Sociedad

"Un presupuesto participativo no es un reglamento de participación"

Loli Hernández y Tomás Villasante, profesores universitarios ya jubilados, muestran su experiencia en la democracia participativa desde pequeños pueblos a capitales como Sevilla.
José D. Méndez, S/C de Tenerife
11/feb/19 6:24 AM
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José D. Méndez, S/C de Tenerife

Loli Hernández y Tomás R. Villasante son profesores universitarios, ya jubilados, con mucha experiencia en fenómenos como la democracia participativa o los denominados presupuestos participativos, tanto a nivel estatal como en América Latina, cuya mayoría de países han recorrido. Ella ejerció en la ULL, impartiendo clases de Trabajo Social durante 25 años, y él Sociología en la Complutense. Sus conocimientos teóricos y de praxis en distintos ámbitos los muestran ahora en sus charlas.

Inciden en dos aspectos. Por un lado, apuntan, "existe método científico para discutir primero y decidir después, a través del voto en asambleas abiertas a todo el mundo, qué priorizar para gastar el dinero destinado en el presupuesto por los ayuntamientos".

Por otro, "esto es posible llevarlo a la práctica. Residimos parte del año en Zarzalejos, un pueblo de 1.500 habitantes de la sierra de Madrid, y ha sido realidad los últimos años. El pasado los 100.000 euros designados se gastaron en unir las dos partes del pueblo y equiparlo con parques infantiles. En este, serán para un gimnasio y un nuevo parque además del cambio a bombillas LED".

Pero no solo es factible en un pueblo pequeño. Así, recuerdan, "el municipio de Sevilla, capital de Andalucía con 700.000 habitantes, tiene, por ejemplo, uno de los mejores carriles bici del estado por decisión de las asambleas en 18 de los 21 barrios de la ciudad. Y el más reciente ejemplo es Badalona con 200.000 habitantes".

Loli y Tomás aclaran que "un presupuesto participativo no es un reglamento de participación ciudadana aunque puedan confundirse los términos".

Apostillan que "la democracia representativa que conocemos está bien como superación de regímenes autoritarios, pero tenemos que seguir avanzando porque no basta con votar cada cuatro años. Tampoco es muy sano para la participación que todo quede en manos de personas representantes. Como mucho portavoces y siempre rotatorios".

Reflexión: "Las democracias participativas están basadas en la búsqueda de consensos, en la escucha de las razones sin anteponer a las personas que las dicen y en trabajar de forma colectiva los problemas y los posibles caminos a transitar, para después de haber tomado estas decisiones, y no antes, nombrar colectivamente a las personas más adecuadas. Llevan a cabo el cometido y ahí termina su mandato".

"Es fundamental, añaden, tener método, unas metodologías que posibiliten los procesos. Es muy importante contar con personas que faciliten. Esa forma horizontal de organizarse, sin líderes, requiere provocadores que sepan sacar la parte creativa de los grupos y manejen los conflictos que surjan aparte de conocer bien la metodología. Es bueno que existan grupos motores formados por gente lo más diversa posible para que el liderazgo sea grupal, temporal y abierto".

Conclusión: "Estas democracias no están en contra de las representativas, pero son complementarias y van mucho más allá, propiciando una educación hacia la toma de decisiones colectivas".

Loli Hernández

socióloga y experta en presupuestos participativos

Tomas R. Villasante

experto en democracia participativa

Charco de la Arena

Un ejemplo cercano es la defensa del uso público del Charco de La Arena, en La Punta del Hidalgo, y de la costa, en general. No hay liderazgos (eso sí, les acompañó Isabel, memoria viva, vecina y portavoz, entre otros), sino compromiso colectivo de un grupo amplio, abierto y diverso. Han recogido en muy pocos días más de 1.000 alegaciones. Hoy, a partir de las 19:00 horas, el Centro Ciudadano del núcleo costero será escenario de una reunión clave. Desde hace años, Loli y Tomás residen aquí en invierno y han desarrollado trabajos con el Ayuntamiento de La Laguna, cuyos presupuestos participativos están a punto de implantarse. Deben cumplir unos mínimos reflejados en los denominados Principios de Bogotá o Antequera por las ciudades de donde emanaron. Entre ellos, un Autorreglamento del grupo motor; tiempo suficiente (cerca de un año) para el proceso; toma de decisiones con metodologías participativas y que el gobierno municipal acuerde previamente una cantidad (entre el 10 y el 20%) y asuma presentar al pleno las propuestas.