Carnaval

KILÓMETROS de ilusiones

Juan Antonio, Luis, Magüi, Samuel, Fran y Nikki son componentes de Chinchosos que acuden a diario desde Puerto de la Cruz, Buenavista del Norte, Los Gigantes y Alcalá a los ensayos que se celebran en Santa Cruz.

EL DÍA, Santa Cruz de Tenerife
19/ene/03 22:09 PM
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Que la murga despierta pasiones es tan evidente como que la final de grupos críticos es el certamen que mayor expectación suscita en el público. Habitualmente, los directores o presidentes acaparan la atención de los medios de comunicación, despreciándose la experiencia personal de individuos anónimos, algunas dignas de admiración. Aunque no son los únicos casos que existen en el Carnaval, en Chinchosos se da la particularidad de que seis de sus componentes acuden a diario a los ensayos - hasta ahí no tendría mayor interés - desde Puerto de la Cruz, Buenavista del Norte, Los Acantilados de Los Gigantes o Alcalá (Guía de Isora).
Éste es el caso de Juan Antonio, quien se ha ganado a pulso el sobrenombre de "El Puerto", porque lleva siete años viniendo desde la ciudad turística a los ensayos, que se celebran desde septiembre hasta que termina el Carnaval, en el mes de marzo. Aunque con menos años de trayectoria a sus espaldas, Luis también es Chinchoso del Puerto, desde hace dos años, con la misma antigüedad de Samuel y Fran, quienes, en el reto del más difícil todavía, recorren a diario la friolera de más de 150 kilómetros (ida y vuelta) para trasladarse desde Buenavista del Norte o Los Acantilados de Los Gigantes, respectivamente. O Niki, el batería de la murga, que desde hace un año acude desde Alcalá, aunque para ello tenga que utilizar una inestable motocicleta. Curiosamente, son los que menos faltan.
Y todo eso para las dos o tres horas que duran los ensayos en los que se aprenden el pasacalle, la presentación, cuatro canciones y la despedida al ritmo trepidante por el que se caracteriza Paco Padilla, más propio de un gimnasio que de una murga, casi sin dar tregua al descanso, y sin mencionar las cuotas que deben abonar para poder costear el disfraz, como le sucede al resto de murgueros, y acudir a las presentaciones de otros grupos.
Por si fuera poco, este esfuerzo no les garantiza su participación en el concurso, pues Alexis Hernández contabiliza las faltas de cada uno de los componentes y, el que acumule más, no subirá a cantar, una norma que rige la disciplina de la mayoría de murgas con exceso de componentes y que le permite hacer una criba para no sobrepasar el límite máximo de integrantes establecido para el día del certamen: 45 más 10 personas que sólo pueden hacer una parodia, pero no cantar. Aunque, luego, en el caso de Chinchosos, quede en una amenaza, pues finalmente se turnan para que todos puedas interpretar al menos un tema del repertorio en el gran concurso.
Todo un sacrificio que, aunque para algunos descabellado, queda en el olvido para ellos cuando suben al escenario y, frente a ocho mil personas, cantan: "Soñé con ver de cerca tu mirada, soñé y hoy se ha hecho realidad", como dice la presentación que interpretan desde hace dos años.