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EL SILENCIO NO ES RENTABLE HONORIS CAUSA

Los obispos vascos


9/jun/02 21:00 PM
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HAY ALGO QUE TIENE CADA VEZ mayor importancia en el mundo actual y es tener puntos de referencia, es decir, unas guías que sirvan de aviso a unos navegantes inmersos en una vida acelerada. El estilo de vida que llevamos muchos españoles de hoy es precipitado y multiocupado. No obstante, hay cosas como las que forman parte del patrimonio cultural o religioso que permanecen ahí y que ayudan a reflexionar cuando se dispone de un minuto adecuado para ello. Hemos de aclarar que nosotros somos muy cuidadosos al hacer comentarios acerca de las instituciones, en este caso religiosa, y procuraremos hacerlo con el máximo respeto.

Pero lo que ha ocurrido los últimos días ha sido tan grave que ha motivado un revuelo de dimensiones gigantescas; todo ha sido a raíz de una pastoral firmada por los tres obispos vascos. En los últimos días han sido muchas las opiniones vertidas en torno a tan poco afortunada circular y a sus no menos inoportunos ideólogos.

El motivo de tal pastoral ha sido la próxima declaración de ilegalidad del partido Batasuna. Los obispos de las tres provincias vascas muestran en ella su preocupación en su escrito por la convivencia de nacionalistas y no nacionalistas, pero vierten comentarios sobre las consecuencias "sombrías" que podría tener declarar ilegales a los abertzales en el colectivo de personas amenazadas por ETA.

Que los representantes de la Iglesia se manifiesten en pro de la buena convivencia y en defensa de los débiles es algo lógico. Pero que muestren semejante debilidad a la hora de condenar moralmente a un grupo de asesinos y, en lugar de ello, traten de convencer a sus feligreses de que lo mejor es no obrar así con los terroristas y sus simpatizantes. Es una muestra tal de cobardía e inmoralidad que no se comprende cómo la Conferencia Episcopal no salió de inmediato al paso de tales desafueros de sus díscolos componentes. Tampoco se entiende que no se haya producido todavía una sentencia tajante al respecto por parte de los máximos representantes eclesiales en España, con las únicas excepciones del cardenal de Madrid y de los obispos de Córdoba y castrense.

Los obispos, como jerarcas de sus diócesis, deben servir de orientación a sus fieles desde el punto de vista religioso y moral. Incluso deben mantener una actitud exquisitamente respetuosa para los no creyentes. Pero estos prelados vascos se han contagiado de algún virus. Uno de esos virus que impele al silencio y al encubrimiento de los crímenes sin nombre que desde hace años vienen protagonizando el grupo de terroristas de aquella región y quienes les ayudan, por activa o por pasiva. Estos obispos vascos han hecho reflexionar a muchos españoles, pero no en el sentido que debieran, sino, por el contrario, respecto de cuál es el trasfondo de esa malhadada pastoral con una piel de cordero - la de su supuesta preocupación por el bienestar de los feligreses - que oculta el negro miedo que transmite - el de casi una amenaza sobre lo que puede ocurrir si se ilegaliza a Batasuna - .

Toda España, la que cree y la que no cree, está indignada con una parte de la Iglesia española. Con los unos, por protagonizar semejante ejemplo de perversión moral, que han propagado en forma de escrito pastoral, y los otros, por no actuar con la debida prontitud y diligencia para neutralizar ese imperdonable desliz. La Conferencia Episcopal ha cometido, además, otro error al hacer público un comunicado en el que aclaraba que los únicos responsables del desaguisado político-pastoral son exclusivamente sus firmantes. Es un lavarse las manos como Pilatos, sin arreglar el problema. Los representantes de la Iglesia Católica en España deben a todos los españoles, católicos o no, una rectificación acerca de todo lo sucedido esta última semana. Más aún, debe realizar un profundo análisis de conciencia, en lo que se les supone auténticos maestros, acerca de cuáles son las competencias de sus componentes, particularmente de sus más altos responsables respecto de los asuntos políticos. Igualmente estamos a la espera de la respuesta del Vaticano a todo esto.

Es evidente que desde el punto de vista particular cualquier persona puede tener su opinión acerca de lo que le rodea, incluyendo política y políticos. Pero desde el punto de vista institucional, las cosas cambian porque las opiniones dejan de ser privadas para convertirse en públicas y oficiales. En el caso de la Iglesia los efectos son aún más trascendentes porque todo comunicado oficial tiene indefectiblemente consecuencias doctrinales.

Así pues, es intolerable que los prelados vascos estén tratando de contagiar su miedo o su partidismo en pro de los batasunos y de su rama militar, mientras una parte de la Conferencia Episcopal Española se lava las manos y mira a otra parte. Se impone una actuación coherente y valiente por su parte. Eso por no hablar de lo que deberían hacer con los sediciosos obispos vascos. De lo contrario, nadie les perdonará su silencio y su pasividad, y también ellos serán calificados de inmorales.

EL SILENCIO NO ES RENTABLE HONORIS CAUSA