Criterios
BUENOS DÍAS FLORILÁN

Que no fastidien, hombre


17/feb/02 20:53 PM
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YO, SÍ, TENÍA LA IDEA de que la juventud española empieza a "empinar el codo" cada vez a más tierna edad, pero nunca creí que se llegara a tanto. En estos días, con esto del "Botellón", se han barajado unos datos estadísticos que es para dejar atónito a cualquiera. Muchos de los jóvenes, se afirma, comienzan a ejercitarse en la libación en nuestro país, a los doce años. Ya se ven, se expresaba, muchachos de dicha edad cargados como erizos a las ocho de la noche. Como esto siga así, los vamos a ver con el chupete en la boca y haciendo eses por la vía pública. O, en vez de la máxima aquella de que "cada niño viene con un pan debajo del brazo", optaremos por afirmar que cada pequeño, al nacer, trae consigo su botella de güisqui o su cuartita de vino tinto.

He visto que no todos tienen las ideas claras sobre eso del "Botellón" y están derivando hacia otras cuestiones que, aunque puede que relacionadas con aquél, no son la misma cosa. Hablar de los orígenes del vino y de cómo la humanidad le ha tomado el gusto a través de la historia, no es exactamente concentrarse en el tema. Y el único que he observado que, sabe lo que está diciendo, es un señor bajito que salió el otro día en la tele y dijo: "Miren, que beban todo lo que quieran, que se emborrachen como cochinos, pero, caramba, que no molesten". Es decir, que lo malo del "Botellón" no está en sí mismo, sino en las consecuencias que produce, o lo que hoy se llama "daños colaterales": el ruido que producen, que no dejan dormir, y las toneladas de basura que pueden verse al día siguiente en la plaza o en la calle.

En fin, que los que protestan no son unos moralistas que quieren reformar a la juventud y cambiarles sus costumbres, sino unos ciudadanos tranquilos y trabajadores que quieren gozar de ese derecho al sueño que todos los gobiernos están obligados a garantizar. También puede entrar en el mismo paquete la seguridad ciudadana, pues los mismos vecinos alegan que muchas veces no se está muy tranquilo al entrar o salir de las casas en los lugares donde se producen tales concentraciones.

Lo otro, lo de si los jóvenes beben más o menos, pertenece a otro capítulo, y no deja de ser una tontería el prohibir despachar bebidas a los menores de edad, pues siempre habrá un "cadete" dispuesto a comprarlas para ellos. A ver si al final vamos a tener que hacer también un "Bebedromo", para que los jóvenes vayan a ponerse "morados" con el consentimiento paterno, que parecen tenerlo siempre.
BUENOS DÍAS FLORILÁN