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El efecto Quevedo

7/jul/17 5:59 AM
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Igual es posible que la gente de Nueva Canarias esté padeciendo los efectos eufóricos de una sobredosis de importancia. Siendo honestos, tienen razones para estar contentos porque lo han bordado en sus negociaciones con Madrid. Pero han cogido carrerilla y corren peligro de que se les vaya la olla. Decir -como han dicho- que Montoro ha subido el techo de gasto porque se lo ha exigido Nueva Canarias es tirarse una ventosidad de mayor tamaño que el esfínter trasero por la que sale.

Los nacionalistas canarios han ordeñado razonablemente bien a Rajoy, pero no han sacado de Montoro y de Hacienda nada que no estuviera previsto. Durante la gran crisis, el comportamiento de Madrid con Canarias fue casi criminal. A las Islas se le aplicaron recortes y restricciones financieras con los mismos criterios que al resto de los ciudadanos continentales, maltratando a dos millones de personas de la comunidad más lejana y empobrecida del país. Llegó la hora de pasar factura y lo que consiguieron Coalición y Nueva Canarias, sin restar ni un ápice de su mérito, no es más que restituir un tratamiento diferenciado para los diferentes; unas políticas especiales para el Archipiélago canario, algo que había sido una tradición incluso en las peores épocas del centralismo español.

Si Montoro ha subido una décima el techo de gasto, del 0,3 al 0,4, el equivalente a unos mil millones de euros, es porque necesita entregar una zanahoria (por utilizar su propio y pintoresco lenguaje) a Ciudadanos, a quien ha terminado por tirar el hueso de una pequeña rebaja en el impuesto sobre la renta de las personas físicas. Y por el mismo precio quiere lograr el apoyo de Nueva Canarias y Coalición Canaria. Porque lo necesita para sacar adelante el techo de gasto.

Quevedo está en medio del fuego cruzado. Está cabreado con Pablo Iglesias porque considera que se ha comportado como un godo prepotente. Cuando pudo apoyar la investidura del socialista Pedro Sánchez, Iglesias pensó primero en los intereses electorales de su partido y se rajó. Y ahora que Nueva Canarias piensa en sus intereses electorales, Iglesias les acusa de colaboracionistas con el PP. Lo último es la amenaza de Noemí Santana de cargarse el pacto en el Ayuntamiento de Las Palmas si Quevedo apoya el techo de gasto en el Congreso. Es un encargo de Madrid, por supuesto. Y un error que ha cabreado a Javier Doreste, el de Podemos en el ayuntamiento. La Alcaldía de Las Palmas la tiene el PSOE, no Nueva Canarias. A este paso Podemos en Canarias se va a quedar con la sucursal vacía.

Si Nueva Canarias apoya el techo de gasto obtiene un rédito indirecto. Aunque sea un voto "antinatura" del que Rajoy en principio se fía poco, el voto de Quevedo le quita pólvora al voto de su "archienemiga" Coalición Canaria. Debilita la fuerza de Ana Oramas mandándole a Rajoy el mensaje de que, para el futuro, el voto de Quevedo vale lo mismo. Eso en clave canaria es una puñalada a CC y a su fortaleza negociadora con Madrid. En Podemos, por centralismo o falta de sesos, eso no lo ven.