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EL UNGÜENTO GUILLERMO NÚÑEZ

Banqueros


9/mar/02 20:54 PM
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ESTÁ CLARO QUE dependemos de ellos para muchas cosas necesarias y también innecesarias, pero ello no es obstáculo para afirmar que constituyen un grupo de sujetos que por lo general resultan ser bastante detestables, sobre todo, porque negocian con nuestro dinero para hacerse cada vez más y más ricos y poderosos, concentrando en sus manos el poder incluso transnacional para marcar y definir políticas que formalmente se presentan como el resultado libre de la soberanía popular, cuando en realidad son la consecuencia en muchas ocasiones de sus exclusivos intereses económicos.

Precisamente porque muchos dependemos de estos supuestos benefactores que son los banqueros, son también muchos los que temen a su poder. Por ello, resulta muy extraño e inusual que se manifieste públicamente por parte de nuestros representantes políticos el más mínimo atisbo de crítica o de oposición a su inmenso poder. Y cuando ello sucede, no cabe duda de que como ciudadanos lo agradecemos, pues de alguna forma la voz disidente se transforma en la voz colectiva de los millones de españolitos que vivimos con la hipoteca pendiente o el crédito personal "para cualquier necesidad que se le ocurra". En este sentido, he de reconocer que en este punto tengo especial simpatía por el Sr. Rodríguez Ibarra, presidente de la Junta de Extremadura, pues él mismo no suele emplear el lenguaje políticamente correcto para referirse al fabuloso negocio que hacen los banqueros, máxime cuando de lo que se trata es de aprobar un impuesto autonómico que grave sus pingües beneficios.

Y es que en esto de no pagar impuestos propios y de aconsejar a sus clientes que no los paguen, los banqueros saben muchísimo. Es más, me atrevería incluso a afirmar que ellos, o mejor, muchos de sus empleados más eficaces, son verdaderos artífices de auténticos fraudes a la Hacienda Pública. Son esos empleados encorbataditos, muchos de ellos licenciados en Económicas, Empresariales o Derecho, con carita de querer promocionarse y ganarse la confianza de sus superiores, los que ofrecen ese sabio consejo al cliente con dinero disponible para que "no se lo lleve Hacienda". Luego, una vez cumplida su misión, acuden con el cliente al bar más próximo a tomarse un cortado y a comentar la corrupción en la que de ordinario incurre la clase política de este país... (Dedico este artículo a los banqueros y empleados de banca, si es que existen, que no encajan en el estereotipo aquí descrito). (gnunez* ull.es).
EL UNGÜENTO GUILLERMO NÚÑEZ