Criterios
LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

San Juan de Dios


8/mar/02 20:54 PM
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HACE CINCUENTA Y DOS AÑOS los Hermanos de San Juan de Dios abrieron su primer centro hospitalario en Canarias. Desde mucho tiempo antes eran conocidos en las Islas estos religiosos, que venían, de puerta en puerta, pidiendo limosna para sus centros de Jerez y de Granada. Desde el portal de cada vivienda, los hermanos supieron, y pudieron, conectar con el pueblo. Llegaron a cada canario, a cada tinerfeño, como si el Santo fundador de la Orden los llevara de la mano hasta el corazón mismo de cada vecino. Y el pueblo les pidió que fundaran una Casa aquí. Y los Hermanos limosneros ya no pidieron, sino para su Casa tinerfeña como, años más tarde, lo hicieron para la que crearían en Las Palmas.

Hoy, 8 de marzo, los hermanos celebran en su Hospital la festividad de San Juan de Dios. Como siempre, no habrá ni grandes solemnidades, ni concentraciones ni cohetes ni nada que no sea una sencilla ceremonia litúrgica, en la que, eso sí, estará el prelado de la Diócesis nivariense, que suele convivir con los Hermanos la festividad de este día. Abierta sí estará la Casa para todos, como lo está siempre desde hace más de medio siglo, día y noche. Los hermanos saben que esta Casa la hizo el pueblo de Tenerife y de Canarias y por eso jamás cierran las puertas al pueblo.

San Juan de Dios quien, como decía el que fue director de este periódico, devoto del Santo y muy querido maestro, Ernesto Salcedo, debe estar en la vanguardia de la Santidad, convertiría esta fiesta suya en la fiesta de todos los pobres y necesitados de este mundo, a los que consagró, entera, su vida y por los que dejó esta obra insuperable que se extiende por tres continentes y llega, con sus centros de acogida, hasta el corazón mismo de la selva amazónica del África Negra y de los más apartados rincones del mundo donde haya pobres y desvalidos.

Como las cosas de los santos suelen tener mucho de inexplicable, es difícil comprender la vida y obra de San Juan de Dios. Cómo un hombre, que fue soldado, aventurero y comerciante de libros, de pronto, se le despierta una fe que lo lleva directo a la Santidad. Juan Ciudad, como se llamaba, ya no es él, es de todos los necesitados, es Juan de Dios porque, en nombre de Dios trabaja sólo e incansablemente por los que nada tienen y a los que da acogida en centros, que él mismo levanta, después de ser el primer limosnero de la Orden que iba a crear y dar ejemplo sublime de sacrificio por los demás.

La Orden Hospitalaria no ha seguido un camino de rosas. Prácticamente desapareció de España por la desamortización de Mendizábal, pero hubo un hermano, San Benito Menni, que vino a nuestro país a restaurarla. Han desaparecido casas y se han creado otras. Los actuales tiempos son difíciles. Han disminuido alarmantemente las vocaciones. Pero San Juan de Dios, que hace milagros cada vez que los hermanos levantan hospitales y centros careciendo de medios, seguro que tiene el remedio.

LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA