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COMENTARIO INTERNACIONAL ENRIQUE VÁZQUEZ

La boda


22/mar/02 20:55 PM
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UNA BODA REAL tiene más dimensión politico-institucional que social y es más atentamente seguida en los medios políticos que, incluso, en la Prensa del corazón: ayer se casó en su palacio de Rabat el rey de Marruecos, Mohamed VI. El soberano, de 38 años, no podía demorar mucho su decisión, vinculada a la herencia en el trono de la dinastía alauí, instalada desde el siglo XVII y depositaria histórica de la gran tradición almohade.

Se le recordó discretamente y se puso como ejemplo a su padre, Hassan II, que cuando llegó al trono ya había sido padre por dos veces... La boda no parece tal a un observador occidental porque los cánones cultural-religiosos en Marruecos son enteramente distintos: ayer se celebró sólo el matrimonio religioso, en presencia de la autoridad islámica y los testigos y con una completa discreción. La celebración con invitados y su correlato público se trasladará a Marraquech, la capital del Marruecos Imperial, profundo, esencial... Este detalle, como todos, traducen un cuidado exquisito con la venta del acontecimiento, llamado a ser, incluso sin pretenderlo, un baremo más para evaluar el nivel o la intensidad del cambio que, presuntamente, el rey impulsa en Marruecos y que, según una estimación muy generalizada, está ahora más o menos estancado. Hay que reconocer que la mera decisión de anunciar la boda, difundir fotografías de la novia y sugerir que no sólo que es la elegida del corazón real sino ensalzar su perfil como una joven de clase media bien integrada en el nuevo Marruecos (es informática y tiene una formación no bien precisada, pero considerable) es un mensaje de innovación que refuerza de nuevo el tono liberalizador del rey. No hay reina en el reino jerifiano, ni la habrá. Pero parece claro que Salma Bennani va a ser algo más que lo que fue Latifa, la viuda de Hassan, siempre descrita como "la madre de los príncipes".

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