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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

¿La "litrona" antes del "garrafón" o al revés?


22/feb/02 20:53 PM
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CUANDO EN ESTAS Islas y, en especial, en esta ciudad del Chicharro, llevamos años gozando o sufriendo, según el que bebe y el que no, esa costumbre de cargarse como un erizo los viernes y sábados - noche, ahora se dan cuenta en los madriles que los jóvenes del Oso y del Madroño se están dedicando también a empinar el codo en la vía pública contrayendo esa "fiebre" que inventó el tal Travolta.

Mi barrio, el farolístico "Centro Residencial Anaga", que suena a "Beberly Hill" y donde los más viejos del lugar apenas recuerdan la presencia de un "guindilla" o un guardia de los otros, poseía una "sala de fiestas", afortunadamente, ya cerrada, que concitaba multitudes de mozalbetes en los fines de semana. Los jóvenes invadían las aceras y la plaza con los coches que les había comprado papá, sacaban de los vehículos las botellas de ron y de Coca Cola, ponían la radio a todo volumen y, en la misma calle, organizaban la beba, que aquí fue bautizada "litrona" y ahora llaman "garrafón" en la Metrópolis, que dice mi amigo Antonio Cubillo.

Al día siguiente, este flamante "Centro Residencial" parecía una finca de tomates después de pasar por ella la caballería de Atila, con la diferencia de que, en vez de bostas de cuadrúpedo, había cagadas y meadas humanas y en vez de los raros recipientes que usaban los jinetes hunos para llevar esos extraños mejunjes que hacían en la Germania, se encontraban vasos de plástico con olor a "cubata". El desolador panorama se adornaba con ramas de árboles arrancadas salvajemente, losas levantadas, pintadas en bancos y paredes y un reguero de vomitadas.

Esto lo contó un servidor en esta columna muchas veces pidiendo a la autoridad un remedio. Ahora que se habla, en voz alta, en Madrid y se dispone, aunque tarde, soluciones legales drásticas, nos enteramos que aquí, en tierra archipielágica, está vigente, desde 1997, una normativa que prohibe vender bebidas alcohólicas a los menores de 18 años, y consumir bebidas en la calle. Estas prohibiciones constan en dos Leyes: la General del Menor, de 1997, y la de Drogodependencias, de 1998.

Ante la algarabía que se ha formado con el "garrafón", el director general de la Juventud de este Gobierno autónomo, Don Francisco Candil, ha salido a la palestra para afirmar que hay bastante hipocresía en ese Congreso "Jóvenes, Noche y Alcohol" recientemente celebrado. Dice que la "cultura del alcohol" está presente "hasta en las misas". Me supongo que no será por el vino con que consagra el cura. Pero en vez de cultura, será "incultura" porque no tiene nada de "culto" un sujeto con una "mona" del tamaño de la hembra de gorila. Pero con esto de las "culturas", uno no sabe con qué "cultura" quedarse. El otro día el consejero de Educación hablaba de la "cultura del esfuerzo" y me vino a la memoria aquel cargador de muelle de antes que, ciertamente, se parecía poco a Castelar a pesar del esfuerzo. Y una pregunta, coñas aparte: en cinco años que lleva vigente la Ley del 97, ¿no ha habido tiempo para hacerla cumplir?

LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA