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El espejo regional


4/may/03 21:29 PM
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LAS ISLAS están nuevamente bloqueadas por una huelga del sindicato portuario, y al más puro estilo del oeste americano, unos cuantos privilegiados tienen asediado un pueblo por un puñado de euros.

Es incomprensible que a estas alturas el Gobierno de Canarias, a través de su consejero de Turismo y Transportes, Juan Carlos Becerra, no abra la boca, y siga con sus vacaciones de Semana Santa en las Islas del limbo, donde está abonado perennemente.

No valen las excusas de que se trata de un problema del Ministerio de Transportes, y por ello se evada nuestra Blancanieves durmiente, pues sus concretas competencias en transporte exigen que defienda al canario ante tremenda injusticia.

El problema es casi imposible de solucionar sin diálogo, pues la Unión Europea ha decidido liberalizar el servicio portuario en todos los países y, por lo tanto, han decidido tirar por la calle de en medio y asumir el coste de la prevista reacción de los poderosos portuarios.

Éstos, basándose en unos privilegios que don Francisco Franco, y su régimen, les concedió para evitar los conflictos portuarios, quieren seguir cobrando sueldos astronómicos con reservas de puesto de trabajo y obligación de contratación, que podríamos tildar de vergonzante el simple hecho de que estén defendidos por unos sindicatos llamados a sí mismos democráticos.

Supongo que Uds. sabrán que cualquier barco que llegue a un puerto canario tiene la obligación de pagar las tarifas que quieren los portuarios, en las que incluyen descaradamente las pérdidas de su propia mala gestión, que además tiene que pagar el número de personas que ellos quieren, y si tardan tres horas en descargar un barco hay que pagarles como mínimo seis, que es lo llamado "una mano portuaria".

¡Tranquilos, no hagan cola para pedir un puesto de trabajo, la cola de hijos, sobrinos, amigos y recomendados da la vuelta al recinto ferial!

Para mas Inri, no se les puede exigir una calidad mínima en su trabajo, y mucho menos contratar menos mano de obra.

De discutir los precios ni hablamos.

Y no seamos simplistas al pensar que la reducción de precios de portuarios sólo enriquecería más a armadores, consignatarios o empresas. Al fin y a la postre, si una mercancía importada a través del puerto cuesta 5 euros, esos cinco euros los paga el que compra la citada mercancía.

Y, ¿quién es ese sujeto? El ama de casa, la familia y el consumidor. Como comprenderán, nadie da duros a cuatro pesetas (en euros no suena tan bien).

Esta posición numantina la basan en que colapsando los puertos, colapsan la actividad general de cualquier país, y mucho más en nuestras Islas, donde no tenemos más posibilidades de importar alimentos y mercancías que por el puerto, y donde nos vemos abocados a la falta de suministros a los pocos días de cualquier huelga.

Los portuarios no van a ceder sin que el Ministerio les haga una gracia, o les garantice compensaciones, y el consejero de Transportes no va a salir a la palestra porque tiene unas elecciones que ganar para poder apoyar a su amiguito Román Rodríguez, y el que se mueve no saldrá en la foto del día 25 de mayo.

Canarias no se merece esta miseria.

Ni la miseria política de la dejadez de su consejero de Transportes.

Ni la miseria de los portuarios por su posición intransigente en beneficio de un par de centenas de trabajadores en contra de casi dos millones de canarios.

Ni la miseria de un Ministerio que "asume" la responsabilidad política dándole una patada en el trasero de los canarios, que es donde menos les duele.

Cierto que el problema no es sólo canario, pues, como argumentamos, se da en el resto de España y en el resto de Europa, pero ya tendremos tiempo de mirar la paja ajena cuando nos quitemos la nuestra.

Como colofón a este disparate, los transportistas de Las Palmas también se declaran en huelga, y no se pierdan el motivo, "porque tardan mucho en cargar los contenedores en el Puerto de La Luz".

Y poco nos importaría eso si no fuera porque los servicios mínimos pactados por los sindicatos, los empresarios y la Autoridad Portuaria no se pueden cumplir en esa Isla, cuando enviamos mercancías desde Tenerife, porque estos manipuladores profesionales no cargan ni un contenedor con alimentos, o alimentos perecederos.

Tampoco tenemos competencias en el Gobierno Autónomo.

Y, con todos los respetos, ¿aprobamos una Constitución con un Estado autonómico para que la administración se acercara a los problemas del pueblo, distanciado históricamente con Madrid, o para que al fin haya más distancia entre la autonomía con el pueblo que con la citada capital del Reino?

Luego hablamos de conspiraciones judeo-masónicas.