Criterios
LA MIRADA PERPLEJA RODRIGO FIDEL RODRÍGUEZ BORGES

Las lecturas son para el verano


28/jun/02 21:02 PM
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EL OFICIO DE ESCRIBIR es una actividad digna de admiración, sobre todo a los ojos de los que andamos ayunos de talento literario. En 1969, Vargas Llosa publicó su celebérrima novela Conversación en La Catedral. Tenía apenas 33 años y todavía no se habían inventado los procesadores informáticos de texto, ni mucho menos los ordenadores portátiles, hoy casi imprescindibles para cualquiera que se dedique a escribir. Apenas 33 años y a mano: ése es el listón que señala la genialidad y por debajo de ese nivel se sitúa la mayoría de las novelas que cada año se publican. Pero que en el mercado editorial proliferen los libros de vida efímera no debe hacernos perder de vista que una obra literaria perdurable no está al alcance de cualquiera, porque no existe receta ni programa informático que remedie la falta de talento. Oí al filósofo José Antonio Marina el siguiente chiste: un grupo de informáticos se reúne para diseñar un programa de ordenador capaz de crear novelas de calidad. Para ello se entrevistan con un escritor famoso, al que preguntan por los ingredientes esenciales de un relato de éxito: "Debe incluir referencias a la religión, desarrollarse en un ambiente aristocrático y contener escenas de sexo y ciertas dosis de intriga", les responde. De vuelta al laboratorio, los científicos introducen esas instrucciones en un ordenador gigante y, al cabo de varios minutos, el aparato vomita esta eximia y exigua obra literaria: "¡Oh, Dios mío! - exclamó la condesa - estoy embarazada. ¿Quién será el padre?".

A los que carecemos de genio literario, no nos queda más que ejercer de lectores. Al decir de los expertos, dos libros por semana es la dieta mínima para alguien que se tiene por bibliófilo. Son ciento y pocos al año. No parecen muchos, si no fuera porque también hay que trabajar, dormir, amar, hacer la compra y algo de deporte, frecuentar la playa, parlotear con la familia y los amigos, ir al cine, ver la tele (sí, sí, la tele) y dos docenas de cosas más que se me ocurren. Por fortuna llegó el verano, esos días en que pretendemos leer todo lo que hemos ido posponiendo durante el año. Yo ya tengo hecha mi selección para las vacaciones que comienzo mañana, aunque sé que acabaré por abdicar de mi propósito para entregarme al dolce far niente. Si a usted le suele pasar lo mismo, despreocúpese, haga lo que le pida el cuerpo, dése un homenaje y libérese de las exigencias de un ego excesivamente punitivo (ego: ese pequeño argentino que todos llevamos dentro, según la broma exagerada que circula en Chile). Felices vacaciones.
LA MIRADA PERPLEJA RODRIGO FIDEL RODRÍGUEZ BORGES