Cultura y Espectáculos
CEREMONIA

El Rey presidió ayer el ingreso de Luis Ángel Rojo en la RAE


EFE, Madrid
3/jun/03 20:17 PM
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El Rey presidió ayer la ceremonia de ingreso en la Real Academia de la Lengua del economista y ex gobernador del Banco de España Luis Ángel Rojo, quien, ante numerosas personalidades, trazó en su discurso el mapa de la sociedad madrileña en la época de Galdós.

El vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía, Rodrigo Rato, y la ministra de Educación, Cultura y Deporte, Pilar del Castillo, acompañaron a Don Juan Carlos en la mesa presidencial, en la que también se sentaron el director de la Real Academia, Víctor García de la Concha, y el secretario de esta institución, Guillermo Rojo.

Margarita de Borbón y Carlos Zurita, duques de Soria; Pedro Solbes, comisario de Economía de la Unión Europea; los secretarios de Estado de Cultura, Luis Alberto de Cuenca, y de Política Científica y Tecnológica, Pedro Morenés, y Jaime Caruana, gobernador del Banco de España, siguieron la lectura del discurso en el que Rojo demostró que, además de ser un economista de gran prestigio, es un excelente conocedor de Galdós y su época.

A las siete de la tarde en punto, y tras abrir la sesión el Rey, Rojo entró en el salón de actos de la Academia flanqueado por Carmen Iglesias y Claudio Guillén, los dos últimos académicos que han ingresado en la corporación. Segundos después comenzó la lectura de una versión reducida de su discurso, dado que la impresa tiene 87 páginas, incluidas las 15 de la respuesta que corrió a cargo de Eduardo García de Enterría.

La visión que trazó el nuevo académico de la sociedad madrileña de la segunda mitad del siglo XIX y de su evolución política y económica contó también con oyentes como el arquitecto Rafael Moneo, Andrés Amorós, director del Instituto Nacional de las Artes Escénicas, y la bioquímica Margarita Salas, presidenta del Instituto de España y académica electa de la Española, en la que ingresará el próximo día 4.

Rojo acudió a citas de obras como "Fortunata y Jacinta", "Tormento" o "La desheredada", entre otras, para ilustrar la decepción que sufrió Galdós al ver que las ilusiones que había puesto en la sociedad de su época no se cumplieron.

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