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GENTES Y ASUNTOS LUIS ORTEGA

Belenes y nacimientos

5/ene/19 6:11 AM
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El 24 de diciembre de 1223, tres años antes de su muerte, Francisco de Asís ideó y organizó la primera representación del Nacimiento de Cristo con los lugareños de la aldea de Greccio. Los franciscanos extendieron la costumbre por Europa y, desde el siglo XV, y principalmente en las iglesias de Italia y España, se montaron escenografías con la Sagrada Familia, la mula y el buey, los ángeles de gloria, los humildes pastores y los Magos de Oriente.

La difusión y popularización de esta moda se debió al más culto de los Borbones, Carlos III, que accedió a la Corona previa renuncia al Reino de Nápoles y Sicilia. En su equipaje trajo un amplio lote de figuras de terracota, modeladas en la Real Manufactura de Capodimonte. De 1760 en adelante, el Palacio del Buen Retiro se abrió en estas fechas para que los madrileños admiraran el ambicioso retablo que, junto a los hitos religiosos, representaron los trabajos, costumbres, diversiones, vicios veniales y virtudes comunes de los pueblos mediterráneos. El llamado Belén del Príncipe llegó a contar con más de seis mil figuras, de las que apenas se conserva un centenar, que se exhiben en el Palacio de Oriente.

Dentro de esta tradición piadosa y estética queremos destacar una noticia relacionada con el popular Belén de Las Nieves, que, por reducción patriótica (una forma como otra cualquiera para calificar el chovinismo), se había atribuido al escultor local Aurelio Carmona. Los profesores Leticia Arbeteta y Jesús Pérez Morera estudiaron un interesante conjunto de figuras barrocas y neoclásicas, algunas de delicada talla -el Misterio y los Reyes Magos- y otras de pastores y lugareñas de gran expresividad y gracia popular, actualmente en proceso de restauración por Isabel Santos e Isabel Concepción en el taller del Cabildo Insular.

En suma, una magra colección que se integra en los fondos museísticos del Real Santuario y que revela la evolución del belenismo palmero en tallas de madera y corcho, obras de candelero y encolados barrocos, algunas con curiosos testimonios de los trajes de faena y fiesta de las clases populares y un emotivo atrezzo de arquitectura rural.

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