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De lo que no se habla


7/ene/02 20:50 PM
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DE DIOS. SE HABLA poco de Él. Digo poco por no decir casi nada, o nada, que sería lo más correcto. ¿No os habéis fijado, en la calle, lo poco que se habla de esto? Quitando algunas conferencias especializadas, alguna revista o publicación al caso, los días señalados, cuando se nos apercibe de tal o cual festividad, del resto ni una palabra. ¿Por qué se hablará tan poco de este tema? Y lo que más me choca es que esta desatención se observa más entre creyentes y practicantes que en los que no lo son. Recuerdo, a este respecto, que cuando vivía, en mis primeros días de estancia en Santa Cruz de Tenerife, en la calle de San Nicolás, en un distrito donde todas tienen nombre de santo, debajo de mi vivienda, en el bar que ocupaba la planta baja, se organizaban, algunas noches, enormes discusiones sobre temas sacros, en los que se subrayaba el nombre de Jesucristo, entre fuertes voces y enormes broncas hasta las tantas de la madrugada. Por una parte, resultaba molesto, por el tono elevado de las conversaciones, pero por otra, era agradable comprobar que los parroquianos de un bar, y en esas horas, trataran temas de ese cariz.
No sé si será porque a los que practicamos no nos hace falta, porque dudamos menos, nos creemos más estimulados, o porque nos da reparo, el caso es que estos temas referidos al Dios que nos creó los tocamos con alfileres y por eso se nos caen de las manos. Vamos a misa, cumplimos con el precepto dominical, asistimos a menudo a los oficios religiosos, pero en cuanto salimos de la iglesia, adiós que te guarde el cielo, no queremos saber más. Y si topamos con alguien que, como los que asistimos, estuvo en el recinto sagrado, enseguida la conversación se va por otros derroteros. Es muy raro que vaya encaminada hacia lo que vimos. Salen a la palestra temas distintos y diversos. Se obvian los temas religiosos. Vienen al trato los paganos. Esto es así.
¿Será que no lo necesitamos? Si lógicamente, cuando asistimos a un espectáculo, al final se comenta sobre él, ¿por qué no, después de estas reuniones, obramos parecidamente?
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