Álvaro Cervera y la inercia negativa

Al fin y al cabo, cuando empieza la Liga, el fútbol se mueve por inercias. Las hay positivas, como la que empujó al Tenerife hacia el ascenso la pasada temporada a pesar de su juego mediocre; y las hay negativas, como la que está dificultando el arranque del equipo en este inicio de temporada en Segunda, a pesar de que en el terreno de juego hace todo lo que sabe.  Estamos luchando contra esta inercia, la que sopla en contra del avance. Es una fuerza negativa que se alimenta de la falta de victorias y crea la sensación de que el equipo no va a poder revertir su situación. Pero estamos ya a una altura de temporada en la que se hace necesario ponerle un rostro al problema. Lo más sencillo, porque no deja de ser una costumbre, es señalar al entrenador. Un cambio en el banquillo siempre, o casi siempre, agita un poco. O sea, que puestos a hacer algo, se propone empezar por ahí.  No es un desenfoque exclusivo de esta plaza, pasa en todos los equipos: Osasuna acaba de echar a Mendilibar con solos dos o tres partidos disputados -¡¡cuánto debe haber cambiado Mendilibar en tres semanas, porque en verano valía y ahora ya no!!!-,  y empieza a germinar en Tenerife la posibilidad de la destitución de Álvaro Cervera. Lo leo y no termino de creerlo.

Hechos: el Tenerife arranca en Alcorcón y sale derrotado por un penalti inventado por el árbitro; viene a casa contra el Hércules y lo domina de cabo a rabo; va al campo de un Mirandés lanzado y manda en el juego, pero pierde porque falla sus ocasiones (todos esos partidos sin poder contar con Aridane, que es su goleador); recibe al Barcelona B, le perdona media docena de ocasiones y levanta un 1-2 adverso; viaja a Zaragoza, juega muy mal y pierde con claridad antes de recibir al Lugo, que se lleva los tres puntos aprovechando que el Tenerife se queda con 10 y materializando su única ocasión de gol. La culpa de todo esto es del entrenador… Ironías al margen, pocas veces he visto en el fútbol un equipo que pierde casi todos los partidos y, sin embargo, ofrece un diagnóstico tan alejado de la culpabilidad de su técnico. El problema del Tenerife es la falta de nivel en las áreas. Álvaro pone su mano sobre todo lo que se puede organizar, consigue llegar más al área ajena que el rival a la suya, logra que el Tenerife haga ocasiones con 0-0 todos los domingos, pero no puede marcar los goles, porque su etapa de jugador ya pasó… Y cuando se desgasta en la tarea de empezar mandando en el partido o sufre alguna expulsión, se ve obligado a dar un paso atrás y a defender más cerca de su área. Entonces se vuelve vulnerable, es evidente que la respuesta se vulgariza. No creo que haya en el mundo un entrenador que transforme la calidad de sus jugadores. Así todo, sé que si el equipo no gana pronto lo terminarán echando. La inercia, de paso, activa los mecanismos de defensa.

 

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