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El laboratorio del mar

La Dársena Pesquera alberga el Centro Oceanográfico, uno de los diez del IEO, donde decenas de investigadores trabajan en los proyectos pioneros relacionados con el medio acuático.
J.D.M.
13/ene/19 6:38 AM
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El director del Centro Oceanográfico en Canarias, José Luis López Abellán./JESÚS ADÁN

J.D.M.

Vía Espaldón, Parcela 8, Dársena Pesquera (Santa Cruz). Es la dirección de la ciencia en la isla y en Canarias, el "laboratorio del mar". Léase Centro Oceanográfico, uno de los diez en el estado del Instituto Español de Oceanografía (IEO). En el margen derecho de la autovía de San Andrés se ubica este gran edificio de 8.400 metros cuadrado "diseñado para la ciencia" por los arquitectos Ramiro Cuende y Chago Gutiérrez. Allí trabajan a diario unas cincuenta personas entre científicos y otro personal (44 en plantilla, el 84% investigadores). Al frente, Luis José López Abellán, en el IEO desde 1981, director a partir de 2015 "y hasta este año porque me jubilo". Lo apunta este hombre alto, exjugador de baloncesto (recuerden los más viejos el grito de guerra Nauticoó, Nauticoó, y los más jóvenes esperen a una próxima entrega). Afable y bastante más joven en apariencia de lo que dice su DNI (Murcia, 1954). Recibe a El Día y acompaña durante el recorrido por unas instalaciones muy poco conocidas por el público en general. Advierte de que "estamos en temporada baja de la actividad".

Fachada del Centro de Oceanografía de Tenerife, en la Dársena Pesquera de Santa Cruz./JESÚS ADÁN

El inmueble está distribuido en tres plantas (baja y dos pisos) de similar diseño. Las zonas de acceso público, más cerca de la puerta, y las dedicadas a la investigación al fondo. A la entrada, dentro de una idea de próxima apertura a la sociedad a través de la Factoría Puerto-Ciudad, paneles explicativos de qué se hace y objetos antiguos relacionados en su mayor parte con la oceanografía. Piezas de un museo a mostrar.

López Abellán explica: "Hay que comunicar y enseñar, pero con cuidado. Es clave impedir el estrés a todos los niveles, incluidos a los animales. Por eso no es conveniente las visitas de niños de determinada edad. Pero estamos siempre abiertos a la comunidad educativa porque otra de nuestras razones de ser es despertar las vocaciones científicas en los jóvenes".

Además, el centro "organiza unas jornadas de puertas abiertas en noviembre en las que no paramos para mostrar lo que hacemos. Pero si nos dedicáramos solo a las relaciones públicas no nos quedaría tiempo para trabajar".

Una sala de juntas presidida por el fundador del IEO en 1914, Odón de Buen, y un coqueto salón de actos con capacidad para 190 personas presiden la planta baja. Luego está la zona de administración y un despacho de dirección que "utilizo poco", asegura quien lo ocupa oficialmente.

El edificio cuenta con múltiples espacios como despachos o zonas comunes o una biblioteca y otros ideales para la didáctica que, asegura López Abellán, "solemos ceder cuando lo solicitan".

Luego, siempre con López Abellán de cicerone, llega el acceso a los laboratorios. Por ejemplo, a la sala de muestreo, ahora vacía, donde se analiza el pescado. La intención es poder evacuar directamente los residuos generados.

"Asaltamos" a Chus Mari, un oceanógrafo que rezuma actividad. Bata blanca de rigor y probetas en un entorno clásico del científico. Un poco mas allá Pepe, técnico, a quien esperan tener pronto en plantilla, también se afanaba en tratar distintos líquidos. Todo con complicada traducción para el neófito, pero propio del ritual.

El Centro Oceanográfico de Canarias fue fundado en 1927. La mayor parte de ese tiempo (estuvo primero en Las Palmas) tuvo su sede en el margen izquierdo de la autovía de San Andrés, sentido barrio marinero. Pero en enero de 2007, recuerda el director, "sufrimos el tercero y más importante de los desprendimientos de rocas de la ladera que obligaron a evacuar el edifico". Este quedó entullado (sigue así) y durante cinco largos años los científicos vivieron su particular exilio.

Después de diversos avatares con la reconstrucción iniciada en 2008, en septiembre de 2011 se inauguró el actual edificio, siendo director Eduardo Balgueiras, que fue ocupado a partir de 2012. Un inmueble sostenible y de gran eficiencia energética situado en terrenos de la Autoridad Portuaria en parte ganados al mar y cimentados con micropilotes.

El IEO, y por lo tanto el Centro, depende de la Secretaría General de Coordinación de Política Científica del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Dedicado a la investigación de Ciencias del Mar tiene diez centros en el estado con 60 millones de euros de presupuesto y 560 trabajadores. Tres son sus grandes áreas temáticas: recursos vivos marinos y pesquerías; medio marino y protección ambiental (un momento "pico" fue la erupción submarina del volcán de El Hierro en 2011), y la acuicultura.

Pero volvamos a la visita guiada. Tras recorrer el edificio resta visitar "la joya": la planta de cultivos. Basta cruzar la calle para pasar a las naves anexas y entrar en el apasionante mundo de la acuicultura. Con dos objetivos: el consumo humano y la lucha contra el cambio climático. Y en parte con financiación europea.

Allí espera Virginia, tan remisa a aparecer en las imágenes como extraordinaria al explicar lo que se hace. Además de las clásicas lubinas y doradas hay otros proyectos ambiciosos de cara a la alimentación y el consumo como el de los pulpos en cautividad -el logro colectivo de un equipo liderado por el científico Eduardo Almansa- o los medregales (también hay meros, pero para garantizar la reproducción de la especie). Con Virginia y Luis José la ruta lleva luego a donde se prepara el alimento con microcustaceos al tratarse de "un cultivo integral, con el ciclo completo, desde las larvas hasta los ejemplares adultos".

Resulta apasionante comprobar cómo los tanques simulan de manera perfecta la naturaleza en la que estos animales se crían.

El momento culminante es la entrada en la nave donde se hallan los pulpos (cinco hembras y tres machos adultos, y otros tres pequeños, en ese momento). Bea los mima y trata con cariño. Apunta que la hembra muere cuando pone para tener crías y que hay que tener cuidado con todo: la luz, el espacio, precintar los tanques porque se escapan... Tienen un número asignado, pero Bea recuerda: "Tenemos una Virgen María, porque no se sabe cómo la fecundaron en Navidad". O que hubo un Pablito, de los primeros en crecer en cautividad, bautizado así por el pulpo Paul del Mundial de Sudáfrica. Cosas de la ciencia.