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Hoy no quiero hablar de política


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28/ene/03 21:20 PM
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.- Parece mentira que la muerte de Maurice Gibb, uno de los tres componentes del mítico conjunto The Bee Gees, haya pasado desapercibida para la gente joven y para la generalidad de este mundo descreído y estúpido. Suelo asimilar las desgracias que me tocan algún tiempo después de ocurridas, en frío, cuando la sangre recupera su curso y el cuerpo el pulso y la temperatura habituales. En uno de los pocos días de sosiego laboral que he tenido el fin de semana pasado, me encerré en el despacho y metí en el reproductor de CD todo lo que tenía del único grupo en el mundo que fue capaz de colocar cinco singles suyos, de manera simultánea, en el famoso USA Top 0, el no va más de la clasificación mundial del disco. Me quedo frío cuando pienso que Maurice Gibb tenía, más o menos, mi edad; murió hace un par de semanas en un hospital de Miami, a causa de una estúpida oclusión intestinal.

2.- A medida que sonaban aquellas canciones fui echando para atrás el alma y rememorando mil cosas de mi vida: mi padre que ya no está, el nacimiento de mis hijas, el encuentro con las personas que uno quiere, la despedida de los seres queridos - ¡cuánto echo de menos a Francisco Hernández, Pichote, el mejor amigo que nunca tuve! - , el encuentro con otros nuevos que, menos mal, aún están aquí para despedirme un día a mí. Aquella música parecía mágica porque me llevó en vuelo a los setenta, a las calles sin tráfico, a los años de esperanza, a las ansias de libertad sin ira que se consumaron poco a poco con la caída de la dictadura, a los primeros momentos de la ejemplar transición, a los iniciales pasos en esta profesión de locos.

3.- Murió Maurice Gibb; se había retirado de la música. Su fiebre de un sábado noche terminó en una oscura sala de hospital, qué ironía. Hace poco sonaba su "How can you mend broken heart" en una película muy tierna, "Notting Hill", film en el que la artista famosa se enamora del librero desprendido, como en las historias de los setenta. Veo a Barry y a Robin; están desolados, por fuera de la sala mortuoria, mientras las lágrimas comienzan a brotar, lentamente, en todo el mundo, aturdidos los fans, que hoy son abuelos, por la pérdida irreparable de tan genial músico universal. ¡Cómo iba a hablar hoy de política, si un día del fin de semana me encerré en el despacho a escuchar a los Bee Gees, a recordar sus triunfos, a pasar revista a mi vida a partir de todo lo que ellos compusieron, tocaron y cantaron con estilo inconfundible y entusiasmo fantástico! Nunca volverá a ser igual, pero quedan sonando por el mundo un montón de melodías nacidas a partir de 966 y que han crecido durante casi 40 años que siguieron al primer parto de los geniales dueños del "Stayinálive", caballeros de sombrero, guitarra y pelo largo. No, no quiero hablar de política, quiero hablar de recuerdos, aunque sean tristes (que no tienen por qué), de un tiempo pasado que, indudablemente, siempre fue mejor, sencillamente porque éramos mucho más jóvenes para disfrutarlo. Maurice está con los ángeles, cantándoles algo de Massachussets, seguro; porque los ángeles no tienen fiebre ni vuelan sobre las oscuras camas de hospital los sábados/noche.