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A BABOR FRANCISCO POMARES

Gobernar sin presupuestos

19/nov/18 6:12 AM
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Pedro Sánchez ha aceptado por fin que su Gobierno no podrá sacar adelante los Presupuestos de 2019. La incapacidad de lograr un acuerdo para que las cuentas sean apoyadas por los grupos independentistas -ERC y el partido de Torra y Puigdemont- ha acabado por imponer la realidad: Sánchez no cuenta con mayoría para gobernar. Apenas logró la mayoría suficiente para derrotar a Rajoy, pero gobernar es otra cosa muy diferente: requiere de mayorías estables, que se pongan de acuerdo. Para lograr el apoyo de los independentistas, a los que el futuro de los españoles les resbala, Sánchez habría tenido que mojarse personalmente mucho más allá de los gestos, sacando de la cárcel a los políticos catalanes presos, algo incompatible con mantener su posición en el resto de España. Tendrá que seguir, pues, gobernando con los Presupuestos elaborados por el PP, que él votó en contra, y acabaron por provocar su salida de la secretaría general del PSOE.

Todo el teatro montado con Pablo Iglesias de protagonista principal, con visitas a la los independentistas en prisión y conversaciones telefónicas con Puigdemont; o la subida del salario mínimo interprofesional encajada como acompañamiento a la ley presupuestaria para venderla como ley incontestable, se le desmorona.

Sánchez, que había coincidido con Iglesias al asegurar que sería muy difícil gobernar por segundo año consecutivo con unos Presupuestos que ni son los suyos, sino los de un gobierno del PP, sorprendió a todo el mundo -al parecer hasta a sus ministros- al anunciar desde Guatemala, donde ha acudido a la cumbre Iberoamericana, que renuncia incluso a presentarlos.

El proyecto de gasto que había de definir su mandato, pactado con Podemos y presentado con la liturgia típica de un matrimonio político de largo recorrido con Iglesias, queda frustrado. No habrá ni Presupuestos ni debate presupuestario, porque Sánchez no quiere "marear a los españoles" presentando sus cuentas sin los apoyos suficientes para salir. En realidad lo que no quiere es demostrar ante la opinión pública que no dispone de medios para gobernar.

Agotará al máximo el sofoco de una situación insostenible, gracias a los votos de las elecciones andaluzas, que Susana Díaz -previsible vencedora de esos comicios- le presta para oxigenar su continuidad. Y luego se arrastrará todo lo posible, gobernando por decreto-ley -una fórmula inestable y plagada de dificultades, hasta el próximo mes de noviembre, dentro de un año, que es el momento que ha elegido para consultar a los ciudadanos.

Está por ver si logra llegar hasta entonces. Primero porque tendrá que volver a engañar a los españoles, a los que explicó durante la moción de censura que su objetivo era convocar elecciones con carácter inmediato. Es verdad que Sánchez ha demostrado una resistencia personal ilimitada, y la rara habilidad de desgastar a todo el que se le enfrenta, pero es difícil que su socio Iglesias aguante en el acuerdo con él, más allá de marzo o como mucho de las futuras elecciones locales y regionales. Porque el respiro que pueda coger el PSOE en esos meses lo consigue a costa de Podemos, y una cosa es apoyar un Gobierno en el que Iglesias ejerce de virtual vicepresidente (y se ve de vicepresidente real tras las elecciones), que apoyar un Gobierno -el que viene en concreto, el que busca Sánchez para su segundo mandato- alejado de la fórmula de sumar izquierdas y nacionalistas- y que convierta al camarada Pablo Iglesias en un aliado muy secundario.

A BABOR FRANCISCO POMARES