Criterios
JUAN DEL CASTILLO

Oro de la isla para los alfombristas orotavenses

26/abr/15 6:36 AM
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El pasado día 17 tuvo lugar en el Salón Noble del Palacio Insular la entrega de la Medalla de Oro de Tenerife a la Asociación de Alfombristas de La Orotava. Con el recinto lleno de público, hizo su entrada el presidente de la Corporación Insular, el competente y celoso Carlos Alonso Rodríguez, precedido de maceros vestidos a la vieja usanza y flanqueado por los vicepresidentes, Aurelio Abreu y la orotavense Cristina Valido. Entre los asistentes, varios consejeros del Cabildo -como el villero Dr. José Casañas-, autoridades civiles, militares y eclesiásticas, el laborioso alcalde de La Orotava, Francisco Linares -arropado por los concejales Juan Dóniz, Narciso Pérez y David Benítez-; el presidente del Centro Icodense, José Luis Díaz, y los escritores Juan Julio Fernández y Antonio Luque. Y, por supuesto, el variopinto mundillo del alfombrismo local: el decano Pérez Béthencourt, los directivos Eustaquio Bello y Javier Méndez, el maestro Domingo González -que dirige a los veinticinco artistas que confeccionan el inmenso tapiz de la plaza del Ayuntamiento-, Javier y Sergio Martín y, en fin, Nicomedes Rodríguez, nuestro cónsul en Puenteareas (Pontevedra).

La velada comenzó con la lectura del acuerdo plenario por el secretario general del ente, mi compañero José Antonio Duque. A continuación, abrió el turno de oradores Jesús Rodríguez Delgado, que es, desde su fundación, en 1990, hace veinticinco años, el celoso e infatigable presidente de la asociación que engloba a trescientos alfombristas. Sus primeras palabras fueron invocando las recurrentes del recordado exalcalde y veterano alfombrista Isaac Valencia -también presente en la sala-: "Hoy es un día histórico para la Villa"... Y siguió con el bonito e ilusionante fin de la entidad: "Velar por el legado de nuestros mayores y transmitírselo a nuestros hijos".

Se refirió luego a cuantos intervienen en el minucioso proceso de elaboración de tapices y corridos -o cadenetas o saragatas, como las llamaba el legendario Valladares-: las deshojadoras de flores -para Sánchez Parodi, romántico oficio que solo había visto en La Orotava-, los recolectores de las perfumadas retamas y las multicolores arenas del Volcán, los cargadores de las andas del Corpus -nuestros invisibles costaleros-... Y expresó, por otra parte, su gratitud al pleno de la Corporación Insular por haber aprobado, por unanimidad, la honrosa distinción. El dinámico Rodríguez terminó con una promesa: "Llevaremos la Medalla con orgullo y el próximo 11 de junio, jueves de la Octava de Corpus, les esperamos en la Villa. De seguro que este año nos superaremos, si cabe, muchísimo más".

A continuación, leyó su discurso el presidente del Cabildo, Carlos Alonso. Entre otras cosas, dijo: "Jamás pensó doña Leonor del Castillo que esa idea de realizar con su familia una alfombra con adornos florales para el paso del Santísimo, a las puertas de su casa, calaría tan hondo en el corazón de los villeros". Y salpicó el texto con metáforas cargadas de sentimiento y belleza: "Es la celebración de la familia, de los abuelos que dirigen la labor, de los padres que ejecutan y de los más pequeños que destrozan mientras juegan con los pétalos. Es la celebración del color..., y del olor a brezo y aromas multicolores".

Alonso sentenció: "La festividad del Corpus Christi se celebra en muchos lugares, pero me atrevo a afirmar que en ninguno como en La Orotava". El parlamento del presidente de la Isla terminó así: "Las sombras de nuestros mayores se pasean por las calles empinadas de La Orotava para comprobar cada año el trabajo bien hecho. Son ellos los que les vigilan para hacerlo cada año mejor y estarán orgullosos del legado que han dejado. Les toca a ustedes mantenerlo y transmitirlo".

La parte musical estuvo a cargo del cuarteto de clarinetes Ensemble Villa de La Orotava, que cosechó encendidos aplausos; terminó con la interpretación de "Fiesta de las Flores", de Santiago Reig, antiguo director de la Banda del Regimiento de Infantería de Tenerife.

Las alfombras son la bienvenida de lujo del pueblo a sus visitantes ilustres -¡larga nómina!: la Armada y el ministro de Marina, Eduardo Cobián, Alfonso XIII, la popular infanta Isabel ("la Chata"), Juan Carlos I y la reina Sofía (entonces, Príncipes de España), los generales Primo de Rivera y Franco, el nuncio Antoniutti...-, nuestro mejor escaparate de cara al mundo, la tarjeta de visita de los orotavenses extramuros del Valle. En fin, la más carismática seña de identidad de la Villa de La Orotava.

Por cierto, en estos días que preparo la presentación del último libro de mi amigo Alfonso Soriano, "Canarios al servicio de la Corona", compruebo que su tradicional docena de títulos de Castilla casi ha desaparecido... Viene a cuento, pues, el veredicto de la poetisa cubana Dulce María Loynaz en su libro "Un verano en Tenerife" -citado por el doctor Victoriano Ríos en el pregón de 1994-: "...Aquella espiritual idea, hija de mentes femeninas dio más interés a La Orotava que todos sus marquesados y sus fueros".

JUAN DEL CASTILLO