Criterios

Razones y opiniones


29/abr/03 21:29 PM
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NO TODAS las libres opiniones, ni las de altas autoridades, valen. Dícese que Juan Pablo II acaba de emitir una encíclica eucarística que elimina a quienes meses atrás acogía en su palacio. Prescindiendo de opiniones, me limito a exponer las siguientes razones: la "Ecclesia de Eucharistía" del Jueves Santo (abril de 2003) no podría ser del Papa por su notoria incapacidad de hablar y escribir; de donde se sigue la falta de sinceridad con el ignorante pueblo, y revierte en descrédito para el pueblo inteligente. Más grave sería incurrir en tropiezos culturales que conducen a una engañosa Fe. O se excluye del don de la Eucaristía ?ofrecido por Jesús a todo piadoso "cristiano"? a quienes poco antes fueron recibidos en el Vaticano por el representante de Cristo (según se dice), para intervenir en asuntos políticos. ¿Así programamos viajes so pretexto de buscar ecumenismo, y negamos el sacramento eucarístico al cristiano que lo desea? Cierto que puedo equivocarme, pero al menos aspiro a justificar mis opiniones "razonadamente".

De los 62 amplios párrafos de los VI capítulos de tal encíclica, en el capítulo I se dice de la Eucaristía que el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor "se hace sacramentalmente presente" en la hostia consagrada; y líneas más abajo se insiste en que es "el memorial de la muerte y resurrección del Señor, realmente presente". En ello advierto ¡razonadamente! cierta confusión de términos; de cuya precisión ha de derivarse la "verdad" del misterio eucarístico; dado que el sacramento es un "signo" alusivo a un determinado concepto; pero no es el concepto en sí propio ¡realmente! La palabra griega eú-xaris significa "nueva o buena-gracia"; como también eúxaristía puede aludir a un "don", aunque mejor remite a "acción de gracias".

Jesús solía hablar sirviéndose de alegorías: o para evitar que la realidad de su misión y condición divina fuese profanada; o para que la alegoría empleada resultase más atractiva y más fácil de recordar la realidad del misterio. Si por ejemplo decía a sus discípulos: "Yo soy la vid y vosotros mis sarmientos, y quien permanece en mí y Yo en él, llevará fruto abundante" (Jn 15,5), fácil era entender que, estando unidos a Él, participaban de su espíritu y su don divino. También en referencia a otras místicas, o reales alusiones, aducía: "Yo soy la luz del mundo" (Jn 8,12), "Yo soy la puerta" (Jn 10,9); y a las turbas les advertía: "Yo soy el pan de vida" (Jn 6,35).

Después, al repartir el pan a los discípulos les añadía la más bella alegoría que en el mundo ha existido: "Comed este pan, que es (signo de) mi cuerpo y bebed este vino que es (signo de) mi sangre". Porque al entender el signo (sacramento) se recordaba y se aceptaba el supremo don ("eucaristía") de incorporarse a la sangre redentora de Jesús. Un don sobrenatural, ya que no se trataba de la realidad física de comer y beber realmente, sino de adherirse al don que ello evocaba. Para los judíos la "sangre" era la vida del "cuerpo", y por eso citaba Jesús ambas palabras, comparándolas con el "pan" y el "vino": básico sustento de vida. Por eso, al recibir la hostia (signo del "cuerpo" de Cristo) nos remitimos al "misterio" salvífico que tal signo (sacramento) representa, concentrándose el alma en su unión con Cristo.

Mas ¿cómo pueden concentrarse quienes en precedentes instantes están creando un revuelo de saludos, manitas, y hasta besitos a unos y otros; y después marcharse ?también charlando? apenas asumida la hostia? ¿Dónde queda la fe y la unión interior que conduce al diálogo con Jesucristo? ¿Salen de ello cuerpo y alma "revividos"? ¿Puédese adquirir tal intimidad en medio de fiestas y multitudes? Por otra parte: ¿Con qué derecho se le negaría al Señor su deseo de vivir en todas las almas? y ¿quién podría oponerse a la voluntad de Cristo?...