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EL ABANICO ROSA VILLACASTÍN

2019: el año de los buenos propósitos

4/ene/19 6:19 AM
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Haciendo caso omiso de quienes auguran una fuerte recesión, he decidido empezar el Año Nuevo cargada de buenos propósitos. Para empezar, el día de Fin de Año no me puse nada rojo, ni bragas, ni sujetador, ni lacitos en la cintura, nada. Opté por el negro y plateado. Tampoco eché en la copa de champagne ningún pendiente, ni ningún anillo de oro amarillo y mucho menos me tomé las cuatro cucharadas de lentejas que, según los italianos, atraen a la buena suerte. Tampoco me levanté con el pie derecho.

Lo que sí me he propuesto, y espero cumplirlo, es cargar las pilas acudiendo al gimnasio un par de días a la semana. De momento, estoy viendo los que hay por la zona en donde vivo, para ver cuál me interesa más. Esto no es algo nuevo, ya lo he intentado en alguna otra ocasión y al final he desistido por falta de tiempo, y porque al no tener horarios fijos, las posibilidades de saltarme las clases de Pilates son infinitas, de manera que en esta ocasión he optado por matricularme en uno pequeño, donde no va mucha gente y puedo hacer yoga, que me relaja, y ejercicios con el asesoramiento de un monitor. Esto en cuanto a ponerme en forma, ya que al pasar tantas horas en el ordenador, hay días que apenas puedo moverme, porque quieras o no, según pasa el tiempo frente a la pantalla, las malas posturas se hacen crónicas.

Para evitarlo, me he comprado un cojín de los que anuncian en "La tienda en casa", que por lo que parece es mano de santo. Ya veremos si lo que dice la publicidad es verdad o no. La próxima semana he reservado hora en la nutricionista. Me gustaría perder un par de kilos, de esos que se instalan en las zonas nobles: la cintura y la tripa, y que no hay manera de quitar con las dietas express: un día a piña, otro a sopa de cebolla, chorradas que no conducen a nada bueno. De ahí que haya optado por una experta de reconocida valía para mi puesta a punto. Será ella la que me indique qué alimentos me convienen y cuales no. Soy de poco comer pero de mucho picar y eso no es bueno si quiero conseguir un "body" tipo Cristina Pedroche.

Sé que no lo voy a conseguir, pero lo voy a intentar. Y no lo voy a conseguir porque los años no pasan en balde, y porque no estoy dispuesta a ir fajada para evitar que se me marquen los michelines.

Ha leído bien: he dicho fajada, que es como van la mayoría de las presentadoras y actrices de cine para lucir cuerpos esculturales. Lo intenté una vez y juré que nunca más, ya que apenas podía respirar ni moverme. ¿Se acuerdan de aquella escena de Lo que el viento se llevó;, en la que la mami de la protagonista intentaba ajustarle un corpiño tres tallas menor de la suya?. Yo sí. Es horrible, pero no es una moda que solo afecte a las damas, no, conozco caballeros de alta cuna que se compran las camisas, o las chaquetas, dos tallas menos, y claro pasa lo que pasa, que pese a los esfuerzos por meter la tripa, les explotan los botones.

Lo decía mi madre: mejor que te quede holgadita la blusa a que vayas tan apretada que parezcas una longaniza. Era un poco exagerada, lo reconozco, pero tenía razón.

Con los años, el cuerpo se va adaptando a la necesidad de expandirse, de ahí la dificultad de que todo vuelva a su sitio, michelines incluidos. Yo lo voy a intentar y si no lo consigo pues tendré que cambiar la talla del pantalón, porque a lo que no estoy dispuesta es a pasar por el quirófano.

Aceptarme como soy es otro de mis buenos propósitos. ¿Lo conseguiré? No lo sé, en cualquier caso les invito a reencontrarnos el próximo año por estas fechas, más que nada para ver si el estilo Angelina Jolie ha entrado en mi vida.

EL ABANICO ROSA VILLACASTÍN