Criterios
EL SILENCIO NO ES RENTABLE HONORIS CAUSA

Operación triunfo


17/feb/02 20:53 PM
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SIN ÁNIMO DE PRETENDER ser los descubridores del fenómeno televisivo más llamativo de los últimos años, y probablemente de la historia de la televisión en España, nos gustaría hacer nuestro particular hincapié acerca del concurso Operación Triunfo. Tras unos inicios que pasaron casi sin pena ni gloria, la fórmula de programa-concurso que tantos éxitos dio otrora a la cadena pública, TVE emprendió una captación de telespectadores que crecía con cada nueva gala de lunes. El límite, increíble para las cifras que se manejan en nuestro país, fue alcanzado el lunes pasado en que, con una cifra media de televidentes superior a los once millones y un máximo de más de quince millones, desbordó previsiones propias, además de descalabrar programaciones ajenas. Una idea en principio tan simple como un concurso para cantantes noveles, ha sido transformada en un programa interesante, ameno, emocionante. De hecho, nunca antes un programa de televisión había calado tanto, tan rápido y tan profundamente en la sociedad española.
Se han vertido muchas opiniones a lo largo de las últimas semanas y particularmente los últimos días, las más de asombro manifiesto, las menos de tibia crítica insustancial. Y esta cosecha de parabienes se debe, quizá, a que ha supuesto un cambio y un varapalo para la trayectoria mayoritaria de la telebasura; ésta se había establecido como "eso que piden los telespectadores" y, por tanto, se les daba, sin más análisis.
Es curioso, unos muchachos con su sola ilusión y deseos de mejorar han captado la atención de millones de españoles, y éstos han terminado por adoptarlos e integrarlos en sus vidas, mientras se preocupaban por sus mejoras y por sus tristezas dentro de la ya famosa Academia.
El programa ha triunfado sí, pero porque sus ingredientes fundamentales han sido el estimulo en el trabajo, el afán de superación personal, el compañerismo, la constancia, la alegría por la ilusión cumplida. Las cualidades musicales de los chicos han sustentado su presencia en el concurso, pero también las humanas, haciendo de ellos un grupo de personas reales y creíbles.
Se ha dicho que ha logrado reunir a familias enteras ante la pequeña pantalla, inquietando a todas las edades ante esfuerzos, nominaciones, exámenes ante el público, profesores y jurados. Lo que desde luego ha permitido es presenciar la evolución que la enseñanza bien dirigida es capaz de provocar en personas que quieren aprender fervientemente. El cambio que han experimentado los alumnos de tan peculiar academia ha sido notorio, especialmente de los que han permanecido en ella hasta el final. Un cambio que ha afectado no sólo a sus cualidades canoras, sino también a las que atañen a la convivencia, a la solidaridad, a la autoestima, a la humildad, y a tantas otras que son las que componen la vida de cada cual.
Lo que ha tenido de especial Operación Triunfo ha sido una feliz coincidencia de factores. Ha permitido contemplar al público lo mucho que cuesta llegar a ser un cantante del montón, qué decir de las estrellas de los compactos o de los conciertos y más si llegan a ser reconocidos internacionalmente; ha conseguido que la evolución de los estudiantes se condensara en apenas cuatro meses, con lo que ha ganado en evidencia; ha exaltado las cualidades humanas positivas de los concursantes hasta cotas inimaginables, hasta para ellos mismos; ha proporcionado, en suma, a muchos jóvenes unos parámetros bien delimitados de en qué consiste ganarse un puesto en el porvenir.
Los concursantes son, en su mayoría, gente normal, de pueblos normales y con problemas y deseos normales. La relación humana que han establecido entre ellos y que vino determinada por una selección entre miles de españoles que querían ser posibles profesionales de la canción, ha sido una muestra de lo que es la convivencia habitual entre tantos estudiantes y aprendices en todas las partes del mundo. Pero esta vez se ha visto públicamente aunque sin afanes voyeuristas retorcidos. Y se ha demostrado lo que ya muchos sabían, y es que la gente, incluso la más normalita en apariencia, tiene siempre dentro de sí a alguien muy especial a quien hay que ayudar un poco para que se manifieste.
El éxito que los españoles han otorgado a esta nueva fórmula televisiva está haciendo pensar mucho a los profesionales del medio, y a los de los otros medios, amén de sociólogos, antropólogos y comentaristas en general. Ya se ha exportado a Portugal y se prevé que pronto lo será a otros países, tal vez porque la gente ya está harta de tanto programa vulgar, de tanta historia burda, de tanta barbaridad expuesta sin vergüenza a los ojos atónitos de quienes mayoritariamente sólo desean pasar un buen rato en su casa.
Operación Triunfo lo ha conseguido. Sus autores han tenido la brillante idea de aunar normalidad, trabajo, ambición y humanidad para alcanzar audiencias no logradas ni por el fútbol, para lograr lo imposible. Es llamativo que la tan desnotada televisión pública, a través de Gestmusic-Endemol, haya sido la protagonista de la aventura. Las privadas habrán de recapacitar a la hora de hacer sus ofertas al público.
Los jóvenes, por su parte, ya cuentan con una referencia bastante sonada de lo emocionante que puede ser aprender y de lo duro que es competir con los demás sin perder la propia personalidad o, lo que viene a ser lo mismo, en qué consiste la vida en nuestra sociedad, con éxito o sin él.
La posibilidad de poder triunfar en la vida con los valores propios, sin tener padrino pero con tesón y decisión compone hoy un paisaje digno de ser tenido en cuenta. Vuelven, pues, la frescura y el entusiasmo.
EL SILENCIO NO ES RENTABLE HONORIS CAUSA