Cultura y Espectáculos
BOCADOS DE REALIDAD (XXXIV) POR MATÍAS FERNÁNDEZ

La cuesta de enero

13/ene/19 6:38 AM
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La cuesta de enero

Silencio se rueda. Las luces se apagan y solo se divisan los puntos de mecheros encendidos o pantallas de móviles. Resuena una versión 2.0 de la canción de Mecano: "entre el Black Friday y los Reyes Magos hay alguien con tendencia a quedarse sin saldo de tanto gastar". Las empresas privadas y las Administraciones Públicas complican aún más ese enero pagando la doble paga antes de Nochebuena y los padres y madres han adquirido el hábito de regalar los Reyes en Papá Noel. Todo torna en extremadamente caótico desde la usurpación capitalista del obispo cristiano, San Nicolás, y su conversión en Papa Noel por la Coca-Cola, haciendo cambiar el color de su equipaje del verde al rojo. Ese cambio solo encuentra similitud en la transformación de Anakin Skywalker en Darth Vader.

Cuesta de enero, ¿cómo lo llevas? ¿Sinceramente?... Malamente (eso es) (así sí). Malamente (tra, tra). Mal, muy mal, muy mal, muy mal, muy mal (mira). Malamente (toma que toma)? En la cuesta de enero estamos, ya rozando desniveles del 15 %. Imagino a Bermúdez y Patricia metiendo marcheta en una gran cuesta con desnivel de etapa reina de Los Pirineos, allí por Icod, en las calles de San Antonio, el Plano o Hércules, cruzándose en su ascenso con docenas de tablas de madera con kamikazes colocados en un soporte en la parte delantera. A todo trapo, deslizándose hasta estrellarse al final del recorrido contra una montaña de neumáticos. La ventaja de Bermúdez y Patricia es que cualquier cuesta pronunciada en esta isla conduce a un guachinche. Salvo ellos, ¿cómo lo llevamos los demás? Malamente. Mal, muy mal, muy mal, muy mal, muy mal. Malamente.

Y continuamos la mezcla en el plato, igual que en un buffet. Los propósitos de año nuevo con la histeria colectiva que nos conduce al Carnaval... "desde muy lejitos vengo, Santa Cruz para cantarte, en tu corazón isleño tengo un fisquito de parte...". Desde tan lejitos viene, exactamente desde la cuesta de enero. ¿Y cómo enfrentarnos a esa cuesta al nacer cada mañana, mientras el Carnaval se hace alondra entre murgas y comparsas? ¿Sinceramente quieres que te responda?... Malamente (eso es) (así sí). Malamente (tra, tra). Mal, muy mal, muy mal, muy mal, muy mal (mira). Malamente (toma que toma)? Porque aún se producen efectos colaterales... algo así como aquella frase de John Benjamin Toshack: "Mis jugadores han corrido hoy por el campo como pollos sin cabeza". Una definición intemporal para aplicar en este cruel enero que se presenta "sin belleza ni simpatía, sin derroche de fantasía noche y día sin cesar". Han pasado las celebraciones y los regalos, es verdad. Sin embargo, comienzan las rebajas y la publicidad nos invita a seguir gastando. Volvemos a la rutina, se acabaron los planes sociales y los excesos. Delante del espejo aparece la solución del gimnasio y el 2018, ha sido un año? ¿cómo definirlo?... Bueno allá va, ha sido un año: Malamente (eso es) (así sí). Malamente (tra, tra). Mal, muy mal, muy mal, muy mal, muy mal (mira). Malamente (toma que toma)?

Desde el Atlántico me llega un rumor que me sirve de placebo esperando a febrero: "Santa Cruz eres reina entre los mares, mil arrullos de cantares para vivir y soñar". ¿Y la luz? Continúa el invierno y las pocas horas de luz nos pasan factura al estado de ánimo y a la energía. Y hace un frío que pela, esta última semana la ciudad ha amanecido con catorce grados, no me sorprendería que los renos de Papá Noel se hayan quedado en el parque de La Granja. Las facturas se acumulan encima de la mesa de mi despacho. Empezando por el alquiler de la casa. Los arrendamientos siguen subiendo mes tras mes, da la sensación de que ni llegan a tocar techo, ni hay tendencia a moderarse. Nunca me he planteado en estos últimos años comprar una vivienda. Ese sería otro problema con el Euribor al alza y con Matías Prats apareciendo en mis pesadillas ofertándome la hipoteca naranja a veinticinco años junto a Albert Rivera. Sin duda, sería más sugestionable si la propuesta la realizara Inés Arrimadas, que aunque sea jerezana hace que me venga arriba y cante: "Esos ojitos que tienes, ay mi niña chicharrera (jerezana), bien clavaditos los tengo hasta el día en que me muera". Sin ella, todo lo veo? ¿Cómo expresarlo? Malamente (eso es) (así sí). Malamente (tra, tra). Mal, muy mal, muy mal, muy mal, muy mal (mira). Malamente (toma que toma)?

Entre murgas y comparsas el recibo de la luz, el gas y las telecomunicaciones, intento, sin tomarme una Heineken, pensar en verde. Afortunadamente, no tenemos autopistas de peaje, lo cuál no significa que no fueran aconsejables viendo las colas en la TF-5. ¿Cómo saneo las vías de agua en el presupuesto de la agencia, además de moderar el nivel de azúcar ingerido durante las fiestas? La Organización de Consumidores y Usuarios vela por mí y recomienda "revisar las costumbres cotidianas y ajustar los gastos, sin grandes esfuerzos pero con elecciones adecuadas para superar así la cuesta de enero". Con mi trabajo, y mis casos, ya es un milagro llegar vivo a media noche, así que no entra dentro de mi Top-Ten de preocupaciones reducir la inversión en planes de ocio, en establecimientos de restauración o en la compra de productos textiles. Si tuviera un asesor me animaría a revisar los contratos de luz, gas, teléfono e internet, así como los seguros que tengo contratados. La gestión (cambio de compañía o renegociación de condiciones) será seguramente por teléfono y me llevará un rato en el que lo pasaré, ¿cómo decirlo? ¡Ah, ya!...Malamente (eso es) (así sí). Malamente (tra, tra). Mal, muy mal, muy mal, muy mal, muy mal (mira). Malamente (toma que toma)?

La Comunidad Autónoma me dará buenos consejos (no sé si me saldrán gratis) a la hora de hacer la bolsa de la compra. Narvay Quintero, desde la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas, me recomendará comprar productos de temporada. A la hora de elegir la isla, la publicidad institucional me llevará, como en una cinta mecánica, hacia El Hierro. Allí, en el genuino Meridiano 0, compararé los precios por kilo o litro. Y aunque no encuentre ahorro alguno habré tenido la experiencia, casi religiosa, de haber aterrizado en el micro aeropuerto de El Hierro. Por lo demás, todo? Malamente (eso es) (así sí). Malamente (tra, tra). Mal, muy mal, muy mal, muy mal, muy mal (mira). Malamente (toma que toma)?

Y aparece la palabra mágica, esa que abre hasta la cueva de los cuarenta ladrones: El ahorro. ¡Ay, cristiano! -diría mi abuela- ¿De dónde va usted a ahorrar? Y como buena gaditana compartirá conmigo su augurio: "Se ha puesto la noche rara. Han salí'o luna y estrellas. Mejor no salir a verla?". Le haré caso por si alguien en el Ayuntamiento se le ha ocurrido aprobar alguna tasa a la observación de la magia de la noche.

BOCADOS DE REALIDAD (XXXIV) POR MATÍAS FERNÁNDEZ