Criterios
LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

Cuidar el Parque Nacional del Teide


31/oct/02 21:11 PM
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EL GOBIERNO AUTÓNOMO acaba de aprobar el Plan de Uso y Gestión del Parque Nacional del Teide. Me figuro que será un nuevo plan o una modificación, porque tengo entendido que ya ese espacio natural protegido contaría con un plan de conservación. Y no cabe duda de que cuantas más normas se dicten para poner el Teide a salvo de la horda destructora que, como Hacienda, somos todos, mejor para el patrimonio natural de esta Isla, ya bastante deteriorado.

Don Pedro Quevedo, el portavoz del Ejecutivo, dijo, en la rueda de Prensa post Consejo, que nuestro Parque recibe, al año, unos cuatro millones de visitantes. No creí que fueran tantos. Ciertamente, no se divulgan mucho estas cifras porque pueden afectar al monumental negocio turístico montado en torno al Pico más alto de España. Pero me parece que el dato es poco tranquilizador. Bien por el Gobierno, por no esperar un día más en dictar normas que, me imagino, terminarán con algunos desmanes, además de regular el simple uso del suelo, de los senderos, de las vías y del territorio, que ya significa un desgaste evidente porque las pisadas de ocho millones de pieses o ñames, que dicen en el campo, más los de los guías turísticos y los del montón de gente local, incluidos los salidos, que van arriba para ver el muslamen de las turistas cuando se suben a las piedras, deja el suelo y las lavas perdidos.

El Plan lo ha redactado la Comisión Mixta de Gestión de Parques Nacionales y eso da confianza, porque si dejamos solo al señor consejero de Medio Ambiente, posiblemente entendido en Informática o en otra materia ajena a los montes, sembraría muchas dudas. El Plan, dicen, incluye "una zonificación del Parque, en función de la cual se establece el régimen general de usos y la normativa de aplicación, así como diferentes programas de actuación referidos a la protección de los valores del paisaje, líneas de investigación e información". Bien construida parrafada que sirve para adornar y rellenar, pero que no aclara nada. El portavoz, en la misma línea que tampoco aclara mucho, dijo que "teniendo en cuenta su mayor o menos grado de protección, se establecen cuatro demarcaciones. La primera, denominada zona de reserva, a la que sólo se podrá acceder con fines científicos y de gestión; otra de uso restringido, con acceso público peatonal; otra de uso moderado, destinada a fines educativos, y otra de uso especial para los administradores". El que haya entendido algo concreto, que levante el dedo. Un servidor no lo levanta. Pero Don Pedro Quevedo, envalentonado por su incontenible elocuencia, se larga, como remate, esta frase que ni Castelar en sus mejores tiempos, oiga: "Una de las principales cualidades de este parque es que sea el que mejor representa las características de un espacio natural especial vinculado al vulcanismo de la alta montaña".

En resumen, no sabemos dónde tenemos que pisar en Las Cañadas, si quedan prohibidos o no los destructores "4x4", si las gigantescas guaguas seguirán cargándose las vías teideanas y poniendo en peligro muchas vidas y si se puede hacer pis detrás de una retama. pero valió la pena escuchar la brillante pieza oratoria del señor Quevedo.

LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA