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A BABOR FRANCISCO POMARES

Un conejo en la chistera

21/dic/18 6:21 AM
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Una regla esencial de la magia es que realmente no existe. Lo que hay detrás del espectáculo es simplemente la habilidad de un tipo capaz de distraer la atención del público para que no se note dónde está el truco.

Desde ese punto de vista, la última actuación de Pedro Sánchez tiene muy poco de magia. Salir al escenario para sacarse un conejo de doscientos millones de inversiones en carreteras de Cataluña, y hacerlo en el mismo momento en que desaparecían trescientos millones de carreteras en Canarias, constituye una flagrante negación de las reglas del buen trilero. Porque lo que ve el espectador es que algo que está en un sitio cambia a otro, y eso no es nada misterioso.

El entorno de Sánchez sostiene, frente a la opinión de una buena parte de su propio partido, que el problema de Cataluña es de base financiera, que inyectando dinero a mansalva a la Generalitat se puede controlar el procés. Esa sí que es una idea mágica: imaginaria y falsa. Lo que hay tras la independencia que reclaman la mitad de los catalanes es una querencia, un sentimiento. Tras cuarenta años de inmersión lingüística, de políticas de educación que han creado toda una generación de jóvenes creyentes en el mito del Estado catalán, eso no se puede arreglar con magia, por muchos conejos que saques de la chistera.

El mago Sánchez pretende un éxito de crítica y público en Barcelona, con un Consejo de Ministros arriesgado, y miles de activistas que intentarán retener al Gobierno una vez celebrada la reunión. El despliegue de policía, más de diez mil efectivos, demuestra que estamos ante una situación forzada y potencialmente peligrosa. Nadie discute el derecho del Gobierno a celebrar sus consejos donde le salga del refajo, pero cabe preguntarse si quienes tuvieron la idea de hacerlo en Barcelona midieron los riesgos.

No es posible desvincular la operación de acercamiento a Cataluña de la aprobación de los presupuestos del Estado y del apoyo que precisa Sánchez del PDCat y ERC para sacarlos adelante. Pero lo que es bueno para la coyuntura resulta fatal para la Historia. Existe una división profunda entre la calle y los gobernantes de Cataluña e incluso entre estos internamente, estragados por un presidente ausente, Puigdemont, instalado en la confrontación y el desafío. Por mucho que Sánchez logre apoyo para sus cuentas (y eso está por ver), el problema de fondo seguirá existiendo. Se habrá agigantado, porque lo que se está vendiendo a los jóvenes independentistas es que Sánchez ha claudicado aceptando una reunión bilateral entre gobiernos, y el reconocimiento de la igualdad entre dos Estados, uno crepuscular y otro naciente.

Más allá de que a los canarios nos salgan ronchas al ver cómo se nos saca del bolsillo un dinero de carreteras para dárselo a los catalanes, hay una profunda estulticia en la actuación de Sánchez: lo que se infiere de su decisión es que quien crea el caos y la distorsión política acaba recibiendo premio. Cataluña recibirá este año 1.350 millones de inversiones con cargo al Estado, a los que hay que sumar la red de cercanías, el acceso ferroviario a El Prat y el nuevo acceso viario y ferroviario al puerto de Barcelona. Además de la gran obra del corredor Mediterráneo que conecta Cataluña con el Levante y el Sur peninsular. Este despliegue de atenciones presupuestarias está escamando, con razón, al resto de regiones españolas, gobernadas algunas por barones socialistas, que miran con creciente recelo la política de seducción a través de la pasta de quienes son desleales al Estado. Pedro Sánchez actúa hoy en Barcelona. Y del sombrero de copa va a sacar, probablemente, media docena de blancas palomas de la paz y algún conejo con orejas enhiestas, mientras en la calle se monta la mundial. Jugar a mago tiene su peligro: si yo fuera Sánchez no me metería en esa caja que se divide por la mitad con una sierra. No vaya a ser que este nuevo truco le salga mal y acaben despedazados él y el PSOE.

A BABOR FRANCISCO POMARES