Criterios
LUIS F. FEBLES

Oda al aguacate

4/ene/19 6:18 AM
Edición impresa

Canarias es como un aguacate. Tiene un paladar exquisito, con sabor a tierra y a mar, a lava y a duna, a brezo y tajinaste. De consistencia rugosa por fuera, si decides visitarla la encontrarás tierna y suave, lo que permite al aventurero su combinación con sol, playa y cultura. Su piel es verde, el tono y la textura cambian de unas variedades a otras si estás en Gran Canaria o en Tenerife. Tiene una pulpa cremosa que recubre una gran semilla marrón no comestible, que es la parte menos conocida por los turistas y la que sufrimos los que tenemos la suerte de vivir en las mejores islas del mundo. En ocasiones la aderezamos con azúcar, sobre todo en nuestras fiestas, y en otras, con sal para sanar de alguna forma las carencias de una patria a la que muchos políticos no han querido mirar de frente. El Archipiélago es un aguacate que conserva propiedades beneficiosas para la salud: mantiene el corazón sano, con un clima envidiable para la práctica deportiva; reduce los niveles de colesterol, a base de una alimentación que mana de la tierra para el equilibrio de los más glotones; controla la presión arterial y contiene propiedades antiinflamatorias si cumplimos el simple ejercicio de mirar al Teide tres veces al día; y aumenta la absorción de nutrientes para la piel gracias al mar y a las hojas de tartaguero que algunos siguen empeñando en frotarnos. Si lo abres mucho encuentras la verdadera brecha de la desigualdad, razón por la cual los representantes públicos lo prefieren en guacamole. Como Canarias, posee vitaminas de los grupos A, C, D, K y B, que consigue un buen antioxidante por su contenido en vitaminas C y E, que además resultan fundamentales para los niveles neurológicos del organismo y para la salud cardiovascular. Es fructuoso para los huesos por su contenido en vitamina D, lo que no impide olvidar a los miles de niños de familias en riesgo de pobreza o exclusión social que solo cuentan con una comida saludable al día. El aguacate es también rico en ácido oleico, un tipo de ácido graso que ayuda a controlar los niveles de colesterol. Es la misma sustancia que se segrega cuando los más valientes se adentran en la diversión de las colas de la TF-5 o en las cada vez más numerosas chuletadas, fiestas con mayores y comilonas propias de época electoral. No hay remedio más efectivo en estos casos que volver a comerte un aguacate. Pasa lo mismo con los venezolanos que se ven obligados a alimentarse a base de mangos como consecuencia de la efectiva política económica de Maduro: seguir comiendo mangos. El aguacate sabe diferente según la isla en la que decidas degustar provechoso manjar. En Tenerife, la variedad Hass ofrece una mayor productividad y precocidad, y su sabor nos recuerda el camino que nos queda por recorrer en materia de conectividad, desarrollo social y económico, con ejemplos agridulces de populismo ramplón. En Gran Canaria, la variedad Lamb Hass nos enseña que el trayecto se traza con unidad, evocando el espíritu de Agaete para salvar Canarias. También la lucha de cientos de personas por la dignidad de sus desaparecidos durante el franquismo, que siguen reclamando un derecho amparado en la Ley de Memoria Histórica, pese a las promesas del alcalde de Las Palmas. En La Gomera tenemos una variedad de aguacate sin igual: el Bacon, fruto con forma de pera-ovado, de color verde incluso al madurar. La piel delgada, verde, fina y brillante, sensible a los daños causados por el viento. Tamaño de mediano a grande. La semilla es de dimensiones considerables, como hemos podido apreciar durante varias décadas presidiendo la Isla Colombina, y permite una rentabilidad de la pulpa del 61%. La calidad gustativa es mediocre, según los expertos en la materia. Más allá de ser un delicioso alimento, el aguacate es el ingrediente estrella no solo para recetas de comida sino también para trucos de belleza, tal y como nos enseñan nuestros representantes públicos exponiéndonos una Canarias de certamen de belleza alejada de la realidad de los barrios. No obstante, seguiremos comiendo aguacates hasta que nos hartemos, elogiando sus propiedades y escribiendo las bondades de unas islas a las que no debemos darles la espalda pese a su insistencia. No dejemos escapar el privilegio de sentir una tierra única que merece cohesión y horizontes comunes de acción para el interés de todos, independientemente del color político. Hagamos una oda al aguacate. Y recuerden, no tiren la pipa.

@luisfeblesc

LUIS F. FEBLES