Criterios
LO QUE ES ENRIQUE GONZÁLEZ

La joven ofendida


14/abr/02 20:56 PM
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"Escribir recetas es fácil, mientras que entenderse con la gente resulta difícil".

(Franz Kafka)

SIN DUDA, la prueba más difícil para un médico es su relación con el enfermo. Asunto fundamental en el quehacer médico, condicionado a la evolución histórica de la medicina, supeditado al progreso social y cuestionado por el desarrollo científico. La medicina primitiva no tuvo en cuenta la relación médico - enfermo. La medicina contemporánea, tecnificada al máximo y totalmente socializada, la relega a un segundo término. Entre estos dos tipos de medicinas, existe un largo proceso histórico que demuestra que el intercambio personal entre el médico y el paciente es imprescindible para la buena práctica de la medicina.

La relación médico - enfermo tiene su fundamento en el hecho de que un hombre preste ayuda a otro. El hombre es un ser menesteroso. Necesita tomar energías, ingerir alimentos, aspirar el aire y necesita actos de donación amorosa. El primer acto de la relación médico - enfermo es el de asistir a, o de detenerse junto a otro. Es la fuerza, incluida en nuestra condición humana, que nos obliga a asistir a otro está por encima de leyes, religiones y éticas.

El segundo paso es el de conocer y saber de. Aquí interviene no sólo nuestra condición humana sino que se precisa de una preparación profesional responsable. El tercero se refiere a la aplicación de los remedios. La contestación a la pregunta: ¿qué hacer? Asistencia, conocimiento y tratamiento no son tres actos consecutivos y ordenados en etapas. Son, al contrario, situaciones que se mezclan y se superponen. El médico está curando cuando estrecha la mano del enfermo, y, es el propio médico, el primer medicamento que se prescribe. No es una relación limitada en el tiempo, es camaradería itinerante. No se termina con el alta. Dejará una situación vinculante.

Hipócrates pensó que el médico era un actor de una obra teatral en la que enfermedad y enfermo completaban el elenco. En la obra teatral actual hay nuevos actores, y el médico ha perdido el papel principal. Superado el viejo paternalismo médico y en vías de plena autonomía para el paciente, con la inclusión de factores sociales, familiares y personales, la relación médico - enfermo, antes simplificada a dos personas sujetas a un orden natural, hoy se ve modificada. Los nuevos tiempos demandan un nuevo tipo de médico. Un médico conocedor de una ciencia, artista de un arte y miembro de una sociedad democrática, aconfesional, con pleno respeto a las libertades humanas.

Un médico con una visión de aspectos aparentemente alejados aunque fuertemente vinculados a la enfermedad. La enfermedad ha dejado de ser cosa de dos. En ella intervienen varios actores: médico, enfermo, familia, cuerpo social. Y por si fuera poco, estamos alejados de una ciencia que siempre iba por los caminos del orden hacia el buen fin. El orden natural ha dejado de ser la brújula. El vehículo de estos tiempos tiene varios conductores, y las reglas de tráfico no sólo están en la ética, sino que se rigen por la autonomía que da la libertad de la persona, y bajo la mirada siempre implacable de la Justicia.

Descubrimientos insospechados, manipulaciones sobre el origen y el final de la vida, nuevas cuestiones familiares y distintos planteamientos sociales han dejado atrás el fácil y comprensible Juramento Hipocrático. Una nueva definición para un viejo concepto, la bioética, un laxo entendimiento de la condición humana y una difusa comprensión de los derechos y deberes de cada persona en una sociedad democrática hacen que la conciencia del médico se extienda más allá de los límites marcados por los parietales y que abarque a cuestiones familiares y planteamientos sociales.

Cuando la relación médico - enfermo se limitaba al médico y al enfermo, la responsabilidad del médico caía sobre su propia conciencia y era fundamental para su prestigio profesional. Los médicos tenían menos conocimientos científicos y más habilidades humanas. El buen trato, las buenas maneras, el cuidado de los gestos, el modo de vestir, la decoración y limpieza del despacho, la moralidad de su familia y el coche que utilizaba eran condiciones valoradas por los enfermos. Y aunque el médico pusiera toda la voluntad en mantener una buena relación con el enfermo, siempre había algo que lo estropeaba todo.

Una pareja, formada por un hombre muy viejo y muy enfermo y una mujer muy joven y muy sana acudió a la consulta de un médico, famoso por el buen trato que dispensaba a los enfermos. El relato del enfermo fue preciso. El médico estuvo atento a cada una de sus palabras y a cada uno de sus gestos. Después de estudiarlo bien, aseguró que la enfermedad era importante pero con un buen tratamiento y grandes cuidados se curaría. Y, volviendo la mirada hacia la joven mujer, le dijo: - Le ruego atienda a su padre lo mejor que pueda. La mujer saltó como un resorte de la silla en la que estaba sentada y, de pie, con la cara roja y los ojos fuera de las órbitas, gritó: - Este hombre es mi marido, cómo ha podido equivocarse usted en algo tan fundamental.

El médico perdió el enfermo y perdió parte de su prestigio. Y todo ocurrió por no conocer que el orden natural no cuenta en el matrimonio actual. Simplemente por ser un médico a la antigua.

LO QUE ES ENRIQUE GONZÁLEZ