Criterios
LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

Los estudiantes huelguistas


8/feb/02 20:52 PM
Edición impresa

EN COMENTARIO ANTERIOR sobre la "rebelión de los estudiantes" quedé, justo, en el momento en que se organizaba una manifestación de alumnos del Instituto de la Plaza de Ireneo González, para pedir la libertad del estudiante Javier Rumeu, detenido por el guindilla "Pamplinas" y conducido al cuartelillo del Ayuntamiento en el que, más tarde, "María la Chivata", la temible furgoneta municipal, llevaba los borrachos y los maleantes que capturaba en la vía pública.

Ya dije que no estuve en esa alborotada y desordenada comitiva porque me encontraba en clase y al salir del Instituto lo que sí vi fue a los guindillas "antidisturbios" emprenderla con todos nosotros en la calle de Méndez Núñez, en el Parque García Sanabria y en la misma plaza de Ireneo González. Venían formando especie de patrullas, porra en mano, y en unas motos ligeras que apenas resistían un empujón. Y como los "bélicos" estudiantes se defendían como podían del ataque, varias motos corrieron por el suelo con sus ocupantes incluidos, lo que multiplicó el cabreo de los guardias y las ganas que nos tenían.

Un grupo numeroso del que formé parte se refugió en el patio del Instituto. Los guardias intentaron entrar persiguiéndonos, pero el director, que me parece recordar que era Don Agustín Cabrera, el catedrático de Ciencias Naturales, se opuso y así lo dijo al jefe de los guindillas.

Jaime Ramos relata en su libro "Medicina y humanidad", que él, que formaba en el grupo que capturó la Guardia Municipal en el Parque, fue conducido también al cuartelillo. Pero todos no cabían y tuvieron que esperar en el pasillo por donde se entraba a algunas dependencias del Ayuntamiento. Jaime Ramos dice que aquello no terminó en las consabidas declaraciones ante los guardias y ante el alcalde, que entonces era Don Eusebio Ramos. Y que, a las nueve de la noche, un coche de la policía gubernativa llevó a los detenidos, que se suponían cabecillas de la "rebelión", a los calabozos del Gobierno Civil que estaba aún en el Palacio de Carta, en la Plaza de la Candelaria. Allí, incomunicados por orden del gobernador civil, que era el temible Don Vicente Sergio y Orbaneja, pasaron la noche y, sobre las nueve de la mañana siguiente, pasaron a unas oficinas para ser de nuevo interrogados. Se les llamó "huelguistas", que era una palabra maldita, y se les dio fuertes reprimendas, sin pasar a más porque la mayoría de los detenidos era de familia influyente y adicta al régimen.

Al día siguiente se nos obligó a ir a clase con uniforme de "flecha" los que pertenecíamos a esta organización. Recuerdo que la Plaza de Ireneo González estaba tomada por la policía y que nos hacían entrar al Instituto entre dos hileras de guardias. Estaba prohibido quedarse en la plaza y formar grupos. El "grave" incidente, aunque los periódicos y la radio lo silenciaron, me parece que se supo en toda la España que entonces llamaban "nacional". Y puede que en la parte "roja".

LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA