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Condenada la célula yihadista que quiso atentar en Barcelona y decapitar a un "infiel"

Madrid, EFE
10/abr/18 14:10 PM
eldia.es

La Audiencia Nacional ha condenado a penas de 12 y 8 años de cárcel a diez yihadistas detenidos en 2015 por los Mossos d'Esquadra en la llamada operación Caronte y que planeaban atentar en lugares emblemáticos de Barcelona como el Parlament y secuestrar y decapitar a un "infiel" poniéndole un mono naranja.

En su sentencia, de 198 páginas, la sección cuarta de lo Penal considera que constituyeron una célula, ubicada en Terrasa (Barcelona), "con la única finalidad y motivo de cumplir y servir los postulados señalados por el Dáesh atentos para llevar a cabo en cualquier momento un ataque contra instituciones como la Policía, entidades bancarias o intereses judíos asentados en España".

De este modo, la Sala ha acordado imponer 12 años de cárcel por un delito de integración en organización terrorista a los tres dirigentes de esta célula, para los que la Fiscalía pedía 19 años, mientras que a los otros siete, que se enfrentaban a una petición de 10 años de cárcel, les impone la pena de 8 años por el mismo delito en calidad de participantes.

El presunto líder es Antonio Saez Martínez, conocido como Alí el peluquero, uno de los cuatro españoles conversos al islam que formaban parte la célula, y los otros dos dirigentes son sus máximos colaboradores, los marroquíes Lahcen Zamzami y Rida Hazem.

Los otros siete son Taofiq Mouhouch, Kayke Luan Ribeiro Guimaraes, Mohamed El Gharbi, Said Touay y los españoles Gonzalo Cabezas, David Portolés y Jacob Orellana.

Según la sentencia, en 2014 empezó a formarse entre los musulmanes que frecuentaban la mezquita de Terrasa un grupo de personas que, con una visión radical del islam, pretendía constituir una célula satélite del Dáesh, utilizando para sus fines la lucha armada.

La denominaron, a propuesta de Saez, "Fraternidad Islámica, Grupo para la predicación del Yihad" y sus líderes iniciaron una campaña de captación y adoctrinamiento de jóvenes para integrarse como combatientes en Siria o Irak o para atentar en sus lugares de residencia.

En sus reuniones defendían que el yihad violento se podía practicar donde cada uno vivía "aniquilando fieles y atentando contra todo tipo de instituciones, entidades, organismos y símbolos propios de la cultura occidental" y consideraban que así "también se actuaba como mártir y se alcanzaba el paraíso".

"Este afán de vivir y llevar a cabo los principios y postulados del Dáesh, que era considerado por el grupo como el yihad auténtico, no sólo era compartido por todos y cada uno de los acusados (...), sino que incluso uno de los integrantes de la célula, Abdellatif Chahmout, se desplazó a Siria en abril de 2014 perdiendo la vida en Irak en mayo de 2015", añade la sentencia.

A éste le siguieron otros tres encausados, que fueron detenidos antes de llegar a Siria en la frontera entre Bulgaria y Turquía. Un viaje que, según les comentó Saez, debería haber sido "maquillado", es decir, "deberían haber viajado con otro aspecto, por ejemplo, cortarse la barba y vestir de forma occidental".

La Sala relata cómo tras las detenciones y a fin de evitar riesgos, Saez, quien trabajaba en una peluquería de Barberá del Vallés, propuso cometer atentados en suelo español y llegó a sugerir atentar "contra una librería o una sinagoga judía de Barcelona, para lo cual hablaría con un amigo de Sabadell que tenía granadas".

También comentó, en una reunión en febrero de 2015, la idea de atentar contra el Parlament y justificó las decapitaciones, al tiempo que hablaba de confeccionar explosivos caseros para cometer atentados, animando igualmente a otros a hacerlo.

En marzo otros cuatro miembros del grupo se reunieron en la estación de Sants con el objetivo de hacer fotos a sitios emblemáticos donde atentar y "causar el caos y mucha repercusión", y se dirigieron hacia la plaza de España, "pensando que era un sitio idóneo al haber una comisaría de los Mosssos d'Esquadra, el centro comercial Las Arenas y el hotel Plaza".

Después fueron en coche al puerto olímpico, donde se encuentra el Hotel Arts y uno de ellos se bajó y tomó fotos que mostraron a Saez, quien les felicitó por su trabajo.

Días después, Saez comentó que podría tener más repercusión otro tipo de actuación y les contó una idea para ejecutar a un infiel. Para la decapitación le vestirían con un mono naranja, le colocarían en una habitación oscura, grabarían la escena y lo publicarían en redes sociales, después de lo cual se marcharían a Siria.

La citada propuesta motivó que uno de los asistentes a la reunión lo pusiera en conocimiento de la Policía considerando que existía un peligro de atentado, y se le dio la condición de testigo protegido.

Este relató que la intención era secuestrar a la directora de una sucursal del banco Sabadell para pedir un rescate para financiar la compra de explosivos. A raíz de su testimonio, se detuvo a la mayor parte de los miembros del grupo.

La Sala considera que la prueba de cargo se sustenta en la abundante testifical aportada, tanto por los Mossos que realizaron los seguimientos y vigilancias, como por el testigo protegido y un agente encubierto.

También los informes de los TEDAX sobre la posibilidad de hacer explosivos siguiendo las anotaciones halladas en el domicilio de Saez y el saco de azufre oculto bajo una trampilla en el domicilio de otro acusado.

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