Internacional
BELISARIO BETANCUR

El expresidente Betancur es velado en la Academia Colombiana de la Lengua

Bogotá, EFE
8/dic/18 20:55 PM
eldia.es
Juan Manuel Santos (i) y su esposa María Clemencia Rodríguez de Santos (c) salen de la Academia Colombiana de la Lengua/Leonardo Muñoz (EFE)

Los restos mortales del expresidente de Colombia Belisario Betancur, fallecido este viernes en Bogotá a los 95 años, son velados hoy en la Academia Colombiana de la Lengua, a donde acudió el actual mandatario, Iván Duque, y su antecesor, Juan Manuel Santos.

"Todos debemos reflexionar sobre el legado del presidente Belisario Betancur, un hombre hecho a pulso y un hombre que siempre, en todas sus actuaciones, obró con profundo patriotismo en todas sus acciones", dijo Duque en la Academia de la Lengua, a donde el féretro con sus restos mortales fueron trasladados esta mañana y donde le rinden homenaje personalidades del mundo de la política y al cultura nacional.

Duque añadió que Colombia "ha perdido a un gran ser humano, a un gran político, a un gran servidor público", que gobernó el país entre 1982 y 1986.

Por su parte, Juan Manuel Santos (2010-2018), quien regresó de Estados Unidos para asistir a las honras fúnebres de Betancur, aseguró que el exmandatario fue el primero que "pensó en hacer la paz" cuando durante su mandato entabló negociaciones con diferentes grupos guerrilleros.

Santos recordó que años después, cuando él inició las conversaciones de paz con las FARC en La Habana, Betancur siempre lo alentó en esa iniciativa, y agregó que fue su amigo y un "consejero desinteresado que siempre le decía a uno las cosas de frente (...), pero con las mejores intenciones".

"Él siempre estuvo al lado mío empujándome a no desfallecer en mi intento de hacer la paz", dijo Santos, quien firmó en noviembre de 2016 un acuerdo definitivo de paz con las FARC, ahora convertidas en partido político.

Betancur, nacido el 4 de febrero de 1923 en Amagá, municipio minero del departamento de Antioquia (noroeste), dedicó su vida al servicio público y a la cultura, esta última su gran pasión que ejerció como poeta, historiador y periodista.

Precisamente una de las primeras coronas fúnebres en llegar hoy a la Academia Colombiana de la Lengua, de la que era académico honorario, fue enviada por la Fundación Santillana, de la cual fue presidente por más de veinte años.

Además, Betancur era miembro del Consejo Directivo del Instituto Caro y Cuervo, institución pública dedicada a la lingüística, la filología, la literatura, las humanidades y la historia colombiana.

La exequias del exmandatario tendrán lugar este domingo en la capilla de los Santos Apóstoles del Gimnasio Moderno y luego sus restos serán llevados al cementerio Jardines del Recuerdo, en el norte de Bogotá, informó el Partido Conservador, en el que militó toda su vida.

La última visita de Betancur a la Academia Colombiana de la Lengua fue hace menos de un mes, el pasado 13 de noviembre, con motivo de la visita del director de la Real Academia Española, Darío Villanueva.

El fallecimiento de Betancur ha sido muy lamentado en Colombia porque fue el primer presidente que intentó un acuerdo de paz con los grupos guerrilleros y porque, a diferencia de lo que suele suceder en el país, se retiró de la política al concluir su mandato para refugiarse en la literatura.

A Betancur, que murió el viernes en la Fundación Santa Fe de Bogotá, donde estaba ingresado por un problema renal, se le recuerda también por haber tenido que afrontar en solo una semana las dos peores tragedias políticas y naturales de Colombia.

Una fue la toma del Palacio de Justicia en el corazón de Bogotá, el 6 y 7 de noviembre de 1985, por parte de un comando del grupo guerrillero M-19, lo que desencadenó una sangrienta operación del Ejército con un saldo de cerca de un centenar de muertos, entre ellos once magistrados de la Corte Suprema, y once desaparecidos.

La otra fue el 13 de noviembre de 1985 cuando la erupción del volcán Nevado del Ruiz provocó una avalancha que borró del mapa la ciudad de Armero, en el departamento central del Tolima, donde se calcula que murieron sepultadas unas 25.000 personas.

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