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A BABOR FRANCISCO POMARES

Suspense hasta mañana

14/feb/19 6:25 AM
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Después del esperado batacazo, hemos sabido que Pedro Sánchez comparecerá mañana, tras la reunión de sus ministros y ministras, para anunciar cuándo convoca elecciones. Ayer, los socialistas daban por segura la convocatoria de elecciones, pendientes sólo de que Sánchez deshoje la margarita de si serán el 28 de abril o iremos a un superdomingo en mayo. Todo un catálogo de dirigentes municipales y regionales, amigos y adversarios, salieron al patio a recordarle a Sánchez la catástrofe que supondría convocar todas las elecciones juntas, rompiendo una tradición que se remonta al inicio de la Democracia, y que consiste en no hacer coincidir nunca la convocatoria de las generales con unas municipales y regionales. Hay razones de todo tipo y pelaje para desaconsejar unir las convocatorias. La primera es la monumental confusión que va a producir en el cuerpo electoral el tener que manejarse con cinco urnas simultáneamente (en Canarias con siete), pero hay incluso razones más sofisticadas, por ejemplo, la que reclama no confundir una campaña electoral legislativa (en la que se presentan las ofertas políticas generales de cada partido, las que tienen que ver con los asuntos nacionales), con una campaña en la que se debate los problemas municipales o regionales que afectan a los ciudadanos. Hacerlas coincidir no es algo expresamente prohibido por la ley, pero nadie se ha atrevido hasta ahora. ¿Por qué querría hacerlo Sánchez a pesar de la oposición unánime de sus barones, sus socios y sus adversarios? Básicamente porque le beneficia: polariza la política, la hace frentista y además arrasa a los partidos más localistas. Como Coalición Canaria o Nueva Canarias aquí. Además, el PSOE vive desde hace un par de años instalado en un inacabable conflicto interno. Los resultados de las últimas elecciones en Andalucía, donde por primera vez desde el inicio de la Autonomía los socialistas perdieron el poder regional, demuestran que la actitud de Sánchez en relación con el problema catalán puede pasarle factura al PSOE. Por eso, la mayor parte de los aparatos de poder del socialismo español se sienten desmotivados ante la forma en la que Sánchez lleva las cosas. Parece que no ocurre así con las bases del partido, más radicalizadas, pero sí pasa a los dirigentes. Por eso, Sánchez teme que las organizaciones socialistas no se vuelquen en la campaña si ésta sólo le afecta a él, pero sabe que hasta el último alcalde del PSOE tocará a rebato a los suyos si las generales coinciden con las municipales, porque será también su propio trasero y sus edilicias canonjías lo que se ponga en juego.

Lo razonable sería mantener el sabio criterio de separar procesos electorales y convocar a las urnas (a solo dos urnas) el 28 de abril. No retrasar las elecciones hasta que a Sánchez le convenga. Pero por tratarse de quien se trata, la mayoría no tenemos muy claro si eso será lo que Sánchez haga. Quizá convoque el superdomingo con siete urnas que todo el mundo teme. Por si lo hace, conviene recordarle que hay ya unas cuantas regiones con estatutos de segunda generación que permiten convocar sus propias elecciones al margen del calendario nacional. Y que ahora Canarias es una de ellas.

A BABOR FRANCISCO POMARES