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BUENOS DÍAS FLORILÁN

Operación de desecho


9/jun/02 21:00 PM
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ESTOS DÍAS he dedicado gran parte del tiempo a hacer limpieza en la casa. No esa limpieza normal de la fregona, que tampoco se me caerían los anillos, sino esa otra limpieza con mayúscula que consiste en reunir y tirar a la basura de los contenedores todo eso que uno va comprando a lo largo del tiempo sin necesidad alguna y que después se convierte en trastos no sólo inútiles, sino molestos. Yo soy un comprador compulsivo y todo lo que veo y me gusta, lo compro; cuando eso no debe ser así, cuando no se debería adquirir sino lo necesario, o más concretamente lo imprescindible. Pero, por lo visto, el afán, el deseo angustioso, de llevarse a casa mercancías, pagándolas naturalmente, no es mío sólo, sino de la mayoría de la gente. No he visto experiencia mayor en este sentido que la que se da en las "grandes superficies". Esos carros enormes llenos hasta la bandera de las más diversas mercancías, nos dan la impresión de una humanidad que cree que la guerra atómica está cercana y que hay que esconderse durante meses en el búnker. Hay quienes se llevan inclusive los carritos, que luego vemos en determinados barrios haciendo servicios domésticos. Y anoto un detalle: que los que menos dinero tienen son los que más compran. Yo creo que con esa limpieza que hice en mi casa, dejé ésta con el doble de capacidad de la que ha tenido hasta ahora, tal ha sido el cúmulo de objetos reunidos. Pero debo decir que si el comprar en su momento tales cosas fue para mí un placer, el tirarlas ahora ha sido una satisfacción aún mayor. A medida que las iba seleccionando para el contenedor, me acordaba perfectamente de dónde las había visto y dónde las había comprado. Quién fue el hombre o la mujer que me las vendieron, tras hacerme la loa de las mismas. "Esta fue en Tahití y esta otra en Hawai", me decía. "Y esta camisa de plátano me la vendió una mujer tagala de Filipinas". En esta operación de desecho o derribo fui pasando revista a muchos de los viajes, porque ya se sabe que cuando uno está de visita en otro país es cuando más compra. Se lo quiere traer todo para presumir con los amigos y luego se guarda en la habitación de los despojos o se deja botado por los pasillos sin que nadie más pueda verlos.
Todo en la vida tiene su compensación y nunca lo que se compra, es inútil. Luego nos hace revivir parte de nuestra vida en algún momento. Fui inmensamente feliz al comprar y ahora lo he sido de nuevo al mandar tales objetos al contenedor de la basura.
BUENOS DÍAS FLORILÁN