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LUZ EN EL CAMINO FR. FERNANDO LORENTE, O.H. *

Ocultar lo que es imposible


13/mar/02 20:54 PM
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LA SECULARIDAD TAN progresivamente está invadiendo la "cultura moderna" que estamos viviendo hasta en niveles religiosos, sólo mira a la realidad terrena. La vida y la actuación del ser humano no pasa de ahí. Lo "moderno" es buscar ante todo la eficacia inmediata, producir, consumir, gozar, abusar de la economía a costa de los demás y oponerse radicalmente a todo lo que puede impedir ese "progreso" y disfrutar de esa "modernidad". Y, para ello, lo primero es no admitir el orden moral, porque aquí esto se considera algo muy extraño, insoportable; pero, si se admite en algo, incluso, sólo en la forma externa, es para aprovecharse más de ese "progreso" secularizador. Por eso, es natural que toda referencia a Dios quede diluida y totalmente desvirtuada. Aquí está la causa de que el pecado, en cuanto ofensa a Dios y al prójimo, carezca de sentido, y se mantenga el terco y gravísimo empeño erróneo de ocultar lo que es imposible. Ya Pío XII, en 1946, dio al mundo esta advertencia apostólica: "El pecado del siglo es la pérdida del sentido del pecado". Se refería muy oportunamente al inicio del período tan enfáticamente denominado de "modernidad" por su carácter profundo y exclusivamente secular. Y después, Juan Pablo II nos dice con toda claridad y firmeza: "El hombre - y la mujer - puede construir un mundo sin Dios - como en la práctica lo intenta - , pero este mundo acabará por volverse contra el hombre".
Esta repercusión no sólo es religiosa, es también la pérdida progresiva del sentido de la vida humana sobre la Tierra. Basta contemplar la de tantos jóvenes que buscan, en la droga, en el sexo, en movidas nocturnas, alimentadas alcohólicamente y en tantos otros procedimientos absurdos, una ilusión que, aun siendo vana, pueda, de alguna manera, llenar el vacío de su existencia a la que no encuentran futuro. Si no, ¿por qué la vida está resultando insoportable para tantos jóvenes - también a adultos - que ponen fin a la misma, cuando debería sonreírles esos años de ilusión y entusiasmo?
No hay peor mal para el ser humano que vivir sin esperanza. Y esto sucede cuando creemos u olvidamos que el pecado no es la causa principal de la opresión del remordimiento, de la tortura interior cuyos efectos son un debilitamiento de la fe y hasta un desvanecimiento de la auténtica esperanza en Dios amando al prójimo. Por eso, este olvido de Dios es también un mal humanamente.
Reconocer y obrar con rectitud frente a lo que es imposible ocultar - el pecado - , es descubrir que la vida de todos los tiempos y en todas las circunstancias, por adversas que sean, merece vivirse, porque con la gracia de Dios y nuestra cooperación, es humana y divinamente fecunda en las familias y en todos los niveles sociales y políticos.

* Capellán de la Clínica San Juan de Dios

LUZ EN EL CAMINO FR. FERNANDO LORENTE, O.H. *