Criterios
ENRIQUE MARTÍN BRAUN

Vuelta a la anormalidad

9/ene/19 6:34 AM
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De las señales que indican que los días festivos han finalizado es la desaparición de ambientes ruidosos y peligrosos (excesivos petardos), y también el fin del escenario agradable y chispeante que proporcionó la gente joven que se divirtió por toda la isla. Mientras los más pequeños han descubierto los nuevos juegos en tabletas y acceso a todas las redes, los mayores se han dedicado a echar cuentas (la utilización de las tarjetas de crédito tiene la discutible ventaja de poder gastar irresponsablemente -responsablemente para la banca-), cuentas que les conducirán en un breve plazo a un mundo francamente complicado. Pero estos días que han pasado, en los que se han transformado a los Reyes Magos en portadores de, en la mayoría de los casos, objetos de dudosa utilidad, poco importa el desajuste de los bolsillos y sí, mucho, la ausencia de detalles sinceros.

Otro de los indicadores es aquel que nos sumerge de nuevo en las múltiples interpretaciones (anormalidades) de lo que puede suceder a lo largo de este año que ahora comienza rodeado de especulaciones y expectativas ante maniobras que pueden brotar a raíz de los resultados de las elecciones andaluzas. Todos los grupos políticos se precipitan en utilizar infinidad de argumentos para embaucar al común ante los comicios de mayo. Se trata de presentar, con una eficaz verborrea, abanicos de realizaciones multicolores, la mayoría a punto de realizarse y otras de iniciarse. Es el momento en el que los medios de comunicación se convierten en soportes de mensajes que esconden un sinfín de trampas que, a la pregunta impertinente, se convierten en "errores subsanables". El horizonte que nos dibujan estos artistas de lo público está formado por un atractivo escenario blanco, azul y amarillo, capaz de cobijar a todos los canarios bajo un mismo mar. Lo que sucede es que el mismo mar, según Marruecos, no nos pertenece y las costas, según Madrid, tampoco. El origen de estos desatinos debe buscarse muy lejos de aquí, en despachos enmoquetados donde apenas conocen en qué lugar se hallan las Canarias (en expresión goda). El último mapa-regalo del ministro Ábalos al alcalde de Santa Cruz es una excelente muestra de la ignorancia progresiva de unos mediocres que deciden desde Madrid lo que se hace o no en el Archipiélago. Seguro que la alcaldesa de Barcelona no recibió un obsequio similar en el que figurara el reino de Aragón y, en pequeñito, el condado de Barcelona.

Desde las distintas administraciones se endulza la penosa situación social con objetivos que despierten las ilusiones en sectores dormidos y abobados a la fuerza por las circunstancias adversas que atravesamos sin ningún viso de solución. Aunque las comunicaciones gubernamentales se empeñen en llegar al ciudadano en positivo, lo cierto es que aún no se ha superado la crisis. Al contrario, a medida que transcurren no ya los meses sino los días, las noticias que se van conociendo sobre la economía española apuntan, incluso, hacia la penúltima posición entre los países de la Unión Europea. El déficit español supera ya el billón de euros y los analistas afirman que jamás podrá saldarse esa deuda, pero sí disponer de 60.000 millones para salvar a los bancos.

Pero a nuestro Archipiélago, el actual Ejecutivo central no sólo le ha hurtado dineros que le pertenecen, sino que ha enviado una embajada a Lanzarote para recordarnos que los godos siguen existiendo y, además, con aires colonizadores. Habría que recordar al ilustre inquilino, que nos abandonó el pasado sábado, lo que significa visitar unas tierras que forman parte del Estado de las Autonomías, es decir, España. Que existe un presidente de todos los canarios, además de siete gobiernos insulares. Que La Mareta es Patrimonio del Estado pero, curiosamente, está asentado sobre un territorio insular al que se ha despreciado por unos mínimos conocimientos de educación política y personal. Las instituciones están para consolidar el estado democrático y, sin ni siquiera con los Reyes Magos, estas no son respetadas y el descrédito que se extiende por la ciudadanía da lugar al nacimiento de los populismos extremos. Y es que, además, este inquilino instruido con master ha soslayado, alegremente, el Estatuto de Autonomía y el Ref, dos logros canarios que han costado años de esfuerzos dialécticos y de otro tipo. Hemos tenido la mala fortuna de que los Magos de Oriente nos regalasen un reactor político que es incapaz de cumplir las leyes con Canarias y que, tras la moción de censura y la ceguera que le produce el poder, no tiene otra opción que apoyarse en 84 diputados, independentistas catalanes y, por si faltaba algo, en terroristas. No estamos acostumbrados, aquí en Canarias, a entender este tipo de aritmética política, a pesar de que la irregularidad de los caminos que han tomado los dineros que debieron llegar a las Islas en la última década, nos ha conducido a una situación resignada, alejada del godismo, pero incrustada desde los tiempos de la conquista a base de palos y que ha contribuido a asfixiar nuestra economía. La anormalidad descansó en La Mareta.

ENRIQUE MARTÍN BRAUN