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ÓSCAR IZQUIERDO*

El silencio ni se compra, ni se vende

24/dic/18 6:18 AM
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La eficacia se mide por la capacidad para producir el efecto deseado o de ir bien para determinada cuestión. También está relacionada con ese trabajo escondido, esforzado, lleno de ingratitudes en muchas ocasiones, pero efectivo en sus consecuencias. Hay que hacer en silencio lo que se tiene que ejecutar según ese procedimiento, pero eso no significa el misterio permanente. El proverbio africano "hace más ruido un árbol cayendo que un bosque creciendo" viene a ejemplificar esa forma reservada de actuar, procesar y laborar. Pero no todo se tiene que hacer en silencio, hay cometidos que exigen, por sí mismos, que se escuchen a viva voz. Muchas veces escudarse en que es mejor no "hacer ruido", por el motivo que cada cual exponga, es precisamente la demostración del miedo o de la cobardía.

La sociedad civil, como aglutinadora de los ciudadanos corrientes y de sus entidades representativas, tiene que asumir el papel relevante e impulsor que las estructuras públicas o gubernamentales le han quitado, secuestrado y ocupado. Los tentáculos de la política y de los políticos han llegado absolutamente a ahogar cualquier intento de supervivencia independiente, organizacional o personal. Quieren controlar todo, para que no haya pensamiento critico y menos voces discordantes. El método es antiguo y conocido, a más subvenciones, mayor cerramiento bocal, ausencia de censura y seguidismo nauseabundo. Incluso con la existencia de situaciones o actuaciones de responsables públicos claramente escandalosas, inoperantes e indefendibles. Es lo que en Ciencia Política se denomina logrolling, que puede ser traducido para entendernos, por un intercambio de favores, a saber, yo te doy y tú te callas o me adulas. Eso está pasando, de manera bochornosa, en Tenerife en particular y en Canarias en general.

Organizaciones de todo tipo y ocupación, entidades con renombre o simplemente nuevas, pero necesitadas de ayuda, asociaciones singulares que pierden su espíritu fundacional, sucumbiendo al necesitar mantener sus estructuras personales o materiales o por desvergüenza, que no se sabe lo que es peor. La regla matemática es irrefutable, cuanto más reciben, menos se les oye. Ese es el mejor termómetro para calibrar a cada organización, en cuanto a su independencia o libertad. No cabe duda de que una de las más indignas servidumbres que tienen que pagar es el acompañamiento a las ruedas de prensa en salones nobles o en actos públicos del responsable político de turno, donde se le exalta a la mayor gloria de su excelsa vanidad.

El silencio sonoro que denunciamos, de organizaciones o de personas de reconocido prestigio o con responsabilidades empresariales, económicas, sociales o culturales, no se refiere a un arrobamiento místico, ni a un momento musical, es más escandaloso, es ese mutismo que llama tanto la atención, no por ser nuevo, sino por ser, cuando menos indigno de la responsabilidad comunitaria que cada uno debe asumir. Así nos va, así estamos y así seguiremos si no se cambia esta dinámica comportamental. No se debe permitir, ni se puede estar, al capricho o albur del político que reparte el dinero público que, por cierto, no es suyo, no para crear riqueza social, sino para subsidiar a amigos, organizaciones o entidades que les sean dóciles. Es el momento de revelarse ante este borreguismo latente que dificulta vivir en una sociedad sana, meritoria y autosuficiente. Los silencios dicen mucho.

*Politólogo

ÓSCAR IZQUIERDO*