Criterios
ALEJANDRO DE BERNARDO

El Tanque, el hoyo y la oveja


17/feb/02 20:53 PM
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LA MAYORÍA DE LOS pueblos peninsulares, especialmente los que duermen plácidamente en el regazo de la llanura castellana, tienen una estructura que definen los técnicos como circular. Mantienen las casas agrupadas en torno a una plaza central, en la que confluyen la mayoría de las calles. Así es que, cuando nos desplazamos de uno a otro, no es habitual encontrar por el camino vivienda alguna. Sobra terreno, sobre tierra... Mejor estar cerca de alguien por lo que pueda pasar. Bajo este diseño, todos entenderíamos que sin obstáculo de relieve, a excepción de los cauces de los ríos, lo normal sería que las carreteras se acercaran a la distancia más corta entre dos puntos. Lo que en la escuela definen como línea recta. Pues no. No siempre es así. Ni mucho menos. Yo tendría unos siete u ocho años cuando empecé a enterarme de por qué las cosas son como son y no siempre como deben ser. Entre el pueblo en el que nací y el de al lado, hay apenas dos kilómetros prácticamente llanos. Pero la carretera tiene once curvas en las que no puedes echarte una cabezadita. Hay un tramo de no más de cuatrocientos metros con curva, contracurva, curva otra vez y otras dos semicontracurvas, para al final haber avanzado poco más de cincuenta metros desde el punto de inicio del eslalon. Y no es el relieve de La Gomera. Llanito, como les decía.
Desde mi inocencia angelical, pregunté a mi progenitor cómo había que dar tanto rodeo para no adelantar casi nada, y, encima, el peligro que se corría - me acababa de caer con la bici en la primera curva - . Con cierto asombro pero con deliciosa paciencia me fue explicando. "Mira el trazado se tuerce tanto aquí porque si no tendría que atravesar esta tierra que es de Don Florencio, - era médico y hermano del alcalde - y, por lo visto, no quiso ceder. Aquella otra es de su hermano y tampoco dejó que siguiera el camino por donde debiera...". Desde entonces cuando pasó por allí, me acuerdo de Don Florencio y de su familia. Pero eso era antes. Ahora ya no ocurre nada parecido a esto. Es lo bueno que tiene el progreso, y la democracia, y el que todos sepamos leer. ¡Que suerte vivir aquí!
En Santa Cruz tenemos un Tanque. No, de guerra no. Un Tanque que era de la Refinería y que el Cabildo lo compró hace unos años por un módico precio. Lo remodeló y es un espacio ideal para actos culturales. Ahora es un auténtico tesoro. Con lo bonito que se está poniendo todo su alrededor, y lo fácil que está llegar a él, con tantas vías de comunicación al lado ¡Uff! Menos mal que aquí no manda Don Florencio, capaz que cambiaba una carretera y ¡hala! adiós Tanque. Y cuando terminen las obras, ¿se imaginan? va a ser un gustazo asistir a los espectáculos de música, de danza, o a las exposiciones fotográficas, multimedias o de arte... Con los esfuerzos que costó sacarlo adelante... Hasta a Saramago le encantó. En la Península nos envidian por lo que se ha conseguido hacer con él.
Junto a mi casa, al lado del estadio del Tenerife, había otro campo de fútbol. Era de tierra y jugaban muchos jóvenes en él hasta hace un año y tres meses. Un día se llenó de máquinas escavadoras y camiones y lo vallaron y empezaron a sacar tierra y tierra sin parar. A los vecinos nos tenían locos. Sólo paraban los domingos. Así estuvieron durante diez meses. Nos han dejado agrietadas las paredes, todo lleno de polvo... nadie sabía nada. Ni en el Ayuntamiento sabían de la obra, así que no hemos podido reclamar nada. Sorpresa. Héte aquí, que de repente todo se paró. En el hoyo cabemos todos. A la vez, quiero decir. Me han dicho que un buen señor lo cedió al Ayuntamiento hace bastantes años, con la condición de que hicieran una ciudad deportiva o algo así. Sin embargo, se intentaban construir varios niveles de aparcamientos, no precisamente gratuitos. Nada que ver con lo que el buen señor había pensado para su ciudad. Así es que los herederos, que se habían resignado a perder tan delicioso bocado en pro de tan espléndido regalo del pariente, han reclamado como suyo el inmenso solar, hoy ya, inmenso agujero. Justo me parece a mí también.
Sólo me falta la tercera parte del titular, pero como el artículo se me está alargando, les dejo a ustedes en la tarea de encontrar a la madre del cordero... Anda que si es la misma en las tres historias... Feliz domingo.
ALEJANDRO DE BERNARDO