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LA LAGUNA, ENCRUCIJADA ELISEO IZQUIERDO *

Cuando el coro de Tejina se derrumbó: una catástrofe que no llegó a tragedia (I)

5/ene/19 6:11 AM
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Don Fermín Cedrés tocaba en aquellos momentos el órgano de la parroquia de San Bartolomé con la inspiración y maestría proverbiales en él. Ya había anochecido en Tejina. Era el seis de enero de 1905. El Auto de los Reyes Magos, una de las pocas piezas del teatro religioso tradicional que se mantenían vivas aun en la isla, se representaba un año más en el interior del templo. Cientos de tejineros y de lugares cercanos e incluso de la ciudad asistían al espectáculo. Para verlo mejor, muchos de ellos -los periódicos aseguran que ochenta o más- habían logrado subir al coro alto de la parroquia. De pronto, se produjo un gran estruendo, seguido de gritos y ayes de dolor, en medio de una densa nube de polvo que impedía ver lo ocurrido. El coro, incapaz de resistir el peso de tanta gente, se había desplomado con enorme estrépito.

La prensa resumió en dos palabras cómo se vivieron los minutos inmediatos al inesperado suceso: pánico y confusión. "Centenares de personas, dice El Noticiero de Canarias -el periódico que más información ofrece de los hechos-, quedaron aprisionadas entre las maderas, y algunas fueron lanzadas violentamente sobre la multitud que ocupaba la iglesia".

Sigue siendo inexplicable que, a pesar de lo aparatoso del accidente, no ocurriera una tragedia de proporciones incalculables. El templo se hallaba abarrotado de fieles. Si bien el número de contusionados y heridos fue alto, pues rebasó el medio centenar, solo a tres se les diagnosticó pronóstico grave: José Hernández, conocido por "El manco", y Juan Galván, ambos con fractura de piernas, y Marcelino Hernández, con herida abierta en la cabeza. Diario de Tenerife añade a esta cortísima nómina un lesionado más por astilla clavada en un muslo.

Otras personas corrieron mejor suerte. El sochantre de la catedral de La Laguna Manuel Miranda, que probablemente participaba en la función religiosa, y su hijo, quedaron atrapados bajo el facistol, por lo que resultaran ilesos, lo mismo que dos músicos laguneros, cuyos nombres no registran las crónicas, que pudieron agarrarse a las molduras de una ventana y allí permanecieron hasta ser rescatados. Don Fermín Cedrés solo sufrió algunas magulladuras en el rostro, pues tomó parte, y lo hizo con éxito, en la velada literario-musical con que el Ateneo de La Laguna, fundado el año anterior, inauguró sus actividades artísticas en el teatro Viana, el día 22 del mismo mes. También sufrió golpes, solo que leves, Tomás González Melián, uno de los mayores contribuyentes del municipio, fundador en 1869 de la bodega "La Isleta". Tejinero de pro, era melómano y protector de algunas formaciones musicales del municipio; tanto es así que la banda "La Fe" acudió de manera espontánea al entierro de su esposa Ramona Rivero, en diciembre de 1901.

El órgano sí quedó totalmente destrozado. Los periódicos del archipiélago -todos se hicieron eco del suceso- lo reflejan. Hasta la política encontró una grieta por la que colarse y dar su nota. El liberal La Opinión de la capital tinerfeña criticaba, ridiculizándola [7.01.1905], la actuación del alcalde pedáneo de la localidad: "Como en todo hecho trágico siempre hay algo cómico, en este no faltó tampoco. Mientras en el suelo yacían, unas sobre otras, las personas que habían caído desde el coro y trataban de levantarse, el Alcalde pedáneo, atento más al cuidado de los intereses materiales que al de las vidas de las personas, increpaba a los que por casualidad y en los primeros momentos de confusión, pisaban los caños del órgano, que también se había venido con gran estrépito al suelo".

Todo hace pensar que el instrumento se recompuso como se pudo, aunque sin demasiada fortuna. Con toda probabilidad es el actual de la parroquia, que data de la segunda mitad del siglo XIX, construido por el organero inglés Theodor Bate, como otros órganos insulares de la época, según me ha confirmado la profesora Rosario Álvarez Martínez, reconocida experta en organología. Se encuentra en condiciones muy precarias.

El grave percance de hace ciento catorce años no supuso el fin de la interpretación anual del viejo auto tejinero de los Reyes Magos, pieza muy valiosa del teatro tradicional canario. Todo lo contrario. Con el transcurso del tiempo se ha ido enriqueciendo. Se sacó al exterior de la parroquia, se trasladó su interpretación a la víspera de la Epifanía y se ha ido adaptando a la sensibilidad de cada momento con la incorporación de nuevas tecnologías, pero sin perder su primitiva autenticidad. Hoy, cinco de enero, volverá a ser representado.

Con los Corazones de agosto, el auto teatral de los Reyes Magos es una de las dos expresiones más vigorosas de la identidad cultural y la sensibilidad artística del pueblo de Tejina y del acervo cultural de Tenerife.

* Cronista oficial de San Cristóbal de La Laguna

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