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ALEJANDRO DE BERNARDO

Mentir y manipular: obispos


9/jun/02 21:00 PM
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EN LA VIÑA Y EN ESTE MUNDO de Dios de todo hay. Los hay que saben leer e, incluso, les gusta. Otros no leen porque no quieren o porque no saben. Cada vez menos. Ya son hasta raros ejemplares. Y algunos son un portento. No sólo saben leer entre líneas: saben leer incluso en contra de las líneas. Aunque las líneas digan lo opuesto. Dice el presidente Aznar que los obispo vascos "afirman por escrito que lo mejor que puede pasar a las víctimas es que los criminales anden sueltos" y que, ante tal aseveración, se contiene - con mucho esfuerzo - y que no dice todo lo que le viene a la cabeza, por prudencia política. Menos mal. Don Carlos Iturgaiz, que se contiene menos, dice sin recato que "los obispos vascos están a favor de los verdugos y los asesinos". Acabo de leerme, entera, la carta pastoral conjunta que los obispos del País Vasco hacían pública a raíz de la "ley de Partidos" y la primera conclusión a la que he llegado es que tanto Aznar como Iturgaiz no saben leer. Ante la imposibilidad de tal desenlace, decido que ambos mienten. El texto de los obispos no dice nada de eso. Ni parecido.
La crítica generalizada que han recibido los obispos vascos al pronunciarse sobre la efectividad de la debatida "ley de Partidos" no es justa. Ya sé que estamos ante un asunto en blanco y negro, de buenos y malos, en el que se sitúa a los que se oponen a la ley al lado de los verdugos y a los que la defienden se les coloca de parte de las víctimas. No hace falta esforzarse demasiado para estar, ahora y siempre, junto a las víctimas y sus familiares que en más de treinta años han sufrido el azote cruel del terrorismo criminal de ETA.
Este apoyo político y moral a las víctimas puede ser compatible con las reservas que a muchos, y no sólo a los nacionalistas vascos y a cuantos obispos se quiera, nos plantea una ley que es absolutamente legítima pero que, de ninguna manera, es un dogma de fe. Me parece muy bien que se quiera apartar, a los que tanto tienen que ver con los etarras, de las instituciones democráticas y que el dinero de todos no sirva para apoyar y financiar al terrorismo, pero eso de que el que no está conmigo en todo está contra mí, no tiene ni un fisco de democrático.
Hace falta más racionalidad y menos visceralidad, principalmente porque la una lleva a abrir caminos de esperanza y la otra lleva al abismo del enfrentamiento civil. Y, sinceramente, creo que el mensaje de la pastoral está más cerca de la racionalidad y las actitudes públicas del señor Aznar y del PP, que de otra opción.
He criticado muchas veces a la Iglesia y sobre todo lo he hecho por su falta de definición en muchos temas que exigían un claro posicionamiento, ahora que lo hace, que toma partido y que habla claro, no seré yo quien le reproche. Hay que leerse la pastoral antes de criticarla. Hemos sido manipulados por unos y por otros, ni siquiera pensamos, actuamos con opiniones de partidos. El escrito condena rotundamente y sin ambigüedades al terrorismo y aboga por el aislamiento total de ETA. Lo único que ponen en duda es la eficacia de la dichosa ley. Se hacen eco del sentir de una buena parte de sus feligreses que tampoco ven en ella una salida al conflicto, una vía con expectativas reales de paz. Y está llena de reflexiones entrañables, nada dudosas, de las que sitúan a la Iglesia en ese papel social que nunca debió perder. En esa Iglesia comprometida sí creo.
Desde estas páginas he contestado a cada atentado terrorista sin paliativos, sin contemplaciones y desde el dolor. Me parece bien que se ilegalice a Batusuna, pero ni una letra del escrito episcopal es dudosa. Tengo las ideas claras y quisiera que todos las tuvieran, aunque opinen todo lo contrario de lo que yo manifiesto. Entiendo que después de tantos años de violento aburrimiento, de violento hastío... hay que dejarse de dogmas, de teorías, de complejos y ser generosos: hablar de paz. Paz verdadera, que no consiste en la victoria, sino en el acuerdo. Feliz domingo.
ALEJANDRO DE BERNARDO