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Una burbuja interestelar gigante crece en la galaxia de Andrómeda

Santa Cruz de Tenerife, Efe
9/ene/19 20:18 PM
eldia.es

Santa Cruz de Tenerife, Efe Un equipo internacional en el que participan investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y la Universidad de La Laguna (ULL) ha descubierto una enorme burbuja que se está "hinchando" por las erupciones regulares de un sistema estelar binario dentro de Andrómeda, la galaxia espiral más cercana a la Vía Láctea.

El estudio es publicado hoy por la revista Nature y, según sus redactores, este descubrimiento proporciona una valiosa información física y se trata de la explosión de una de las supernovas más cercanas observadas desde los telescopios, informa el IAC

Las novas son estrellas que aumentan su brillo aparente de forma súbita y se denominaron así porque se creía que eran nuevos astros que aparecían en el cielo aunque en la actualidad se sabe que son producidas por estallidos termonucleares en la superficie de enanas blancas que forman parte de sistemas binarios, donde una de las estrellas absorbe la masa de la otra que la acompaña.

Cuando este proceso se repite con cierta periodicidad, se denomina nova recurrente.

La nota del IAC indica que con casi 400 años luz de diámetro, y aún en crecimiento, la nebulosa que rodea a la nova recurrente “M31N 2008–12a” es mucho mayor que un remanente de nova típico (generalmente alrededor de un año luz) e incluso más grande que la mayoría de los remanentes de supernova.

Las observaciones de esta nube de gas y polvo cósmico fueron realizadas con el Telescopio Espacial Hubble (HST, por sus siglas en inglés) y con el Telescopio Liverpool, que se encuentra en el Observatorio del Roque de los Muchachos (ORM), en el municipio palmero de Garafía.

La información recopilada por ambos telescopios se apoyó en datos espectroscópicos obtenidos con el Gran Telescopio Canarias (GTC), también en el ORM, y con el Hobby-Eberly Telescope, situado en el Observatorio McDonald de Texas.

Matt Darnley, autor principal del trabajo e investigador del Astrophysics Research Institute de la Universidad John Moores de Liverpool (LJMU) explica en la nota que cada año, esta nova recurrente sufre una erupción termonuclear en la superficie de su enana blanca y estas erupciones son esencialmente bombas de hidrógeno, que expulsan una cantidad de material equivalente a aproximadamente la masa de la Luna en todas las direcciones a velocidades de unos 1.000 kilómetros por segundo.

Estas nuevas observaciones, junto con avanzadas simulaciones hidrodinámicas llevadas a cabo en la LJMU y la Universidad de Manchester, han revelado que esta enorme cáscara nebular no se nutre de los restos de una única erupción de nova, sino posiblemente de millones de erupciones originadas en el mismo sistema de dos estrellas.

Además de su singularidad y de su gran tamaño, el descubrimiento de este ‘súper remanente’ puede proporcionar valiosa información física ya que, según el especialista, podría explicar cómo algunas enanas blancas crecen hasta llegar a su masa crítica, y cómo explotan como una supernova de tipo Ia, que son herramientas fundamentales para comprobar cómo se expande y crece el Universo.

Rebekah Hounsell, segunda autora de este estudio e investigadora postdoctoral en la Universidad de Pennsylvania, agrega que las supernovas de tipo Ia están entre las explosiones más grandes del Universo y a la vez son indicadores cosmológicos muy importantes y precisa que la nova recurrente M31N 2008–12a es uno de los progenitores de supernova de tipo Ia más prometedores hasta la fecha.

Por su parte, Pablo Rodríguez-Gil, coautor del artículo e investigador del IAC y de la ULL, destaca que los investigadores sabían que la nova recurrente finalmente explotaría como una supernova de tipo la en menos de 20.000 años, un tiempo muy corto en términos cosmológicos.

Rodríguez-Gil afirma que una pieza que falta en este puzle es determinar la naturaleza de la estrella compañera que proporciona el material a la enana blanca y añade que aunque el brillo de esta estrella es extremadamente débil, su detección está al alcance de los telescopios más grandes, como el GTC.