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CARTAS AL DIRECTOR


El único canario que viajó en el "Titanic"
28/dic/02 21:17 PM
Edición impresa

Cuando estas breves líneas sean publicadas en EL DÍA , ya habré contactado con el responsable de la exposición itinerante del "Titanic" que está ubicada en la Recova Vieja, frente a la plaza Isla de la Madera, para que cese en su búsqueda. En este periódico, con fecha 25, se publicaba la noticia de que estaban tratando de localizar a familiares de Encarnación Reynolds, superviviente en el naufragio del "Titanic", que viajaba como "institutriz de la familia Rheims" y que fue rescatada en el bote nº 6, el mismo en que viajaba la famosa Molly Brown. Es cierto que en el bote nº 6 viajaba la ya entonces famosa Mrs. James Joseph Brown (de soltera Margaret Tobin y, por arte de Hollywood, en los años 30 convertida en "la insumergible Molly Brown"), pero en la relación de personas rescatadas por el "Carpathia" no figuraba la ahora buscada Encarnación Reynolds. Tampoco figura ningún componente de la familia Rheims. Sin embargo, en el bote nº 9 sí que aparece Encarnación Reynolds, de profesión doméstica (no institutriz) y que viajaba por su cuenta desde Southampton, con el billete nº 230434, por el que pagó 13 libras esterlinas, con destino a Nueva York, donde iba a ver a su hermana Mrs. Requena, cuya dirección era 239 East 101th Street, New York. No se tiene constancia de un posterior destino a Sudamérica, aunque pudiera ser cierto. El único superviviente de la familia Rheims es precisamente George Alexander Lucien Rheims, que viajaba con su cuñado, esposo de su hermana, Joseph Loring. George Alexander fue rescatado en uno de los botes desplegables, el "A", mientras que su cuñado figura en la lista de desaparecidos ya que su cadáver nunca fue recuperado o identificado. Es más, en una carta escrita a su esposa el 19 de abril de 1912 cuenta detalles minuciosos de lo sucedido, con quién estaba, etc. y no cita absolutamente nada de una institutriz o doméstica que le acompañase. Además, era costumbre viajar con institutriz cuando había niños, y G.A. Rheims viajaba únicamente con su cuñado. Finalmente, es preciso decir que sí hubo un canario que viajó en el "Titanic" y vivió después del naufragio. Es una pequeña pero interesante historia: el Sr. Meanwell, residente en Francia quería tener un pájaro canario, y enterado de que en Inglaterra se podían conseguir, encargó al jefe de compras del "Titanic", Herbert McElroy, que le trajese uno. El Sr. McElroy, de acuerdo con los testimonios, tuvo el placer de traer el pájaro en su oficina del "Titanic" y al llegar a Cherbourg lo entregó al Sr. Meanwell. El pajarito sobrevivió, pero el Sr. McElroy falleció en el naufragio, cinco días después de haberlo entregado.Espero que con esta breve historia quede aclarado el misterio, que, por otra parte, ya lo tienen con todo lujo de detalle en cualquiera de las múltiples páginas de internet dedicadas a este tema. No hubo una "canaria" en el "Titanic". Era un "canario", y fino, como correspondía a tal barco.
L

Francisco José Dávila Dorta
(De la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife)

La caseta de los vigilantes de coches

Pienso que muchos de nosotros, alguna vez, hemos hecho una visita al Hospital Universitario. Ya sea por nuestra propia necesidad, para acompañar a algún familiar a la consulta, a visitar a algún enfermo, o simplemente por la obligación de ir a trabajar allí. El cual está ubicado en La Laguna, Ciudad de Los Adelantados, por aquello del conquistador de la misma.

Tal vez mi humilde escrito no tenga para muchos la menor importancia, pero como Dios dice: la grandeza de las cosas está en las pequeñas y buenas obras. Pues dio la casualidad que yo estaba en una pequeña huerta, recogiendo naranjas, cuando de pronto me cayó agua de lluvia sobre mi cabeza. Y no sé por qué me vino a la mente el recuerdo de aquellas personas que hacía pocas semanas había visto tras hacer una visita al mencionado Hospital. De ahí y entre la inquietud que yo siento por la escritura, sin pensarlo dos veces tomé papel y lápiz y he aquí mi opinión subjetiva hecha denuncia. La cual me gustaría que fuese comprendida y por consiguiente compartida por las autoridades del lugar. Que tratándose de un espacio público, para uso de todos, aunque creo que privado a su vez, debe ser competencia del departamento de Urbanismo, que no de Obras Públicas. Al mismo tiempo, me gustaría invitar a esas personas, aunque sólo sea por vivirlo de cerca, in situ, los cuales antes de las siete de la mañana y hasta más de las diez de la noche se hacen turno a su manera para cubrir el horario de vigilancia en los aparcamientos. Compartiendo las inclemencias del tiempo, particularmente durante los meses invernales de frío y lluvia. Donde desempeñan su duro trabajo, creo que el servicio de vigilar los coches para sobrevivir y de manera ingeniosa y voluntaria tiene su mérito por sí mismo.L

Carmen Suárez

¿Por qué se fabricó tanto en Canarias?

Desde hace doce años se han fabricado (en el Sur de Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura) más de cien nuevos complejos turísticos cuya construcción se hizo con obreros y empresas no canarios y cuyo funcionamiento ha exigido, y atraído la inmigración foránea.

La pregunta obvia es: ¿para qué diablos se dieron esas licencias? ¿Qué nos han dado esos nuevos complejos turísticos, aparte de hundir los precios de contratación de las empresas preexistentes? ¿Quiénes son los responsables, por acción o silencio? ¿Se libra algún político? ¿Por qué se sigue aún hoy titubeando y no se prohíbe radicalmente cualquier nueva promoción turística alojativa en las Islas antedichas? L

C. Alonso