El espejo del día del Oviedo

Hay entrenadores cuyo mensaje llega y cala en la gente cuando entran en una sala de prensa y se ponen a analizar un partido. No todos quieren hablar de fútbol con cierta profundidad, pero los técnicos jóvenes como Etxeberria no parecen tener ese tipo de prejuicio. El técnico del Tenerife analiza sin tapujos a su equipo. El día de la victoria ante el Oviedo soltó la frase que aspira a llegar a decir cualquier colega suyo. “Este partido es el espejo de lo que quiero”, dijo completamente satisfecho. Aquella brillante actuación del Tenerife se convirtió, por determinadas razones, en el “libro de estilo” del entrenador vasco. Fue un ejercicio colectivo brillante, especialmente en el trabajo defensivo, desde la presión alta hasta la fe con la que el resto del grupo fue hacia delante con el fin de minimizar al rival. La calidad individual, con los espacios que generó ese comportamiento sin la pelota, hizo el resto.

La etapa de Etxeberria en el Tenerife ha tenido las luces de las tres victorias en casa, cada una con mejor fútbol que la anterior, más convincente cada 15 días. Sin embargo, en las tres visitas que ha hecho ha dejado sensaciones distantes de la imagen del Heliodoro. En Alcorcón fue un equipo dependiente, replegado, amparado en las acciones individuales de Dani Hernández para salvar un triste punto, incluso después de ponerse 0-1 muy pronto. En Tarragona ganó de manera escasamente convincente, más que nada por los detallazos individuales de Juan Villar, pero sin continuidad en el juego ni jerarquía. Y en Soria, después de una primera parte en la que el entrenador parecía haber conseguido que el equipo tomara la iniciativa de ir a por el partido con su presión avanzada, sufrió un inexplicado apagón después del descanso, porque dio un paso atrás y cedió la iniciativa. El “espejo” del día del Oviedo se volvió cristal transparente y no devolvió una imagen de progreso en ese juego que propone el técnico. Aquí está la diferencia: el Tenerife es ganador si aleja la defensa de su área, si fuerza los errores del rival y descubre espacios para atacar con su calidad, especialmente en transición. De lo contrario, siendo dependiente en la elección del espacio defensivo, no pasa de ser un equipo medio. ¿Dónde está la tecla que active esa decisión también fuera de casa? Esa es la cuestión.

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