía la luz, reinaba el plata; por detrás más tubos de neón. Era la reina de la era Zeta-Zetas.

De nuevo, momento Abubukaka con humor ya más simplón en su propuesta de disfraces, como el de los disfraces con un helado: “Marco Polo”. O cuando tocan la armónica y dicen que era... “Armónica Naranjo”.

De ahí, al momento murguero, de la mano de Mamelucos, primer premio de Interpretación. Se hizo un guiño a los Nietos de Sary Mánchez, pero se perdió la oportunidad de hacer un momento histórico de ver una murga de Las Palmas en la gala de Tenerife, aunque fuera de convidados de Mamelucos. Aún así, los de Xerach Casanova “levantaron” la bandera.  No estuvo Nietos, pero Mamelucos llenó de lado a lado el escenario. La bandera ayer también volvió a ser una joya con la forma de armar una estrofa con los nombres de países. Quizás fue el “playback”, pero parecía una actuación aspirada, que concluyó con la propuesta de la bandera para el Carnaval. Una pena que no fuera la canción de los Nietos, una oportunidad histórica perdida. En realidad, la actuación de Mamelucos parecía haber roto el dinamismo de la gala.

Entró el espectáculo en ese tiempo en un “momento para la publicidad”. Se cumplió con sacar a todas las agrupaciones musicales que llenaron el escenario, pero eso, más de lo mismo. Mucha fantasía, y una canción lenta... tal vez demasiado. “La tierra del olvido”, de Carlos Vives.  La gala se había parado con Mamelucos y las agrupaciones y desde ahí las murgas tenían ante sí el reto de, con la oda a la fantasía, rendir tributo al concurso rey del Carnaval. En sí, el número gustó más por ser  un remix de pasacalles archiconocidos que por el contenido que tenía: ver cómo unas murgas cantaban el pasacalle de otras, con la acción que llenaba el escenario y también el patio de butacas del recinto ferial. Las murgas apuntalaban la segunda parte, que llegaron a poner en peligro; llamó la atención la más que menguada representación de Zeta-Zetas entre los miles de murgueros.

Entre los pasacalles aplaudidos, los de Ni Picos o Diablos. Poco importaba quien lo cantaba, el público quería fiesta. Al final, con un par de pasacalles se hubiera ahorrado la mitad de tiempo, máxime porque la intencionalidad del número quedó en nada. Antes del final, entró la Fufa y el público se levantó, como con ganas de encontrar una murga entre tanto pasacalle, para acabar todos cantando el pasacalle de La Traviata, con el público puesto en pie. Le sobró tanta técnica y le faltó ser más popular. Un par de pasacalles, la mitad de tiempo, y listo.

La gala  volvía a recuperar el ritmo. Antes, un número de humor donde el director de Ni Pico-Ni Corto, hizo un cameo con Berta Collado, que quería bailar con las comparsas. Y sus palabras fueron “órdenes” para el director del espectáculo, y salió el cuerpo de baile del género que exporta Carnaval a nivel internacional. Parecía la alfombra  a la llegada de Olga Tañón, que contagió al público con su ritmo caribeño. En el centro del escenario, arropada por una docena de bailarinas, y en el escenario un despliegue técnico que parecía la feria de la tecnología. Se vino arriba Juanjo Beloqui, que bailó con la luz.

Pero era la cara B de Olga Tañón, que parecía encorsetada. Hasta que rompió, cuerpos de baile de las comparsas y se hizo una gran fiesta, con la “Fiesta de los corazones”. Grande, grande, grande Olga Tañón que levantó hasta los cimientos del recinto ferial con una actuación mágica. Enrique Camacho había bordado la  gala y se había consagrado para volver al Carnaval 2019, si lo que Fiestas pretende es el éxito que garantiza todo lo que él toca.