Santa Cruz de Tenerife
MANUEL HERMOSO ALCALDE DE SANTA CRUZ 1979-91 / JUAN VIÑAS GERENTE DE FIESTAS 1972-2003

Los padres del nuevo Carnaval

Humberto Gonar, S/C de Tenerife
11/feb/18 6:39 AM
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Mamelucos, que cosechó su cuarto doblete de primeros en el concurso de murgas 2018, hizo más historia el día de la presentación de su fantasía que en la final, cuando subió a cantar -en una actuación inolvidable- con los Nietos de Sarymánchez. En el teatro Guimerá, la murga de Manolo Peña consiguió reunir por primera vez sobre un escenario a los padres del nuevo Carnaval: Manuel Hermoso Rojas (alcalde de Santa Cruz de Tenerife entre 1979 y 1991) y Juan Viñas Alonso (gerente de Fiestas entre 1972 y 2003).

El miércoles pasado, horas antes de la gala, Hermoso prestó su casa en Villa Benítez para, en una conversación distendida, contar en primera persona, con Juan Viñas de interlocutor, cómo pusieron los pilares a la fiesta que han heredado y disfrutan centenares de miles de carnavaleros. Desde los orígenes del Carnaval de Tenerife se definen tres etapas. La primera, desde finales del siglo XVIII, de la que se tiene constancia por las prohibiciones decretadas. Otra, desde 1961, las Fiestas de Invierno, y a partir de 1977, el nuevo Carnaval, donde Hermoso y Viñas son máximos exponentes.

¿Cómo era el Carnaval cuando llega Hermoso a la Alcaldía?

Juan Viñas: 1979 fue el último Carnaval de la época antigua, estando de presidente de la Comisión de Fiestas Juan Domínguez del Toro. Había estado Ernesto de la Rosa, que también fue un impulsor magnífico del Carnaval. Cuando ellos llegan, yo ya estaba. Con Manolo se cimentó el Carnaval. Él tomó posesión el 19 de abril de 1979.

Manuel Hermoso: Fue en 1967 cuando nos trasladamos con la familia de la Península y nos vinimos a vivir aquí. Trabamos amistad con Gilberto Benítez, que fue luego concejal conmigo en el ayuntamiento y era un hombre carnavalero cien por cien, como su familia. Y mi mujer, que también era carnavalera. ¿Con quiénes salíamos? Un grupo de aficionados con instrumentos, que organizaban una carroza. Cuando yo paso a ser alcalde, sigo saliendo en la carroza.

Llega a la Alcaldía gracias a hacer un gobierno de concentración, nadie tenía mayoría absoluta.

M.H.: UCD tenía 10 concejales, luego estaba la UPC, el PSOE y el PC. En 1979 es el estallido de la izquierda. En esas elecciones, en toda España, todos aquellos que sumando la izquierda podían gobernar se unieron. Como proceso contrario, yo aquí, que tenía diez, y a mi derecha tenía cuatro -Agrupación Libre-, podía haber pactado con ellos porque sumaba 14 y tendría mayoría. Pero me reuní en mi casa con todos los números uno y empiezo a ver que esta gente sabía y tenía más idea de Santa Cruz que yo, que era el señalado para ser alcalde de centro derecha. Me reuní con los diez compañeros que iban conmigo en la UCD (Miguel Zerolo, Adán Martín, Antonio Buenafuente...) y les dije que no me salía pactar con la derecha. Les expliqué que veía tanta gente y tan buena que me gustaría gobernar entre todos, y aceptaron la propuesta. Yo no estaba en la UCD, sino que me ficharon. Así aguantamos 4 años; fue la mejor etapa de mis 20 años en política, incluyendo mi etapa de presidente del Gobierno canario. También tuve la posibilidad de unir a todos y formar CC. Asumí la Alcaldía y designé a Antonio Buenafuente como concejal de Fiestas.

¿La mejor campaña electoral de ATI era el Carnaval?

J.V.: El Carnaval por supuesto, y sobre todo las asociaciones de vecinos.

¿Cuándo conoce a Juan Viñas?

M.H.: En 1979, cuando soy alcalde, conozco a los funcionarios responsables de las diferentes áreas, y Juan era el de Tráfico y administrador de Fiestas.

¿Cuándo se crea la comisión mixta del Carnaval?

J.V.: En septiembre de 1981.

¿Cómo fue la etapa de Buenafuente?

M.H.: Nosotros continuamos haciendo lo que se hacía. La comisión mixta se crea porque pensamos que era bueno que la gente del Carnaval fuera la que participara en la organización, porque era la que lo conocía. ¿Quiénes tenían que estar? ¡Los carnavaleros! Empezamos a tomar contacto con el Casino, con el Círculo de Amistad XII de Enero. Con los grupos: Enrique González, por las murgas; Manolo Monzón, de las comparsas; Tinerfe González, de la Masa Coral... Entre todos pensamos en crear una comisión con toda esta gente que era la esencia del Carnaval.

J.V.: Hicimos unos estatutos. Manolo me llamó para decirme que yo iba a ser el gerente. Lo que yo decía iba a misa, ni concejal ni nada.

M.H.: Juan era el que sabía, él era el hombre.

J.V.: Recuerdo con el paso de los años que una vez Maribel (Oñate) me vino llorando diciendo que en ATI le habían comentado que yo era el que mandaba en Carnaval. Le dije: Díle al alcalde que me quite. (Se ríen).

¿Cuáles fueron las primeras decisiones más complicadas?

M.H.: Mi primer objetivo era que todo el mundo se sintiera partícipe de la fiesta. Era esa motivación general.

¿Hasta los años 80 el Carnaval era más en las sociedades?

J.V.: No. En los años 80 fue el esplendor del Carnaval.

M.H.: Una anécdota muy ilustrativa. En 1981, en la Piñata llueve y no se puede celebrar. Al día siguiente estoy en el despacho y me viene una comisión de carnavaleros, con Enrique González, Manolo Monzón y José Carlos Marrero -que vino vestido de tuna-, para pedirme que yo, como alcalde, decrete que el fin de semana se hiciera una prolongación del Carnaval porque la lluvia los había fastidiado. Y yo les dije que sí.

J.V.: Fue la Piñata Chica. Enrique apareció en la Alcaldía, con Mingorance y algún otro pidiendo que por la lluvia se ampliara la fiesta. Y llega el caballero (en referencia a Hermoso) y dicta el decreto y ordena pasarlo al gerente. Yo estaba ya desmontando la megafonía. Casi había terminado, y me pidió contratar unas orquestas. Y estaba la calle llena.

M.H.: Fue una decisión carnavalera.

¿Cuándo se plantean sacar la gala del teatro Guimerá?

J.V.: Eso fue el mayor acierto del mundo.

M.H.: Fue importantísimo porque la gala en el teatro Guimerá la llenaba la gente que la organizaba, los grupos que habían ganado. ¿Y quiénes estaban de espectadores? Los familiares, o los amigos que estaban actuando, que eran los que estaban en el espectáculo.

J.V.: Había 304 entradas de butacas. Eso solo con recomendaciones se agotaban.

M.H.: Todos querían verlo pero solo podían ir 400 privilegiados por ser político o familiares. Era una pena. El espectáculo, que era lo que importaba, no lo disfrutaba la gente.

J.V.: Lo vislumbramos. Los trajes fueron aumentando de tamaño, con la incomodidad que resultaba para nosotros. Imagínate que los trajes de la reina pasaban por el corredor del teatro. Se nos hizo pequeño. En 1983 fue el último año, estando Ani Oramas. Isabel Coello colaboró mucho; le pedías lo que quisieras.

M.H.: A Isabel Coello, que era una costurera fabulosa, le pedías lo que quisieras y ella te ayudaba. Es una mujer con un saber hacer cosas.

J.V.: Ella nos recomendó al alcalde y a mí a José Tamayo.

M.H.: Vamos a salir a la plaza de toros y se plantea quién debe dirigir la gala. La propuesta es Narciso Ibáñez Serrador y lo invitamos a que viniera. Era la figura más importante de esa época. Narciso vino y le propusimos que fuera él quien organiza el Carnaval, pero nos recomendó a una persona que era la adecuada: Tamayo, que era muy conocido de Isabel Coello. Tamayo también colabora en buscar un sitio donde celebrar la gala. Fue una idea de Adán Martín, que era teniente de alcalde y era un figurara. Dijo que teníamos que conseguir un toldo que se abriera y cerrara para la plaza. Aquello fue sorprendente.

¿Cómo fue el nombramiento de Oramas al frente de Fiestas?

J.V. (A Hermoso). Las elecciones fueron en 1983. Me llamaste y me dijiste que estabas pensando que la concejala de Fiestas fuera Ani Oramas. Hasta eso me lo preguntó.

¿La plaza de toros era el marco ideal para la gala?

M.H.: El paso del teatro Guimerá a la plaza de toros fue una auténtica explosión. Tamayo la organiza como un espectáculo sorprendente y recuerdo cuando al final se abre el techo y hay voladores. Todo el mundo se quedó... Fue una explosión. Apoteósico.

¿El Carnaval estaba bien visto?

M.H.: El Carnaval daba prestigio a la persona que estaba al frente. Satisfacía a todos. Había un respeto.

Se consideró un trampolín, como ocurrió con Oramas y Zerolo.

M.H.: Sí, sí. Y da prestigio al político.

J.V.: El equipo presidido por el alcalde supo conquistar a toda la gente y demostrar que el Carnaval no lo hacía el ayuntamiento, sino que era de todos los chicharreros.

¿Cómo surgió lo de superar el récord Guinness, en 1987?

M.H.: Aquello fue maravilloso. Fue Miguel Zerolo el de la idea. Creíamos que podíamos conseguirlo, pero el día que se logró porque se transmitió e involucró a tanta gente? Estábamos en el Casino en la azotea viendo plaza de Candelaria, plaza de España, calle San José, la Alameda? Estábamos Opelio Rodríguez Peña, presidente del Casino; Miguel Zerolo, que era el cerebro; el jefe de la policía, un arquitecto con planos y un notario.

J.V.: Y nos dijeron: esto está todo ocupado y calcularon la superficie.

M.H.: Era increíble ver la masa de gente que estaba en la calle. Entre todos queríamos batir el récord Guinness. Y no hubo problemas de seguridad. Nunca recuerdo ningún incidente. Yo llegué a decir a los presidentes de la comunidad autónoma, Fernando Fernández, Jerónimo Saavedra: No vayas al Carnaval si no te gusta; si vas, es porque te gusta.

¿Y los carteles polémicos?

J.V.: Era eso lo que quería Miguel (Zerolo).

¿Cómo dieron los locales municipales para ensayar?

M.H.: Gracias a Juan Viñas. Muchas viviendas fueron expropiadas por el ayuntamiento como consecuencia del Plan Cabo Llanos y pasaron a ser de titularidad municipal. Y Juan conocía la situación. Allí ya estaban la Ni Fú-Ni Fá y los Triquis. Los grupos, entre ellos los Mamelucos, empezaron a pedirnos locales, y se orientaban por Juan y lo pedían al ayuntamiento.

Era el inicio de la concesión de locales municipales.

M.H.: No. Era el inicio del mercado de La Salud, porque se nos agotaron las viviendas por allí y pensamos que en el mercado del barrio de La Salud, que tenía toda la zona baja sin utilizar, se podían hacer unos locales para los grupos.

J.V.: Ahí el ayuntamiento se gastó muchos duros.

M.H.: Pero no solamente ahí. Estaba Ni Pico en El Toscal. En Duggi, no había nada. Pero hicimos el puente peatonal al Viera y Clavijo y ahí nos surge un espacio donde se podía hacer un local y proponemos que fuera para los Singuangos. Nosotros íbamos allí a verlos ensayar. Y no fueron los más amables en sus críticas, sino retorcidos y con mala leche. Con lo que nos habíamos preocupado por buscarles un local...

Otra anécdota. Todavía estábamos en el teatro Guimerá y era presidente del Gobierno de Canarias Jerónimo Saavedra. Y entonces una murga, Ni Pico-Ni Corto, saca la canción "Sa, sa, Saavedra". Yo fui a hablar con la murga cuando me entero que hay una canción en la que se meten con el presidente de esa forma y le digo que Santa Cruz nunca ha ido ofendiendo a la gente, y le dije que era demasiado fuerte. De todas formas, también les comenté: Ustedes son quienes deciden, porque este Carnaval son ustedes y lo que ustedes hagan bien está. Yo solo me he visto en la obligación de decirles que no molesten al presidente. Y echaron para adelante.

¿Cómo fue el hermanamiento con Río de Janeiro, en mayo de 1988?

M.H.: Fue genial. Cuando empezamos fueron apareciendo cosas que no sabíamos. Maribel Oñate también peleó, al margen de problemas políticos porque se fue con José Emilio, pero eso... "peccata minuta". Valía un montón. ¿Sabe cómo la fiché? Estaba en el despacho y llamaba una señora por un problema con un colegio; era Maribel Oñate. Quedamos, nos reunimos y le dije: ¿Por qué con todas esas cosas que tú sabes no te vienes con nosotros al ayuntamiento y las haces tú, porque yo de eso no entiendo...? Y así fue. Era una persona que sabía y conocía. Igual Gilberto Alemán, Miguel Ángel Barbuzano, José Emilio García Gómez...

¿Y el hermanamiento de Río, cómo fue?

El éxito electoral fue en 1987, contra Mari Pelayo (PSOE). Me echaron al peso pesado y fue el año donde tuvimos todo y estaba en plenitud de fama y prestigio. Eran 27 concejales y sacamos 21 actas en el año 1987. Mari Pelayo fue mi maestra en política, porque estando en la UCD, la primera vez que tengo que echarme un discurso fue en Santa María del Mar. Ella vino conmigo y fue mi maestra. Es una chica magnífica y trabajadora. Y en 1987 le metimos la gran barrida.

Nosotros descubrimos lo de los hermanamientos. Lo hicimos con Niza, con los alemanes? Tenemos en Santa Cruz un cónsul de Brasil que es un hombre muy especial, Pedro Duque.

¿Cómo se organizó?

M.H.: Pedro Duque, cuando termina el Carnaval, invita a la gente. En una oportunidad planteamos la necesidad de que el Carnaval de Santa Cruz, para darle altura, se hermane con el de Río. Entonces había que hacer el viaje. Al final fue un avión completo.

¿No tendría que haber una concejalía exclusiva de Carnaval?

M.H.: Ciertamente el Carnaval es un tema tan importante, que merece una concejalía exclusiva. Pero mientras eso sea responsabilidad municipal, por economía de escala, hay que tener en cuenta otras fiestas que se organizan en la ciudad que deben ser y han sido promovidas por el ayuntamiento. El que haya un equipo de personas especializado que sea capaz de aprovechar una cosa y otra no debe ser misión exclusiva. Al frente del Carnaval tiene que haber gente que lo sienta y lo viva, no puede ser un administrador. Tiene que ser alguien que lo viva y con visión de la fiesta. No vale cualquiera.

Tenerife le enseñó a hacer el Carnaval a Las Palmas.

M.H.: Recuerdo que Jerónimo Saavedra venía disfrazado de Las Palmas. Le decía que se notaba que iba al Carnaval pero no le gustaba.

J.V.: Y Las Palmas tiene Carnaval gracias a nosotros.

¿Verían bien celebrar aquí una gala drag queen?

M.H.: No. Con todos mis respetos. Soy muy liberal pero no lo vería aquí. Eso surgió allí y allí se vive intensamente, pero no me lo imagino aquí. Aquí no nos va.

¿Quién tiene más peso en Tenerife: la reina o las murgas?

J.V.: La reina siempre te marca el Carnaval.

M.H.: La gala siempre marca el Carnaval.

¿El Carnaval goza de buena salud?

J.V.: Yo creo que sí. El Carnaval no puede desfallecer porque lo sostiene la gente.

M.H.: Además, se ha hecho una cosa muy buena y muy inteligente, el Carnaval de Día. Para mí, ha sido insuflar una forma de participar familiar que es muy bonita.

¿Es más de Carnaval de Día que de Noche?

M.H.: Yo es que ya estoy fuera de? (se ríe). Disfruté mucho el Carnaval de Noche.

J.V.: El Carnaval es de noche.

M.H.: Sí, pero hay un momento en la vida, cuando tienes familia y niños pequeños, que necesitas el Carnaval de Día.

MANUEL HERMOSO ALCALDE DE SANTA CRUZ 1979-91 / JUAN VIÑAS GERENTE DE FIESTAS 1972-2003